Edo. de Nuevo León, abril de 2004 JUVENTUD Y FAMILIA
MISIONERA: Gracias, Señor, por enviar obreros a tu mies. Después
de dar gracias a Dios por la oportunidad que nos
brinda de conocer a personas entregadas a Él como ustedes,
quiero agradecerles su tiempo, paciencia, esmero, ejemplo, humildad, y sobre
todo el gran amor que comparten con nosotros a través
de la palabra de Dios y del trato que recibimos
por parte de ustedes. Son tantas cosas que recibimos de
ustedes que me quedo corta en las palabras para explicar
la esperanza, la fe y el amor, que nos dejan
con sus visitas a nuestras comunidades. Quizás me esté tomando
la libertad de hablar por todas las comunidades en las
cuales estuvieron realizando su misión en esta semana santa, pero
sé que cada comunidad en lo individual se los agradece.
Hace 6 años aproximadamente que Dios nos regaló la oportunidad
de conocer a la congregación a la cual pertenecen y
la verdad, al igual que muchas personas, yo estoy enamorada
de la forma en que ustedes nos enseñan el Evangelio
y de recordarnos a Jesús, a la Santísima Virgen María,
san José, a los apóstoles y a todos los personajes
conocidos por su participación en los relatos dentro de la
Biblia. En estos días de recogimiento, en los que las
tentaciones son muchas y es muy fácil olvidar el verdadero
significado de la Semana Santa, llegan ustedes con su tiempo,
paciencia y esfuerzo a recordarnos el significado olvidado durante todo
el año de Dios, de Jesús, de por qué Jesús
dio la vida por nosotros. No puedo concebir por qué
las cosas mundanas nos consumen día a día y las
cosas de Dios las olvidamos tan fácilmente. Para mí, cada
uno de ustedes son los ángeles que Dios nos envía
año tras año en estas fechas para que, en esta
época del año no lo olvidemos ni lo dejemos solo,
aunque para muchos solo pase la semana y se olvide,
ya sea por el trabajo, la casa, la escuela, la
familia, etc. Sé que a otros, me incluyo aquí y
no en la lista de los despistados, no se nos
olvidará y el año entrante estaremos con la esperanza de
volverlos a ver, de volver a recordar la pasión de
Cristo con ustedes, de volver a recibirlos con el corazón
lleno de alegría por la esperanza de recibir la palabra
de Dios, para llenarnos de Él y así poder sobrellevar
la vida de una manera mas placentera ofreciendo a Dios
nuestras penas y alegrías, nuestros problemas y nuestros éxitos y
todo lo que vivamos en nuestra vida, pues, como ustedes
nos lo recuerdan, con el abandono y la confianza puesta
en Dios. Ustedes nos dejan muchas enseñanzas, no sólo las
personas adultas sino también los niños, los adolescentes, los hombres
y las mujeres, las familias y los jóvenes, así como
los sacerdotes que los acompañan. Cada uno de manera individual
y en grupo nos aportan algo de lo que Jesús
nos quiere recordar y, como bien dice el dicho, los
actos dicen más que mil palabras, porque es fácil que
las palabras se las lleve el viento, pero, el trato
que recibimos de parte de ustedes jamás se borrará de
nuestras mentes. Ese abrazo lleno de cariño que recibimos, la
expresión de sus rostros cuando nos ven llegar es algo
tan bonito que no hay palabras para explicarlo. Esto no
se borra, se queda grabado en el corazón de quienes
lo recibimos. Quiero decirles que su misión en mí, al
igual que en muchas personas, se ha cumplido y prometo
en lo personal no defraudar lo que con tanta bondad
me regalan año con año. Ruego a Dios para que
las personas a las que aún no les ha caído
el 20, no tengan que pasar por una situación desagradable,
para que comprendan y valoren el esfuerzo y empeño que
ustedes, tan gentilmente, han puesto en nosotros. Porque al conocerlos
y recordarlos, aunque uno pase por una situación desagradable, como
que empiezas a aceptar la voluntad de Dios y a
encontrar en ella el verdadero significado de nuestra vida y
la misión que a cada uno de nosotros se nos
ha encomendado de parte de Él. Y, así, poder decirle
a Jesús que valió la pena el aceptar la voluntad
del Padre, su sufrimiento por nosotros, su muerte en cruz
por nuestros pecados y, aunque no podamos ser totalmente perfectos,
intentar imitarlo, ser como Él "mansos mas no mensos". Bueno,
nuevamente les reitero las gracias por compartir con nosotros su
fe. Con el favor de Dios los esperamos el año
entrante. DIOS BENDIGA A LA FAMILIA MISIONERA Y A LOS
SACERDOTES A T E N T A M E N
T E