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| El P. Álvaro Corcuera con Papa Benedetto XVI durante una audiencia privada el 15 de marzo del 2008 (Foto: L'Oservatore Romano). | |
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Por Jesús Colina
ROMA, lunes, 14 julio 2008 (ZENIT.org).- Si bien la relación entre los movimientos y
los obispos en ocasiones puede ser difícil, la paciencia, el
diálogo y sobre todo el amor a la Iglesia permitirán
superar las dificultades y llevarán a una unidad y a
un nuevo impulso apostólico, considera el padre Álvaro Corcuera, L.C.
El
padre Corcudera es director general del movimiento Regnum
Christi, realidad eclesial reconocida por la Santa Sede con cerca
de 70.000 miembros, jóvenes y adultos, diáconos y sacerdotes, en
más de 30 países. Es también director general de la
congregación religiosa de los Legionarios de Cristo.
--Recientemente el
Papa ha exhortado a los obispos a acoger "con mucho
amor" a los distintos movimientos eclesiales que han surgido en
el seno de la Iglesia en las últimas décadas (Cf.
Discurso a obispos participantes en un encuentro organizado
por el Consejo Pontificio para los Laicos). ¿Cómo cree que
deben interpretar los movimientos estas palabras?
--P. Corcuera: Es preciso agradecer
estas palabras del Papa Benedicto XVI. Nos reafirman en la
convicción de que los movimientos eclesiales, que el Espíritu Santo
ha hecho surgir en el seno de la Iglesia, no
son un problema, sino un don. Y, por lo mismo,
todos debemos acogerlos con gratitud y caridad pastoral, de manera
que, con su estilo de vida y su característico empuje
apostólico, los nuevos movimientos eclesiales contribuyan eficaz y ordenadamente a
la común tarea de predicar el Evangelio al hombre de
hoy. Acoger los movimientos con amor significa ayudarles a ser
fieles a la Iglesia, ir al paso de la Iglesia,
ni adelante ni detrás. Encontrar un corazón abierto en los
pastores que Cristo ha puesto al frente de su Iglesia
ayudará a los miembros de los movimientos eclesiales a injertarse
serenamente en el tejido de las iglesias particulares con el
propio carisma. -- ¿Cómo puede entenderse que sea compatible la
existencia de movimientos eclesiales con la unidad de la Iglesia?
--P. Corcuera: El que haya diversidad de dones espirituales es
un signo más de la riqueza y variedad con que
el Espíritu Santo quiere embellecer la única Iglesia de Cristo.
La unidad no está reñida con la variedad de carismas,
antes bien pone de manifiesto que en el Cuerpo Místico
de Cristo cada miembro tiene una función específica, y con
ella contribuye al bien de todo el cuerpo.
Además, la
Iglesia es la gran familia que Dios Padre ha formado
con cuantos creen en Cristo y han recibido su Espíritu.
Y como en toda familia, los diversos miembros que la
componen tienen diversas misiones, diversas sensibilidades, diversas cualidades. Pero nadie
es mejor o peor. Sencillamente todos forman la familia de
Dios. En la Iglesia el Espíritu Santo obra con sabiduría
y amor y, dado que cada hombre y mujer son
irrepetibles, a cada uno lo conduce por un sendero espiritual
diverso, hacia su plenitud en Cristo. Los movimientos tienen, ciertamente,
su propio estilo espiritual y atraen a personas de diversas
sensibilidades. Pero esa diversidad, vivida con humildad y sincero amor
a la Iglesia, lejos de romper la unidad, hace que
la Esposa de Cristo pueda predicar el Evangelio a los
hombres de todas las culturas y sensibilidades.
--Si el Papa
ha planteado las cuestiones de la unidad y de la
acogida es porque a veces se dan incomprensiones y desajustes
en la relación de estos movimientos con las Iglesias locales.
¿Cómo cree que se deba responder en estas situaciones?
--Padre
Corcuera: Lo primero que me viene a la mente es
que las incomprensiones y desajustes que se pueden presentar entre
los movimientos y las Iglesias locales no nos deben desalentar.
Más bien son la oportunidad para reflexionar y ejercer las
virtudes que sean necesarias para lograr la complementariedad en armonía
y labor conjunta.
Profundizando un poco más, veo que la historia
de la Iglesia muestra la maravillosa presencia de la Providencia.
Al estudiar la historia, uno descubre maravillado cómo Dios lleva
a su Iglesia de la mano para conducirla a plenitud,
y cómo no ha dejado de suscitar los carismas que
ha considerado necesarios en cada momento para salir al encuentro
de sus hijos, y para que el anuncio de la
buena noticia del Evangelio sea la comunicación "performativa", "que comporta
hechos y cambia la vida", como dice Benedicto XVI en
su encíclica sobre la Esperanza. El Evangelio nos compromete a
ejercer actitudes y conductas que construyan la unidad necesaria. "Porque
el pan es uno -nos recuerda san Pablo-, somos un
solo cuerpo, aún siendo muchos, pues todos participamos de ese
único pan" (1 Co 10, 17). El fruto de esta
verdad del cuerpo místico de Cristo es la comunión en
el amor, que es nuestra vocación definitiva. Y el amor
nos lleva a todos a aceptar lo que cada uno
ha recibido, para juntos cumplir la misión de anunciar el
Evangelio a todas las personas y naciones.
Como recordó el Papa
Juan Pablo II en su mensaje al Congreso Mundial de
los Movimientos Eclesiales de 1998, "los movimientos fueron suscitados por
el Espíritu de Cristo para dar un nuevo impulso apostólico
a toda la comunidad eclesial". Esto los movimientos lo asumen
con sentido de responsabilidad buscando crecer para poder servir más
y mejor. Pero crecer no por crecer, sino como respuesta
de amor a la Persona Amada.
--¿Cómo ve la experiencia de
los movimientos eclesiales en su relación con los obispos y
las diócesis a lo largo de los últimos años?
--P.
Corcuera: En general, especialmente después del gran encuentro de los
movimientos con el Papa Juan Pablo II en el 1998,
se puede hablar de una experiencia positiva. Se ha logrado
una buena integración de los movimientos eclesiales en numerosas diócesis.
En algunos casos sigue habiendo dificultades e incomprensiones humanas que,
sin embargo, se pueden superar con paciencia, mucho diálogo y,
sobre todo, amor a la Iglesia y a su misión.
También el intercambio y la colaboración entre los diversos movimientos
eclesiales han aumentado notablemente y este hecho es de gran
importancia para poder prestar un servicio eficaz a las Iglesias
locales y a sus pastores.
A casi un año de distancia,
recuerdo el mensaje que nos ofreció el prefecto de la
Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y
las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal Franc Rodé, C.M.
Fue en julio del año pasado, en el marco de
un Encuentro de Juventud y Familia, promovido por el Regnum
Christi en Atlanta (Estados Unidos). Nos dijo que donde hay
un miembro del Regnum Christi - y lo mismo debe
valer para los miembros de cualquier movimiento eclesial - hay
profunda comunión con el Vicario de Cristo y con los
demás pastores, que la comunión con el Papa y con
la Iglesia es nuestra garantía de fecundidad apostólica. Nos animó
a seguir así, trabajando mucho en las Iglesias locales ,
cooperando con los obispos, con los párrocos y con los
religiosos. Nos recordó que la Iglesia es nuestra casa y
nuestro hogar, y nos invitó a que siga siendo siempre
el ambiente de nuestro trabajo, de nuestra entrega.
No creo que
pueda yo explicar mejor que el cardenal lo que pretendemos
que sea nuestro amor a la Iglesia y nuestra obediencia
a los obispos y a los pastores. Estamos comprometidos en
hacer vida este llamado poniendo todo nuestro corazón y fuerzas
en ello. Para ello, sabemos que el mejor medio es
ayudarles a formarse en un profundo espíritu de oración, en
la recepción viva, gozosa y transformadora de los sacramentos, en
una vivencia sólida de las virtudes teologales, lo que presupone
formar un corazón manso y humilde como Cristo.
--¿Qué está haciendo
el Regnum Christi para fomentar la unidad y profundizar en
el trabajo en el seno de la Iglesia local?
--P.
Corcuera: Lo primero de todo, seguir fomentando, como ha sido
desde los días de nuestra fundación, que los legionarios de
Cristo y los miembros del Regnum Christi tengan una verdadera
experiencia de amor a Cristo, a la Iglesia, al Papa
y a los obispos; que sea un amor apasionado y
fiel, obediente y motivado, pronto y alegre. Que ése sea
el verdadero motor y sentido de cualquier acción.
Y, por supuesto,
buscamos que los miembros del Regnum Christi se injerten plenamente
en su Iglesia local. Formar parte del movimiento Regnum Christi
comporta un compromiso de autenticidad en la vida cristiana en
todos los ambientes -familia, trabajo, amigos-, y no menos en
el parroquial y diocesano. Lejos de distanciar a los miembros
de la vida diocesana y parroquial, su pertenencia al Regnum
Christi los compromete a una participación más activa, poniendo al
servicio de los pastores sus talentos personales así como la
riqueza del mismo carisma del Movimiento. Y los compromete a
ser fieles activos en sus parroquias, apóstoles que conocen a
sus pastores, oran por ellos, acogen sus enseñanzas, conocen sus
necesidades y apoyan sus planes pastorales.
Como movimiento, buscamos cooperar
en los planes pastorales de las diócesis y parroquias aportando
nuestra espiritualidad y estilo apostólico. Buscamos asimismo informar regularmente a
los obispos de la actividad que deseamos realizar en sus
diócesis, y de manera especial buscamos obedecerles siempre con actitud
de servicio.
No podemos olvidar tampoco que la primera forma
de servir a la Iglesia es la fidelidad al propio
carisma, porque es don y es responsabilidad. En ese sentido,
vivir la caridad y atender especialmente a las prioridades y
urgencias de la Iglesia es un modo específico que tiene
el Regnum Christi de servir a la Iglesia local.
Por
Jesús Colina