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P. Álvaro Corcuera, L.C.: Estamos aquí por la persona de Cristo
MÉXICO | REGNUM CHRISTI | ESPIRITUALIDAD
Fragmentos de la conferencia del director general a los participantes del Encuentro de Juventud y Familia en Monterrey, el 19 de abril de 2008.

P. Corcuera responde a niños de NET
Unos chicos de NET le hacen una pregunta al P. Corcuera: «Le pedimos (a Cristo) que le amemos más, que nos cuide, que nos ilumine, que nos fortalezca».

«Hace un mes tuve la gracia de que me invitó el Papa Benedicto XVI, y entrando había una imagen de Cristo muy grande. Cuando estaba pensando en este encuentro, reflexioné que aunque hay muchas imágenes de Cristo, Él quiere que seamos una imagen viva del amor. Cada uno desde donde viene.

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Tenemos que crecer mucho más para amar a la Iglesia. Hoy más que nunca Dios tiene urgencia del “sí” de cada uno de nosotros. El “sí” se lo queremos dar con todo el corazón y decirle como los discípulos de Emaús: “Señor, quédate con nosotros”. Hoy es el tercer aniversario cuando al Papa empezó a ser Papa, hoy celebramos su tercer aniversario. Y hoy le encomendamos mucho en su viaje a los Estados Unidos. También nos acordamos de un gran santo, del Papa Juan Pablo II. Siempre nos habló de Cristo, y él, el último domingo cuando quiso hablar, quería dar un mensaje, ese Papa que predicó por todo el mundo, descubrió, por más que quería, que ya no podía hablar. Simplemente quería decirle a Dios nuestro Señor y a María: “María, soy todo tuyo”. Y es lo que queremos decirle hoy a Jesucristo: Señor, soy todo tuyo.

¿De dónde han sacado tanta fuerza estos hombres, de donde tanta energía? Tenían un gran amigo: a Jesucristo y siempre veían al final del camino que es el cielo. Y todos queremos llegar al final de nuestra vida a recibir el abrazo de Cristo. Por eso cualquier sacrificio vale la pena para ir al cielo, cuando Dios nos diga: ¡Bienvenido, te esperaba!

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Somos cofundadores, nos ha tocado vivir en vida del Fundador. Ahora nos toca a nosotros, ahora me toca a mí, ahora me toca abrir y escribir este segundo capítulo en la historia del Movimiento para el servicio de nuestra Iglesia. Nos toca a nosotros.

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Estar alegres en el Señor. Cristo no nos quiere tristes, nos quiere alegres. Nos toca responder a aquello que hemos recibido. Quien ama a Cristo cambia su vida y no puede sino ser feliz. No tener miedo a ser cristianos auténticos, no tener miedo a ser lo que somos. Vine a Monterrey y le pedí a Dios por cada uno de ustedes para que nos haga escuchar su voluntad. No se cansen de hacer el bien. ¿Cómo queremos que sea nuestro
P. Corcuera responde a señoras del Movimiento.
Unas señoras del Regnum Christi aprovecharon la ocasión para preguntarle al P. Álvaro sobre el compromiso de apoyar a las parroquias con el carisma del Movimiento.
último día de nuestra vida? Por eso, no cansarnos de hacer el bien, para eso nos creó Dios. Es lo único que nos va a llenar el corazón, no importa el sacrificio. Por eso el lema del encuentro es: “Ven. Celebra. Comparte”. Significan las virtudes teologales: la fe, la esperanza, la caridad.

Ven. Es nuestra fe. Estamos aquí no por unas ideas, sino por una persona que me dijo: “Ven y sígueme”. Esa es nuestra fe. Cristo, camino, verdad y vida. Con Él vamos seguros aunque a veces haya desalientos, aunque tengamos dolores o pruebas. Si vamos con Él, vamos seguros. Y Dios nos ha pedido ser buenos hermanos del prójimo. No nos consagramos en nuestra vocación a unas normas, sino a una persona, a la persona de Cristo. No queremos destruir las señales que Dios nos da para llegar a Jesucristo. Todo lo que nos da la Iglesia para llegar a Cristo. Nadie de nosotros quiere vivir en la incoherencia. Cristo nos enseña que para ser felices hay que vivir en la verdad. Él es la vida. Estar aquí es ver la vida, es ver el rostro de Dios. Estando aquí se puede vivir lo que nos dijo Juan Pablo II: El amor es más fuerte. Uds. hacen que haya más luz en la Iglesia, en el mundo, en la sociedad. Gracias por contagiarme de su alegría y de su entusiasmo.

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Celebremos los sacramentos, la Eucaristía, que nos demos cuenta de que cuando recibimos a Cristo es una verdadera celebración. Cuando leemos el texto de los discípulos de Emaús, nos pueda pasar lo mismo: “Nosotros esperábamos…”. Cristo no quiere eso, quiere que digamos: “Creemos”. El que no vive para servir, no sirve para vivir. Es aquello para lo que Dios nos creó, para dar todo, para compartir todo, para ser buenos samaritanos, para estar siempre al lado de mi hermano. La caridad es ingeniosa. Uds. Están llenos de iniciativa, llenos de ingeniosidad porque aman mucho. Por eso tienen tanta iniciativa y por eso son tan felices.

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Unámonos a la Sma. Virgen. En las bodas de Caná dijo: “Hagan lo que Él diga”. Hagan lo que Cristo les dice. Cuando no sabemos qué hacer, preguntémosle a Cristo: Señor, ¿cómo actuarías tú en mí, qué haces tú en mí, cómo puedo ser un espejo tuyo, como puedo reflejarte mejor? Dios nuestro Señor quiere que seamos un espejo vivo de la bondad de Jesucristo y Cristo los necesita mucho sin tener miedo. Gracias a todos los padres y hermanos que están consagrando su vida a Dios. A los sacerdotes, a los consagrados, que Dios les bendiga mucho. Ustedes han dejado todo y no hay palabras para agradecerles. Gracias por habernos traído el amor a Cristo y que Dios les bendiga mucho.



Al final de la conferencia, varios miembros del Regnum Christi pasaron a preguntarle al P. Álvaro algunas inquietudes, a las cuales respondió públicamente:


Una familia: En este mundo moderno, ¿qué podemos hacer como familia para acentuar la generosidad en la sociedad, en la unidad de la familia?

Nuestro mejor apostolado es el de la oración. Tener a Cristo en el centro de la familia. Dar testimonio de lo que es una familia auténticamente cristiana, que vive el evangelio. Auténticamente feliz porque sabe dedicarse a amar a toda su familia con todo su corazón. Vivir el mandato de Cristo de la caridad. Con su alegría, con su entrega, con sus apostolados están siendo lo que Cristo dice en el evangelio, ser la sal de la tierra, ser aquello que Cristo sea lo que quieran. Y aunque seamos minoría, con Cristo todo es posible.   Recordamos esa frase que ha ayudado a tantas familias:  “la familia que reza unida, permanece unida”

Un chico de NET: ¿Padre, qué le dice a Jesús cuando lo va a visitar al sagrario?

¿Qué le dices tú? Le decimos lo mismo. Lo primero es que, antes de que le digamos algo, él habla primero: “Oye, si vieras cuánto te quiero, sabes que te estoy esperando todo el día”. Abre los brazos, abre su corazón y dice: “Qué bueno que estás aquí. Tengo tanto que decirte”. Le pedimos que le amemos más, que nos cuide, que nos ilumine, que nos fortalezca, pero sobre todo le decimos: Señor quiero ser tu amigo, tú, como amigo nunca nos fallas. Contigo todo es diferente. Gracias por tanto amor.  Cuando le visito en el Sagrario del digo que le quiero mucho y que quiero hacer lo que El quiere que haga, porque le quiero, y que no importa lo que sea.  Le agradezco todo, porque todo es un regalo.  Le pido perdón por todas las faltas y le escucho con qué bondad nos perdona.   Trato, sobre todo, de escucharle y de poner en práctica lo que dice. Hay que pedir por nuestra familia y por todos los hombres, pero pedir para que todos lleguemos al cielo.

Dos señoras del Regnum Christi: ¿Qué compromiso tenemos quienes tuvimos la gracia de conocer y convivir con Nuestro Padre Fundador?

Gracias a la fidelidad de ustedes podemos ver tantos frutos. La fidelidad de nuestros hermanos y hermanas mayores tienen mucho mérito. Cuando vimos a Nuestro Padre terminar sus días, estaban también las consagradas, algunos padres. Llegó un momento en que le fueron quitando el suero, el oxígeno, porque acababa de fallecer. En ese momento experimentamos que ahora nos tocaba a nosotros. Nos toca vivir aquello que Dios nos ha pedido: ser auténticos seguidores de Cristo. Amar a Cristo con todo nuestro corazón. Amar a nuestra Iglesia. Amar para transformar la sociedad. Somos muy pocos aún para todas las necesidades de la Iglesia. Hay algo que no podemos fallar, el mandamiento de la caridad. El mandamiento de la unidad. Podemos venir de muchas ciudades, países, porque Dios nuestro Señor quiso que viniéramos de muchas ciudades, pero lo importante es que todos tenemos nuestra patria en el cielo. Y por eso, estamos siempre unidos.

Una señorita del Regnum Christi: Ante las necesidades de la Iglesia, ¿qué es lo que nosotros deberíamos hacer para multiplicarnos y así servir más y mejor a los párrocos y a los obispos de nuestras ciudades?

Las secciones deben ser un lugar donde se conozca, se ame y se transmita a Jesucristo. Secciones donde tengamos la ilusión de la santidad. Una de las pruebas más grandes que tenemos ahora es que hay muchas posibilidades de crecer, pero no podemos porque nos faltan muchas más personas. Hay gente de otros continentes y no podemos llegar porque somos pocos. Todavía nos falta. Tenemos miembros del Movimiento en otros países y son grupos pequeños pero muy consistentes. Sin embargo, no podemos todavía llegar bien ahí porque tenemos que crecer más. Y para eso, tenemos que rezar más, vivir nuestros apostolados en serio. Los apóstoles estaban reunidos todos en oración, como las secciones del Reino. El Espíritu Santo no bajó sobre personas que tenían muchas o pocas cualidades, o en personas que habían experimentado el éxito, sino más bien la soledad, la tristeza, el temor; pero se dejaron imbuir de la fuerza del Espíritu Santo, y ellos fueron los que predicaron a Cristo con valor y con valentía. Y dijeron; somos felices aun en las persecuciones. Bienaventurados porque han creído, porque han predicado el Evangelio. Las secciones del Regnum Christi son un regalo de Dios, pero tenemos el reto y el compromiso de crecer mucho más. Estamos más seguros de que sí se puede, claro que se puede, porque contamos con el Espíritu Santo y con él todo es posible.  Que nuestros apostolados no sean un “hacer cosas”, sino una respuesta de amor.  Y, el que ama, todo lo hace con la alegría del que tiene a Cristo como el Amigo fiel.

Un joven consagrado del Regnum Christi: ¿Qué nos puede decir a los jóvenes de hoy para entregarnos a Cristo y no tener miedo?

Verte a ti, porque viéndolos a ustedes sabemos que bien vale la pena consagrarse a Cristo. Yo creo que el tema de la vocación es un tema que todos en nuestra vida lo tenemos que afrontar. Dios nuestro Señor nos creó y nos creó por algo, por amor. Nos creó para algo y sobre todo para alguien. Nos creó y nos dio una misión. Nada mejor nos puede pasar en la vida que preguntarle a Cristo todos los días, no con temor, sino con el amor que vence al temor: Señor, qué es lo que tú quieres de mí. Al final de nuestra vida nunca nos vamos a arrepentir de haberle preguntado al Señor: ¿Para qué me creaste? Todos los que nos hemos consagrado tarde o temprano hemos experimentado temor; pero vemos a los apóstoles y Cristo no nos llamó porque nos quería lejos del mundo. Nos llamó porque quiere que seamos sus manos, pies, corazón, la mente de Jesucristo. Cuando vemos lo que Dios hace por medio de un alma consagrado, le podemos decir a Dios: si es por ti, vale la pena. Si Dios nuestro Señor llama, es el primero que nos da la fuerza para seguirlo, y es el primero que nos agradece por responder a la llamada de amor. No nos dijo: “Ven y haz cosas”, sino “ven y sígueme”. Lo único importante es hacer aquello para lo que Dios nos creó. Pidamos mucho para que Dios mande más vocaciones a la Iglesia porque Dios nuestro Señor lloraba cuando veía que había mucho trabajo pero que había pocos obreros en la mies.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2008-04-19


 

 


 



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