Jesús camina vida

Domingo 12 de agosto de 2018 – El camino de la vida.

H. Jorge Alberto Leaños García, L.C.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, te doy gracias por la especial protección que me has dado en este día. Alcánzame la gracia de ser siempre fiel a tu amistad y haz que este momento se convierta en un verdadero encuentro, un encuentro que me anime a hacer lo que debo hacer, andar hacia donde Tú me llamas y, así, logre cumplir tu voluntad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 41-51
En aquel tiempo, los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”, y decían: “No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?”.

Jesús les respondió: “No murmuren. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ése sí ha visto al Padre.
Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el siglo primero los recorridos que la gente hacía podían durar días e incluso semanas, de forma que debían unirse diversas personas para cuidarse unos a otros. Caminaban a un mismo ritmo, a una misma dirección, a una misma meta. Al compartir el tiempo y el pan, surgía una relación. Al sentirse acompañados no se ocultaban ni desaparecían las dificultades, pero rompiendo con los obstáculos que alejan, como la autosuficiencia, y buscando la unidad, sabían que siempre contaban con un amigo a su lado.
Nosotros vamos por el camino de la vida y no podemos ir solos. Necesitamos compañía. Por eso Dios ha querido recorrer este camino a nuestro lado. Se trata de un Dios que permanece junto a nosotros y que da el impulso para levantarnos cada día. Así, el Padre se ha preocupado por darnos el alimento que da las fuerzas para seguir adelante. Se trata del Pan que da la vida.
Esta compañía, que Dios da gratuitamente, sólo pide que nos dejemos acompañar cada vez que vamos a la Eucaristía y escuchamos interiormente sin la ayuda de palabras. Es en el sagrario donde podemos ver, sin hacer uso de nuestros ojos, podemos sentirnos acompañados al estar delante de un pedazo de pan que sin manos, da palmadas de consuelo, y sin pies, camina siempre a nuestro lado.
Cristo se ve necesitado de nosotros en la medida que nosotros le necesitemos. Por eso optó por darse como alimento que da las fuerzas. El camino es largo y Él lo sabe.  Nos comprende y también nos sabe exigir para que seamos más conscientes de lo mucho que valemos. La compañía que Cristo ofrece desde el sagrario implica un encuentro constante y, por pura gracia, se va haciendo profunda y personal.
Pero debemos permanecer a su lado.

«El Señor sale a nuestro encuentro con una fragilidad amorosa que es la Eucaristía. En el Pan de vida, el Señor nos visita haciéndose alimento humilde que sana con amor nuestra memoria, enferma de frenesí. Porque la Eucaristía es el memorial del amor de Dios. Ahí “se celebra el memorial de su pasión”, del amor de Dios por nosotros, que es nuestra fuerza, el apoyo para nuestro caminar. Por eso, nos hace tanto bien el memorial eucarístico: no es una memoria abstracta, fría o conceptual, sino la memoria viva y consoladora del amor de Dios. Memoria anamnética y mimética. En la Eucaristía está todo el sabor de las palabras y de los gestos de Jesús, el gusto de su Pascua, la fragancia de su Espíritu. Recibiéndola, se imprime en nuestro corazón la certeza de ser amados por él.»
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de junio de 2017).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy me tomaré un pequeño rato para ser acompañado por Jesús en el sagrario.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.