Las migajas que caen de la mesa (Mt 15,21-28)

Evangelio: Mt 15,21-28
Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: “¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada”. Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: “Despídela, que viene gritando detrás de nosotros”. Respondió él: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”. Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”. “Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”. Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Fruto: Revisar en mi vida cuáles son los ídolos que impiden una vivencia transparente del Evangelio en mi día a día.

Pautas para la reflexión:
Cristo nos da una lección de apertura cultural del Evangelio, de inculturación mostrando el modo de llegar a los corazones de quienes viven ajenos al cristianismo.

1. Él no respondió palabra
Quizá malamente acostumbrados a ver lo negativo de las personas para criticar, hay quienes hurgan este pasaje del Evangelio para fundamentar la intolerancia del cristianismo, como queriendo basar sus razonamientos diciendo que Cristo no aceptaba culturas diversas a la suya; pero no es así. Más bien es una lección de cómo llevar el Evangelio a las personas ajenas a la cultura del país. Nuestro Señor fue llevando de la mano la fe de la mujer para que demostrara su confianza en él. El no responderle en un determinado momento llevó a la cananea a mostrar la grandeza de quien sabe ser humilde: se mostró confiada en el poder de Dios: «¡Ten piedad de mí!».

2. Despídela, que viene gritando
Los discípulos veían en ella un elemento negativo, no le veían remedio pues era diferente, no creía en lo mismo que ellos. Los cananeos tenían sus dioses y eran capaces de sacrificar sus alimentos para depositarlos como ofrendas en sus templos aunque se quedaran sin comer. Por eso Jesús le llama la atención: no eches el pan de tus hijos a los perros. Esto es muy actual. La sociedad “moderna” nos presenta hoy muchos ídolos ante los cuales somos capaces de sacrificar nuestra fe: todo lo que lleva a una cultura de la muerte. Qué fáciles somos para dejarnos permear por los antivalores, los dejamos entrar sin preocupación alguna; quizá para algunos sea motivo de desesperación: ¡No tiene remedio, despídela, dale un adiós agradable, ha perdido su fe! Pero Cristo nos invita a buscar modos más eficaces para que renazca en ellos su fe.

3. Mujer, grande es tu fe
Es tiempo de revisar nuestro corazón y ver qué aspectos vivenciales son contrarios al Evangelio, qué formas de pensar son contrarias a los valores humanos perennes del cristianismo. Es hora de demostrar al mundo la grandeza de nuestra fe, que nuestros valores están por encima de quienes quieren destruirlos y no dejaremos que nos permeen con ideologías destructoras. Démosle a Dios la satisfacción de que somos capaces de vivir el Evangelio sin glosa, alimentándonos con mayor frecuencia de los sacramentos, especialmente de la confesión y de la Eucaristía.

Propósito: Cortar con todo aquello que me aleje de una amistad sincera con Dios. Para ello, me ayudará repasar los 10 mandamientos, especialmente el amor a Dios y al prójimo.