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Una Semana Santa diferente
| APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Gabriel Dávila de Aguascalientes (México) nos narra su experiencia en las Megamisiones 2001, en donde él, junto con 80,000 misioneros más en la República Mexicana, evangelizaron a numerosas poblaciones durante la pasada Semana Santa.

¿Qué
Megamisión 2001
Megamisión 2001
hiciste en Semana Santa? Me preguntan mis amigos y conocidos. Ellos se fueron a la playa, campamento o se quedaron a disfrutar del club deportivo y en las noches a las discos o festivales taurinos. ¿Pero realmente eso es lo que significa la Semana Santa? No; realmente no significa eso. Déjenme que les cuente cómo pasé una semana completa haciendo misiones.

Cuando llegué a mi bella ciudad de Aguascalientes, me encontré que ya había comenzado la feria y todos mis amigos me hablaban por teléfono para invitarme a salir con ellos y preguntarme dónde anduve en Semana Santa. Les dije que me había ido de Megamisiones a Veracruz, a predicar la palabra de Dios y llevarles una esperanza a las personas que viven en aquellos pueblos. Estuve en una comunidad preciosa y sus habitantes eran unas personas increíbles.
Les platiqué que no fue tan fácil y significó un gran sacrificio para mí. Pero que fue una experiencia increíble donde me tocó estar con muchos jóvenes de varias partes de México, República del Salvador y de Estados Unidos; donde encontré unos compañeros y amigos estupendos. Todos son unos tipazos y me traje algo de ellos conmigo, su alegría, compañerismo, sinceridad, humildad, compromiso, responsabilidad y amistad.

En un principio batallamos para integrarnos, pues no nos conocíamos y todos éramos diferentes, algunos eran tímidos, otros extrovertidos, algunos fresas, etc. Pero aprendimos a convivir y complementarnos como equipo de misioneros, donde nuestras debilidades se convirtieron en fortalezas y todos sabíamos que íbamos con la misma misión.

Entonces mis amigos me empezaron a decir que era un mocho y hermano de la caridad... Sólo pocos me felicitaron y me comentaron que les hubiera gustado ir a vivir una experiencia así. Les platiqué de la experiencia de ir a visitar las casas de las personas que viven en una comunidad, platicar con ellos y dejar que Dios se valga de ti como un medio para hacerles llegar su palabra y su invitación a reconciliarse con Él por medio de sus sacramentos. Dar catecismo a los niños, dar pláticas sobre valores y moralidad a los jóvenes y a los adultos sobre la paternidad, educación de los hijos, el compromiso ante Dios por el buen ejemplo con sus hijos.

También me tocó ir a visitar a los presos, llevarles una esperanza, hacerlos sentir que no están solos. Jugamos con ellos fútbol, les hicimos una obra de teatro y rezamos con ellos. Fue algo que me ayudó a valorar la libertad y darle gracias a Dios que tengo todas mis facultades físicas, que no soy prisionero de una enfermedad o de una prisión.

Puedo platicarles horas de mis aventuras en las misiones, pero no lo leerían y no tendría caso que lo hiciera. Sólo les dejo que reflexionen un rato con los siguientes párrafos:

"Dios nos quiso tanto que murió por nosotros y se entregó por mí. Y yo no soy capaz de darle mi tiempo y renunciar a las cosas terrenas".

Sólo hay algo seguro en la vida: vamos a morir algún día. Pobre de mí si llego al Juicio Final con las manos vacías... Jesús me va a preguntar qué hice por mi prójimo, mis padres, mis amigos, mi juventud, los ancianos, los niños de la calle... Después me preguntará qué hice por propagar su palabra y sus enseñanzas... Me preguntará si soy digno de estar con Él... Cuando me necesitó... Me aparté...

Después de las Megamisiones soy consciente que tengo que comportarme como hijo de Dios, tener en cuenta que "El ejemplo arrastra". No te digo que voy a renunciar a todo, soy un ser humano igual que tú y trataré de pensarlo dos veces antes de hacer cualquier cosa y pedirle ayuda a Dios para poder discernir entre lo bueno y lo malo. Saber si es bueno para mí y mi salvación.


Gabriel Dávila de la Torre
Aguascalientes, México


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2001-05-29


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