agradecer

Lunes 13 de agosto de 2018 – Dios premia el esfuerzo, no simplemente hace milagros.

H. Alexis Montiel, L.C.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Permíteme acercarme a Ti, Señor, no pensando en un Dios lejano, sino en un Padre en el que me puedo abandonar con la confianza de un niño.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 17, 22-27
En aquel tiempo, se hallaba Jesús con sus discípulos en Galilea y les dijo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar”. Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza.
Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del impuesto para el templo y le dijeron: “¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?” Él les respondió: “Si lo paga”.
Al entrar Pedro en la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?” Pedro le respondió: “A los extraños”. Entonces Jesús le dijo: “Por lo tanto, los hijos están exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti”.
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El mundo de hoy busca las soluciones a todas las cosas de un modo simple, sin problemas, como queriendo que todo nos caiga del cielo. Cierto es que se exige justicia en cada momento, no nos conformamos con las cosas mínimas a las que todo el mundo tiende, buscamos realmente lo mejor para nosotros mismos. Y si en nuestro corazón hay un deseo de vivir un cierto tipo de justicia, ¿por qué parece que Tú, Señor mío, no vez lo que nos es de provecho?
La verdad está en que me he formado una idea errónea de justicia, y como yo, la mayoría de las personas. El pecado ha provocado que el egoísmo y la ambición crezcan en nosotros, que lo que busquemos sea el dinero fácil, el poder aprovecharnos de los demás, sin que nadie lo haga con nosotros; incluso te metemos a Ti en nuestros líos, te queremos hacer deudor de las creaturas ingratas que creaste, que antes de agradecer, te seguimos pidiendo y pidiendo, y nos encaprichamos si no nos das las cosas. Sin embargo, no nos damos cuenta que nos das el anzuelo, el arado, el libro, la máquina de escribir… pero claro, en vez de agradecer, pedimos el dinero; en lugar de buscar ayudar a los demás, de construir una sociedad mejor, pedimos el beneficio personal solamente.
Señor, enséñame a ser generoso, a saber qué he de pedir, a pedir con humildad y confianza, y a agradecer, una vez que te he pedido, aquello que me has dado para crecer en el amor a Ti y a los demás.

«Pedir el pan cotidiano es decir también: “Padre, ayúdame a llevar una vida más sencilla”. La vida se ha vuelto muy complicada. Diría que hoy para muchos está como “drogada”: se corre de la mañana a la tarde, entre miles de llamadas y mensajes, incapaces de detenernos ante los rostros, inmersos en una complejidad que nos hace frágiles y en una velocidad que fomenta la ansiedad. Se requiere una elección de vida sobria, libre de lastres superfluos. Una elección contracorriente. […]Elijamos la sencillez, la sencillez del pan para volver a encontrar la valentía del silencio y de la oración, fermentos de una vida verdaderamente humana. Elijamos a las personas antes que a las cosas, para que surjan relaciones personales, no virtuales.»
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2018).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En un momento del día, preferiblemente en una visita a la iglesia, saber agradecer a Dios por cuanto me da con un padre nuestro y una oración espontánea.

Despedida  

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.