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| El P. Juan José Arrieta, L.C. dirige unas palabras a los fieles el día de su toma de posesión como párroco de la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Roma. | |
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Roma, 11 de noviembre de 2007. El pasado 20
de octubre tuvo lugar un cambio de párroco en la
iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de
Roma. El P. Fidel Quiroz, L.C., quien llevó adelante esta
misión desde 1994, dedicará ahora su tiempo completamente a las
labores docentes en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. El
nuevo párroco es el P. Juan José Arrieta, L.C.
Mons. Benedetto
Tuzia, obispo auxiliar de Roma, presidió la concelebración eucarística en
donde el padre Arrieta asumió esta nueva misión. Asistieron también
el P. Jacobo Muñoz, L.C., director territorial de Italia; varios
sacerdotes legionarios de Cristo y otros párrocos de la
vicaría a la que pertenece la parroquia.
Al inicio de la
celebración, el P. Francisco de Juan, L.C., dio lectura a
la carta del Card. Camilo Ruini, vicario del Papa para
la diócesis de Roma, en la que nombraba al nuevo
párroco. En su homilía, Mons. Tuzia comentó: «Este es un
momento en que la comunidad recibe un don: un pastor.
Dirijo ante todo mi agradecimiento al P. Fidel, ya que
en este momento tiene lugar la entrega del pendón, y
este es entregado al P. Juan […] otro deseo nuestro
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| De derecha a izquierda: P. Fidel Quiroz, anterior párroco; Mons. Benedetto Tuzia, obispo auxiliar de Roma y el nuevo párroco. | |
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es que esta parroquia sea casa de oración. Para la
fe no bastan los planes pastorales, hace falta el contacto
con el Señor. La oración es el deseo de Dios.
Es la respiración de nuestro corazón, de la que no
siempre somos conscientes, aun cuando la estamos realizando. También ustedes,
queridos fieles, deben decir al nuevo párroco: “P. Juan, ¡enséñanos
a orar!”. Porque es verdad que debemos tener manos laboriosas;
pero deben ser, sobre todo, manos que se alzan al
Padre. De nuevo un “gracias” de corazón, P. Fidel».
Más tarde,
después de la homilía, el P. Arrieta renovó ante Su
Excelencia las promesas de servir al pueblo de Dios y
de procurar su bien espiritual. A este acto siguió la
bendición de los fieles con agua bendita por parte del
nuevo párroco.
Antes de la bendición final, uno de los fieles
leyó la carta de agradecimiento que la parroquia escribió al
P. Fidel. Entre otras cosas, le decían: «Su misión en
la parroquia ha sido un servicio de amor a Cristo
y a los hermanos, desarrollado siempre con paciencia, con discreción,
con sensibilidad. Nosotros, con el pasar del tiempo, hemos aprendido
a conocer su ánimo, a comprender el sentido de su
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| El P. Arrieta y el P. Fidel partiendo el pastel. En la cubierta se leía «Benvenuto, P. Giovanni!» (“¡Bienvenido, P. Juan!”). | |
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disciplina y fidelidad a la propia vocación. Sobre todo, hemos
aprendido a ser cristianos más coherentes y a amar más
a Cristo. Esto es ciertamente el mejor resultado de su
presencia en medio de nosotros […] Su amor a Cristo
era tan evidente que hacía surgir el deseo de Él
en el corazón más insensible. Verlo rezar en el silencio
de la iglesia ha sido verdaderamente una lección de espiritualidad.
Era imposible no apreciar su valor como estudioso y pastor
de almas. Era imposible no quererlo con corazón sincero y
filial».
A continuación el P. Arrieta dirigió unas palabras de saludo
y gratitud a los fieles. Por último, Mons. Tuzia pidió
un aplauso para el P. Hugh Ryan, L.C., en reconocimiento
a su labor constante y callada como vicario parroquial.
Después de
la misa, se tuvo una cena donde estuvieron presentes, entre
otros, Mons. Brian Farrell, L.C., secretario del Pontificio Consejo
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y
Mons. Luigi de Magistris, Pro-Penitenciario Mayor emérito de la Penitenciaría Apostólica.