El Espíritu Santo es el gran Intercesor, el Paráclito (Jn 14,15-21)

Evangelio: Jn 14,15-21
Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes. No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él.

Fruto: Concretizar mi amor a Cristo en los detalles de mi vida ordinaria

Pautas para la reflexión:
“Obras son amores…”, “el amor es…”, se escribe tanto sobre él, se tiende a distorcionarlo, se sobredimensiona, se manipula. En el nombre del amor se cometen atrocidades, injusticias, infidelidades. Pero Cristo nos da la pauta: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”.

1. ¿Amas o no amas?
La mayor desilusión que se produce en el ser humano es el descubrir la traición de los seres queridos. Que una persona desconocida nos ofenda, nos hace pasar un momento desagradable, sin duda; pero que un ser querido nos traicione… Amar significa donarse, el amor no es un sentimiento etéreo, no es sano siquiera reducir el amor a un mero sentimiento, a una sensación. Porque el sentimiento y las sensaciones son pasajeras, y el amor es eterno. Y es precisamente en este aspecto donde se dan los mayores resquebrajamientos en el amor, porque sentimos mucho pero difícilmente amamos en verdad. Si amo a mi esposa(o), lo demostraré con hechos, con obras, con sentimientos también pero no exclusivamente. Si amo a mis hijos, lo demostraré con hechos, con obras que les ayuden a superarse humanamente y les facilite su felicidad eterna que es conocer y seguir a Cristo, y así, podríamos ir aplicando concretamente “el amor real”. Cristo nos lo dice claramente: Si me aman, cumplirán mis mandamientos.

2. Cumplir los mandamientos
¿Y cuáles son estos mandamientos? Los mandamientos de la Ley de Dios (que son 10, ¿los recordamos?), los mandamientos de la Iglesia (que son 5). Y todos se resumen en el amor a Dios y al prójimo. Cada mandamiento tiene una aplicación concreta, concretísima, del amor. Las personas detectan de inmediato quién da testimonio de vida cristiana y quién no. Quien habla mucho del amor, quien pasa muchas horas en la iglesia, pero que también pasa el tiempo en chismes y críticas… ¿qué amor a Dios demuestran así? ¿Realmente cumplo los mandamientos? ¿Realmente amo a Dios con un amor real y no de mera emoción? Amor = cumplir los mandamientos.

3. El Paráclito (Intercesor)
Pero no estamos solos, contamos con la fuerza del Espíritu Santo para amar en profundidad. Quien se excuse diciendo que no cumple los mandamientos porque es débil, porque es demasiado lo que se pide, es porque no ha hecho la experiencia de la amistad con el Espíritu Santo, el Intercesor, el Paráclito. Quien dice que no puede ser fiel a su matrimonio porque es débil, quien se excusa en el alcohol argumentando su debilidad, no conoce la amistad con el Espíritu Santo. Él da sus dones a quien se esfuerza y se los pide. El auténtico problema es no conocer a Dios, no reconocer el poder de su gracia, no aceptar la fuerza que otorgan los sacramentos, preferir todo tipo de teorías y de ideologías por encima del poder de Dios. Ese es el gran problema de nuestros días. Pero ahí tenemos al Intercesor, Él nos espera, Él aguarda, Él nos invita nuevamente a recibirlo y a vivir de su mano los mandamientos para demostrar nuestro amor a Dios. Él es amor.

Propósito: Reconocer que Dios tiene poder para ayudarme a salir adelante en mi vida, y buscarlo en la oración y en los sacramentos de la Iglesia.