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| “El curso permitió que nos adentráramos en las claves para saber rebatir los envites de agnósticos y ateos que pudiéramos encontrarnos en el día a día.” | |
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Salamanca (España), 20 de septiembre de 2007.- Presentamos a continuación el
testimonio de Abraham Domínguez Belloso, miembro del Regnum Christi
que participó en el reciente cursillo: “Cristo: la Gran Verdad
o una simple mentira”, el cual se llevó a cabo
en las instalaciones del centro vocacional de Ontaneda el verano
pasado. Una nota característica del cursillo fue la posibilidad de
realizar diversas visitas culturales a algunos de los lugares que
marcaron los inicios de la Legión de Cristo en
España.
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Atravesamos el puerto del “Escudo” en mitad de la
niebla. El rezo del Rosario nos acompañaba en el último
tramo de carretera por el valle hasta llegar a Ontaneda,
meta de nuestro trayecto. El verdor de lo prados del
río Pas contrastaba con el amarillento árido de Castilla. En
cuestión de unos minutos, deleitándonos con el paisaje, llegamos a
nuestro destino. Todo indicaba, en un sentimiento personal, que iba
a ser una estancia maravillosa y fructífera.
El motivo de este
viaje era un cursillo de fin de semana, que llevábamos
tiempo queriendo realizar: “Cristo: la Gran Verdad o una simple
mentira”. Pero también había otros motivos. En Ontaneda coincidimos varios
miembros del Regnum Christi de toda España, y era una
oportunidad única para cambiar impresiones y forjar una amistad. La
caridad y hospitalidad con que nos recibieron los padres, candidatos
y chicos del centro vocacional, grabaron en mi retina, poco
acostumbrada a este trato en la sociedad actual, la imagen
viva de que Dios existe y se manifiesta entre nosotros
a cada paso.
El curso, lejos de ser un mero ejemplo
de una clase de teología, permitió que nos adentráramos en
las claves para saber rebatir los envites de agnósticos y
ateos que pudiéramos encontrarnos en el día a día. Sorprendió
la puesta en escena de los legionarios: P. Javier Oseguera
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| Foto de grupo en Comillas (Santander), acompañados por el P. Javier Oceguera, L.C. | |
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L.C y P. Arturo Díaz L.C, sus locuciones rápidas y
veraces, su capacidad de retórica y sus testimonios personales cargados
de emotividad.
Pero no todo fue curso, también hubo tiempo para
el deporte, para los paseos al aire libre y para
la peregrinación del sábado a Covadonga. Allí retomamos nuestro “Compromiso
de Reconquista”, a través del bautizo en las aguas de
la fuente de La Santina, al igual que hiciese Don
Pelayo. Frente a la fuente, todos juntos, como “soldados de
Dios”, rezamos el Rosario a la Santísima Virgen de Covadonga.
Después
comimos en un merendero de carretera, frente a una de
las innumerables playas del norte. Con los prismáticos del P.
Arturo miré el horizonte unos instantes. Un arroyo que bajaba
de las montañas moría en el mar. Sobre él, y
casi al final del trayecto, cruzaba un puente. Lo miré
detenidamente y mientras los demás comían, me hice la siguiente
reflexión: pensé que en esta vida, a unos les toca
ser río, pasar sin dejar huella y no conservar nunca
la misma agua. Y que a otros nos toca ser
puente, y permanecer incólumes y férreos ante el paso constante
del río, que siempre es el mismo pero con distinta
agua.
El resto de la tarde la dedicamos a visitar Cóbreces
y Comillas. El domingo era, para todos los miembros de
las diferentes secciones del Regnum Christi de España, un día
grande. Grande por ser domingo, día de nuestro Señor, pero
también grande porque era el día del debate. Separados por
grupos y por supuestas tendencias ateas, agnósticas y creyentes, pero
unidos en un mismo sentimiento, defendimos los postulados asignados a
cada uno.
Evidentemente, aunque todos pensemos igual, la experiencia resultó muy
aleccionadora y ayudó conscientemente a que cada uno de los
bandos acercara posturas hacia la fe. Y una vez más
las palabras Cristo, Dios e Iglesia, resonaron fuerte dentro de
nosotros, para desembocar en un apostolado firme y verdadero al
servicio de un mismo ideal.