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«Dios colme a usted de bendiciones…»
MÉXICO | ACTUALIDAD | NOTICIAS
La benedicencia de Mons. Rafael Guízar y Valencia quedó grabada en su tumba, como resumen de su vida entregada a Cristo.

Tumba de Mons. Rafael Guízar y Valencia, en la catedral de Xalapa.
En la catedral de Xalapa se encuentra la tumba de san Rafael Guízar y Valencia.

Xalapa, Veracruz, 24 de julio de 2006. Un miembro del Regnum Christi publicó en la página informativa «Concilio» del seminario de la arquidiócesis de Xalapa un artículo sobre la caridad de Mons. Rafael Guízar y Valencia. La plana informativa ha sido publicada también en uno de los periódicos locales de mayor difusión en la capital de estado de Veracruz.

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Por: Juan Carlos Arceo

Monseñor Rafael Guízar y Valencia fue un sacerdote y obispo ejemplar. Le tocó vivir un tiempo ajetreado por la revolución y el anticlericalismo presente en el Estado de Veracruz de esos años.

Lo que más le gustaba era transmitir el tesoro de la fe a los demás. Quienes lo conocieron testimoniaron que el santo obispo gozaba cuando hablaba de Cristo a los demás. También ejerció radicalmente la caridad cristiana hacia los más necesitados. Innumerables anécdotas están escritas en los libros y documentos que le valieron el reconocimiento canónico de sus virtudes heroicas y actualmente de su santidad de vida.

Sin embargo, hay una nota característica en la vida de este santo misionero que quisiera resaltar y que se relaciona directamente con la caridad cristiana: la calidad humana de quien sabe hablar y desear siempre el bien a los demás. Una virtud que le fue inculcada desde el seno familiar y que practicó durante toda su vida, haciéndola propia, como si fuera una segunda naturaleza.

En la familia de los Guízar no se hablaba mal de nadie, por convicción. No se criticaba, no eran "maledicentes", ni mucho menos pensar en la difamación. Más bien, se empeñaban en resaltar las cualidades y aspectos positivos que todas las personas tienen, y sabían disculpar cristianamente los errores de los demás.

No por mera coincidencia ha quedado grabada la benedicencia de Mons. Guízar en su tumba y cualquiera que vaya a la catedral de Xalapa lo puede constatar: «Dios colme a usted de bendiciones y lo llene de su santo amor». Toda su correspondencia terminaba con estas palabras que eran el resumen de una vida entregada a Cristo por la causa del Evangelio, de algo que vivía de corazón, por convicción y sin fingimiento.

Sería injusto reducir la caridad cristiana sólo a la mera ayuda material –que es muy recomendable y hay que fomentar–, cuando también abarca el hablar y el pensar. Y esta es una de las virtudes que Mons. Guízar también nos deja como ejemplo a seguir: hablar, pensar y desear siempre el bien a los demás, saber perdonar los errores que todos tenemos como seres humanos, fijándonos mejor en nuestras cualidades y sabiendo encauzar nuestras diferencias para construir de manera más positiva nuestro entorno social.

Esto no quiere decir que ignoremos los errores objetivos, pero sí que se afronten de un modo más cristiano, dejando en manos de quienes pueden y deben la solución requerida. ¡Qué diferente serían estas fechas si tuviéramos como programa de vida, y como preparación para los festejos que vendrán con motivo de la canonización, el que comencemos a imitar la virtud de la benedicencia! ¿Ilusión? No… más bien, un reto para formar la voluntad con valores sólidos y con un sentido más cristiano.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2006-07-25


 

 


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