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| Foto de una Familia Misionera: Los hijos experimentan desde pequeños la belleza y fecundidad de la propia donación en beneficio de la causa de la evangelización. | |
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Presentamos el testimonio de la Sra. Pati Gout, directora del
apostolado de la Virgen Peregrina de la Familia en
la Ciudad de México, sobre su experiencia en familia durante
las misiones de la Semana Santa.
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“ES CRISTO QUE PASA”…
Es la frase que un santo escogió para titular un
libro, y a mí me parece el resumen más perfecto
de esta primera experiencia familiar en la Megamisión...
Es Cristo que
pasa “antes”, en la invitación a seguirle para “ir y
predicar”. Algo que se mueve por dentro impulsando a dejar
todo a un lado y acudir a esa cita, porque
todas las voces del mundo se apagan ante la Voz
de Dios.
Es Cristo que pasa en el trabajo de los
organizadores y sus muchos desvelos; esfuerzo inmenso que obtiene del
cielo un milagro: Cincuenta mil almas de todas las edades
que salen a encender en cada rincón de mi tierra
el fuego del Amor...
Es Cristo que pasa en el Tepeyac,
en la misa de envío: Un mar de camisetas misioneras
que pintan de blanco el santuario, y la alegría sincera
que une a miles de desconocidos en una sola canción.
Guadalupe que espera cada año a sus hijos para enviarles
por los caminos con su maternal bendición…
Es Cristo que pasa
en cada una de las familias del grupo... Cristo grande,
mediano, y pequeño. Cristo con tenis sucios y ojeras que
crecen cada día en igual proporción que la sonrisa y
el corazón. Amigos nuevos y viejos, unidos todos por un
ideal de servicio y caridad. Cristo vivo en nuestros queridos
sacerdotes que se entregan al límite de sus fuerzas, y
presente en el párroco local con el trabajo que lo
rebasa tanto y la soledad de su misión…
Es Cristo que
pasa en cada una de las personas que tratamos: en
doña Luisa que habla con la sabiduría de lo pequeño
que Dios elige para confundir a lo grande. En doña
Esther que sabe más de gallos que de catecismo, y
sin embargo, defiende su fe con verdadera pasión. En don
Pedro, postrado en su camastro de tablas, iluminando, con su
sonrisa, su miseria, y recordándonos a Jesús crucificado que desde
el madero más que nunca nos amó. En Fabián y
su mirada joven y limpia que hace esperar para México
un futuro mejor… Cristo sencillo en las almas de los
niños “misioneros y misionados” que se hacen amigos de modo
tan pronto y natural. Cristo compasivo en nuestros médicos que
curan el cuerpo, pero más aún el alma, porque hacen
saber a la gente que importa, y que importa de
verdad…
Es Cristo que pasa en la misa del fuego nuevo,
mezcladas ya por completo las camisetas misioneras con las de
los demás. Cristo alegre en las risas y las porras,
y en la comida del último día, tan llena de
chile y de amor… Cristo joven en las nuevas Águilas Guadalupanas que hacen su juramento. Cristo providente en la
Virgen Peregrina de la Familia que deja como guardiana y
protectora de la semilla que sembró…
Es Cristo que pasa en
lo mucho que cuesta la despedida para volver a casa
porque inevitablemente se deja atrás un pedazo del corazón. En
el abrazo apretado y las lágrimas sinceras al decir adiós…
Es
Cristo que pasa en la misa de clausura el domingo
de Resurrección: otra vez las miles de voces unidas en
la gratitud profunda por haber sido invitados a servir. Las
camisetas ya no tan blancas, con el Cristo misionero en
la espalda y Guadalupe en el pecho, como dice el
Padre Hernán, y, en medio de los dos, el fuego
que llena el corazón.
La Megamisión… Momento precioso que tan pronto
llegó y se fue… Impresiones del alma que se quedarán
para siempre grabadas hasta que se terminen las palabras y,
a ese Cristo que pasa, llegue la hora de decirle:
“Me voy contigo Señor”…
Pati Gout
México D.F., abril de 2007