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P. Vincent McMahon, L.C.: "Don Camilo" del Sur de Holanda
PAÍSES BAJOS | ACTUALIDAD | EN LOS MEDIOS
En cualquier ambiente se siente a gusto y sabe intuir la situación personal de cada quien.

P. Vincent McMahon, L.C.
P. Vincent McMahon, L.C. bendiciendo a los motocilistas que emprenderán un viaje (Foto: Jean Pierre Geussen / Fuente: Navenant. Het beste van Limburg).

Holanda, 29 de julio de 2008. Presentamos a continuación la traducción al español del artículo publicado en la revista "Navenant. Het beste van Limburg" (Adecuado. Lo mejor de Limburgo) correspondiente al mes de julio de 2008. Limburgo es la región al sur de Holanda y al norte de Bélgica; la revista busca presentar los atractivos naturales y culturales así como algunas personas que destacan por su labor en la zona.

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Por Marlies Sobzcak-Bouwmans

Es probablemente uno de los sacerdotes más populares en la provincia de Limburgo, aunque por su modestia esto no lo admitiría nunca. Atrae a mucha gente a la Iglesia, sus sermones tienen un impacto especial, y antes de que termine la misa ya ha conseguido arrancar de todos alguna sonrisa. Es un hombre amable, atrevido en su expresiones, y de muy buen humor. Un sacerdote que ama a la gente y la vida. Un pastor muy especial.

P. McMahon es irlandés, algo fácil de notar por su acento. El humor le es característico, se ríe a menudo y con todo el corazón. Creció en una familia de cinco hijos, en un ambiente sano y en un país hermoso, no lejos del mar. Fué un hogar lleno de calor, amor y sencillez. “Yo fuí la oveja negra de la familia. Si algo se había roto, o perdido, me echaban siempre la culpa a mí... y con razón”. McMahon tiene muy buenos recuerdos de su juventud: el mar movido, la música, las canciones. Con el paso del tiempo muchas cosas han cambiado, pero estas tres conservan siempre un lugar especial en su corazón.

A los dieciocho años sintió la llamada al sacerdocio. “Leí la vida del P. Damián, quien dió la vida por los leprosos en la isla de Molokai. Estaba tan impresionado que quise dar la vida
P. Vincent McMahon, L.C.
P. Vincent McMahon, L.C. (Foto: Jean Pierre Geussen / Fuente: Navenant. Het beste van Limburg).
sirviendo a mi prójimo. P. McMahon es miembro de los Legionarios de Cristo, una congregación que cuenta con muchos sacerdotes jóvenes. “Por un tiempo estuve dividido entre la llamada al sacerdocio y la de formar una familia; soy una persona muy normal, con las naturales tendencias y debilidades…”.

Inició sus estudios en Irlanda, y siguió su formación en España y México. A los 26 años llegó a Roma para sus estudios de filosofía en la Universidad Gregoriana. “Me gustó mucho la vida en Roma. Vivía en un Colegio y llegué a conocer la ciudad a través de la ventana del autobús”. Después fue párroco en la Ciudad Eterna dedicándose especialmente a trabajar con los jóvenes. La ciudad dejó una huella profunda en él: el ambiente, las iglesias, los monumentos, las calles, las tienditas y los grandes partidos de fútbol. Ahora en Heerlen ve a los equipos locales de su parroquia: Green Star y NEC, y se cuenta entre uno de sus aficionados más fieles. McMahon tiene todavía muchos amigos en Roma y es con frecuencia invitado a regresar, algo que sus empeños en Holanda no siempre permiten. Es muy conocido y apreciado en muchos círculos. Dice: “Estoy muy agradecido de tener buenos amigos en cada grupo social”.

Una bendición para hombres fuertes

El mismo día de la entrevista encontramos fuera de la Iglesia un buen número de motociclistas alineados sobre sus motocicletas relucientes. Hombres fuertes acompañados de mujeres elegantemente vestidas con trajes de cuero negro. El P. McMahon, revestido con una capa pluvial dorada, les bendice solemnemente con agua bendita. Después se entretiene con ellos en amable  conversación. A todos les encanta. Tienen mucho respeto por el párroco de San Cornelio. “Son personas excelentes”, dice él. “Antes de iniciar su viaje vienen a pedir la bendición para que todo vaya bien”.

McMahon se interesa especialmente por la juventud y cuenta con muchos amigos en la Escuela Empresarial Internacional de Maastricht. El año pasado en un día de campo se le acercó una joven estudiante latinoamericana para pedirle que le preparara al bautismo. “Eso sí que hace feliz a un sacerdote”, -dice él con una sonrisa.

El paso de la ciudad de Roma a Chevremont, hace 20 años, y después a Heerlerheide, no fue fácil para este irlandés. Hablaba inglés, español e italiano, pero el
P. Vincent McMahon, L.C.
«Es un hombre amable, atrevido en sus expresiones, y de muy buen humor» (Foto: Jean Pierre Geussen / Fuente: Navenant. Het beste van Limburg).
desafío de hablar y predicar en holandés y afrontar el difícil dialecto de Limburgo, presentó sus problemas. Sin embargo, su temperamento y espontaneidad irlandesa le abrieron el paso ante aquellas personas cuyas alegrías y tristezas iba a compartir. Puede ser amigo de políticos de cualquier partido, aun de comunistas, como el legendario Don Camilo.

En cualquier ambiente se siente a gusto y sabe intuir la situación personal de cada quien. Muchos de sus amigos residen en Heerlen-Norte, una zona bien conocida por sus problemas sociales: tragedias familiares, desempleo, droga, criminalidad son cosas muy frecuentes. “Tratamos de ayudarnos mutuamente –dice el sacerdote–, admiro la fuerza interior de estas personas. Recuerdo especialmente a un hombre que murió hace dos años. Tenía dos hijos con enfermedad mental y una esposa totalmente paralizada. Toda su vida les cuidó con gran atención y cariño”. Hay otros muchos casos, como el del vagabundo que venía a la parroquia todos los días por un bocadillo. “Un día dejó de venir. Luego me enteré que habían encontrado su cadáver debajo de un árbol por aquí cerca. Había muerto de sobredosis de droga. Entre todos tratamos de ayudar a estas personas desafortunadas, pero en ciertos momentos uno se pregunta si hizo todo lo que era posible”.

Mientras hablamos de su trabajo en la formación sacerdotal en el seminario de Haarlem, tarea que desempeña desde hace dos años, toma la guitarra. No es un maestro, pero logra tocar unos cuantos acordes. Como si no supiera otra cosa, toca en inglés “La Batalla de Nuevo Orleáns”, y después la canción típica del sur de Holanda que se llama “¡Qué hermoso es Limburgo!”. Al terminar me comentó: “Amo esta tierra, y aquí está mi corazón; me gustaría que tocaran esta canción el día de mi funeral”. ¡Qué día será aquél en la Parroquia de San Cornelio!


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2008-07-29


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