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Me tocó muy pronto, a mis ocho años de sacerdote
MÉXICO | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Testimonio del P. Humberto Ramos, de la arquidiócesis de Monterrey y párroco de San José del Barrial, en Santiago (N.L.).

El P. Humberto Ramos López en Tierra Santa, a su izquierda está el P. Mario González, L.C.
El P. Humberto Ramos López en Tierra Santa, a su izquierda está el P. Mario González, L.C.

Cada año, el Centro Sacerdotal Logos organiza una renovación sacerdotal en Tierra Santa donde participan sacerdotes diocesanos de diversas partes del mundo. La Sede del encuentro es el Instituto Pontificio Notre Dame de Jerusalén.

Uno de los participantes del curso tenido en el año 2007 fue el P. Humberto Ramos López, de la parroquia de San José del Barrial, de la arquidiócesis de Monterrey, Nuevo León (México). Presentamos a continuación una carta con su testimonio sobre el curso.

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Estimado Mauricio,

Te saludo con el corazón en la mano y mi mente invadida de recuerdos llenos de santidad y plenitud de gozo en el Señor por el curso de renovación sacerdotal vivido el año pasado y para el cual tú has sido el instrumento de Dios para que lo haya podido vivir. Con mucho gusto te hago llegar el sencillo testimonio de mi experiencia para que lo compartas con más hermanos.

Todo comenzó en mayo del año pasado cuando asistí a presidir la Eucaristía dominical en una de nuestras capillas, la de la Virgen de Guadalupe en “El Ranchito”. Al terminar dicha celebración, como de costumbre, despedí a los fieles y fue cuando me pediste hablar un poco al terminar. Acepté y al hablar me hiciste la invitación a un retiro. Yo me imaginé que sería a algo de cursillos, o de Renovación Carismática, o algo por el estilo. Y para mi mayor sorpresa no fue así. Al decirme que el retiro sería en Tierra Santa me sobresalté, no lo podía creer. Yo había considerado el ir a la tierra del Señor como algo muy fuera de mi alcance y que todavía faltaba mucho tiempo para merecerme algo como eso. Yo escuchaba de sacerdotes que iban y me parecía un sueño. Pues bien, ese sueño comenzaba a hacerse realidad. Estuve como zombi hasta el miércoles, en que mi párroco me preguntó qué me pasaba y se lo dije. Como él tiene más tiempo que yo, pues, suponía que el que tenía que ir era él, pero el Señor me favoreció y me sentía muy halagado. Me apoyó y me dijo que le pidiera permiso al Arzobispo. Así lo hice y sin ningún problema todo comenzaba a materializarse. Comenzó el apoyo y los consejos de mis hermanos hasta que caí en la cuenta de que me tocaría vivir allá mi cumpleaños. Lo vi como un regalo de cumpleaños de Dios para mí, entendí el plan del Señor a través de tantas personas y acontecimientos.

Por fin se llegó al momento de estar allá. Dios me acompañó durante todo el viaje. Sentí su presencia, su protección y desbordaba de alegría.

Fui el único sacerdote de Monterrey en ese retiro y tuve la oportunidad de moverme, meditar, recorrer y conocer los lugares santos del Señor. Al principio se me hacía mucho tiempo, pero al final me faltó. A decir verdad no quería regresarme…

Anduve recorriendo el centro de la Antigua Jerusalén buscando el Santo Sepulcro sin éxito. Hasta que un día, el P. Óscar Turrión, L.C. me llevó. ¡Que experiencia tan imponente estar en ese lugar! El padre, con lujo de detalle, me fue explicando y dando clase de historia de ese lugar. Hicimos fila para entrar al Santo Sepulcro y le pedí al padre que mientras avanzábamos me fuera escuchando en confesión. Total, los que estaban antes y después de nosotros no hablaban español…

Así se hizo, y al entrar en la segunda cámara del sepulcro, al hincarnos ante la plancha, recibí la absolución. ¡Imagínate! ¡Recibir el fruto de la resurrección del Señor, el perdón de los pecados en el mismo lugar donde resucitó! Me marcó ese momento de gracia en mi vida. Ahora, cuando me confieso, recuerdo con mucho respeto ese momento y me siento más en gracia para seguir sirviendo al Señor en este ministerio.

Muchas gracias por haberme invitado a recibir esta renovación sacerdotal. A todos los padres nos hace falta esto, tarde o temprano pensamos que puede llegar, pero yo siento que me tocó muy pronto, a mis ocho años de sacerdote.

Reciban un bendito saludo todos los que escuchen estas palabras.

Atentamente suyo,

Padre Humberto Ramos López

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Si conoce a algún sacerdote o si desea apoyar económicamente para que un sacerdote participe en el curso de renovación sacerdotal, escriba al correo logos@redmision.org



FECHA DE PUBLICACIÓN: 2008-03-06


 


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