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| María José, la primera de izquierda a derecha, con otras chicas colaboradoras del ECYD. | |
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Presentamos a continuación el testimonio de una chica del ECYD de Colombia que pasó dos meses en México como
colaboradora del ECYD.
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Hola, soy María José Cuartas, tengo 14
años, soy de Medellín y les voy a contar mi
experiencia como colaboradora del ECYD en la sección de México
Norte (Cd. Satélite).
Éramos 23 colaboradoras de todo el mundo, de
Francia, España, El Salvador, Venezuela, Estados Unidos, México y Colombia
y todas tenían una actitud muy positiva que creaba un
ambiente de caridad, propio del ECYD.
En los 2 meses tuvimos
muchas actividades apostólicas, paseos, deportes, etc. Esto me ayudó mucho
porque cada actividad me enseñó algo diferente. Por ejemplo, en
los apostolados fuimos a uno de los CRIT del Teletón para estar con los niños, a ver las terapias,
a hablar con sus familias. Me ayudó ver la actitud
de los papás porque estaban tratando de superar las dificultades,
luchando… y eso me hizo reflexionar y hacer un esfuerzo
cuando estaba muy cansada, cuando no quería hacer algo, en
todo momento…
Los paseos eran tiempo de convivencia, para integrarnos entre
nosotras, para conocernos mejor y para descansar, pero por más
que estuviéramos de paseo, nunca se dejaba de ver en
qué podíamos ayudar. Esto me hizo pensar que yo sí
podía darlo todo y entregarme al cien por cien.
Cuando fui
a misiones aprendí a valorar todo lo que tengo, desde
mi casa, hasta mis papás, mi colegio, todo, y a
querer más a mi familia. Porque las personas que visité
durante las misiones vivían en casitas muy pobres, tenían menos
posibilidades que yo, menos cosas y lo más sorprendente: aún
así eran felices espiritualmente.
Me tocó ir también a un campamento
a Cuernavaca dónde yo fui la responsable de un grupo
de niños. Eso me hizo valorar lo que las responsables
y las consagradas del Regnum Christi hacen por mí
y el trabajo que conlleva cada cosa.
Pero lo que más
me ayudó en todo mi verano fueron los momentos de
oración, las meditaciones, las misas, las horas eucarísticas, porque pude
estar unida a Jesús. Un día tuvimos un rosario solemne
y sentí a María ahí conmigo, dándome fuerzas para vivir
bien los dos meses de colaboradora. Ahora lo veo todo
de otro modo. Dios está conmigo en todas partes: cuando
recibo la Eucaristía o cuando hago mis tareas, en todo
momento; y lo aprendí a ver como un amigo, pero
no un amigo lejano sino como un amigo muy cercano.
Pienso
que lo único que hice fue vivir mi verano entregándome
al cien por cien y viviendo de la mano de
Cristo. Creo que este fue el mejor verano de mi
vida. Este verano me hizo cambiar mi forma de pensar
y de vivir.