Cursillo de Colaboradoras 2018

Del 14 de julio al 11 de agosto se llevó a cabo el cursillo de colaboradoras en el centro de retiros, Santa María del Lago, en Chapala, Jalisco. Participaron 50 niñas de México, Colombia, El Salvador, Costa Rica y Alemania.

Las consagradas que participaron fueron: Rocío Riosvelasco, Carolina Dorantes, Beatriz Sosa, Ángela Restrepo, Paulina Tena, Cristina Vásquez, Priscila Maciel, Key López y Deby Castro, quienes impartieron clases, dieron atención a las jóvenes, organizaron con ellas sus proyectos y realizaron campañas.

El capellán fue el P. Mauricio Flores, L.C., quién acompañó todo el tiempo apoyando con misas, homilías, confesiones y predicándoles el retiro.

La dinámica del cursillo cambió un poco este año en cuanto a su metodología, ahora se buscó trabajar a través de proyectos para que el contenido fuera aplicable y significativo para las participantes. Se manejaron temas por semanas: autoconocimiento (se les aplicó la prueba Inermtrix como una herramienta para conocerse y aplicar las cualidad de cada una), clases sobre bases de antropología y verdades de fe, temas sobre el amor y sexualidad, etc.

Las campañas se hicieron con las líneas de comunicación del programa de colaboradores en forma de “campaña presidencial” de manera que estos mensajes llegaran de manera transversal a lo largo del cursillo.

Algunas de las actividades fueron: el talent show, ventana abierta con las consagradas y el padre, la visita de colaboradoras  del ECYD, “colabs awards” , la visita de familiares, una noche mexicana y la cena de gala conclusiva; todos las  actividades organizadas por las mismas colaboradoras.

Se les dio destino a 46 colaboradoras en México, academias, Brasil, Argentina, Colombia y El Salvador.

A continuación presentamos el testimonio de una de las participantes:

“Irte un mes fuera de tu casa junto con otras 50 niñas de distintas partes del mundo, locas de amor por Cristo al igual que tú, puede sonar bastante extraño. Mucho más, pensando que es en verano y que lo único que quieres es descansar en vez de pararte temprano cada día, hacer aseos y rezar.

Sí, así es como lo ve el mundo. Sin embargo, va mucho más allá. Es un mes en el que Dios va preparando poco a poco tu corazón para algo mucho más grande: un año dedicado al amor, un año para Él. Sin duda alguna, ésta ha sido de las mejores experiencias de mi vida. No digo que no haya sido difícil; más valió completamente la pena.

Pude conocerme más, al mismo tiempo que conocía a otras y sobre todo a Jesús. Pude tener un momento mucho más profundo de oración a medida que fui aprendiendo cómo rezar y meditar. Pude abrir mis horizontes al empujarme a conocer a desconocidas que, al final, se convirtieron en mis hermanas. Pude aprender sobre el ser humano y mi fe. Y pude probar un cachito de lo que es ser plenamente feliz, un verdadero cielo en la Tierra.

El conocerme, me ha ayudado a reconocer mis límites; pero también, aportar mis cualidades en el apostolado y al trabajar con la gente que me rodea, incluso, con mi propia comunidad. El mantener una vida de oración contínua y constante, fue la base para este año no perder lo esencial. El obtener nuevos conocimientos, me ha ayudado a aplicarlo al momento de dar diálogo y pequeñas pláticas.

En pocas palabras, fue un verano en el que viví un mini-curso intensivo de lo que va a ser este año. Fue aquella escuela que me preparó para lo que viene y el trampolín que me empujó mucho más cerca de Jesús y María.

Fue un mes vivido en familia. Aquel, que sin duda, nunca voy a olvidar”, Tania Rodríguez, colaboradora del Regnum Christi en Guadalajara y del ECYD.