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| Ana Paula Morales fue colaboradora del Regnum Christi durante 3 años, egresada del Instituto Juan Pablo II de Estudios para la Familia, y actualmente colaboradora en el ICIF. | |
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Ana Paula Morales es egresada del Instituto Superior de
Estudios para la Familia, Juan Pablo II, donde cursó la
licenciatura en ciencias de la familia en el ciclo 2001-2005.
Es miembro del Movimiento de apostolado Regnum Christi y
actualmente colabora profesionalmente en el International Center for Integral Formation
(ICIF), al servicio de los colegios dirigidos y asesorados
por los Legionarios de Cristo y el Regnum Christi.
Presentamos
a continuación su testimonio sobre su vida y el trabajo
que realiza.
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Hubo una persona cuyo testimonio marcó mi vida
y dejó una huella imborrable que la conducirá para siempre.
Juan Pablo II me deja una de las mayores enseñanzas:
“El amor”. El amor a Dios nuestro Señor, a la
persona de Jesucristo y sin duda con su “Totus Tuus”
a la Santísima Virgen María.
Su ejemplo iluminaba mi vida, la
atraía a una mayor entrega. Recuerdo que al mirarlo lo
único que me inspiraba era amar más a través de
mis acciones. Fue el motor que movió mi decisión de
entregar tres años de mi vida como colaboradora para
la Iglesia a través del Regnum Christi. Mi primer año
de colaboradora fue en Chihuahua. Llegué a organizar algunos triduos, misiones,
círculos de estudio para niñas del ECYD, etc.
Mi segundo año
lo realicé en Rio de Janeiro, donde prácticamente había que
iniciar desde cero. Recuerdo mi primer triduo organizado, después de
estar acostumbrada a recibir a 150 niñas de mi año
en Chihuahua, me encuentro con que tenía a 12. Cuando se lo
comenté a la consagrada ella se mostró feliz y me dijo: «Cuando
entiendas el valor de una alma, comprenderás muchas cosas». ¡Qué
enseñanza tan profunda!, empecé a ver la vida de otra
forma, lo que significaba una alma ganada para Dios. En ese
año, se formaron varios equipos del ECYD, se realizaron
convivencias, y varias chicas decidieron ser colaboradoras del Movimiento.
Para mi
sorpresa, mi tercer año también fue en una fundación: Barquisimeto
(Venezuela) donde iniciamos el ECYD femenino, organizamos convivencias, retiros, etc.,
y también de ahí salieron algunas chicas decididas a dar
años como colaboradoras. Todos estos años fueron de un aprendizaje
muy importante para mí. Me di cuenta de que Dios
se vale de nuestra generosidad para llegar a muchas personas.
Pero, ¿cuál
fue mi motivación para dar tres años y hacer todo lo
que he hecho?
Al ver en aquel entonces al Papa Juan
Pablo II que no perdía un sólo minuto de su
vida, no podía imaginar la mía sin ayudarlo a ese
gran sueño de evangelizar, de llevar a Cristo a más
corazones. Me retaba su coherencia, me enternecía su vocación de
servicio; de ahí otra decisión trascendente fue el ingresar al
Instituto Superior de Estudios para la Familia: Juan Pablo II,
y profundizar en la dignidad y el valor de la
persona y la defensa de la familia.
Conocer su vida, sus
obras, su pensamiento ha determinado mi manera de pensar y
mi forma de ser. Al escuchar sus palabras en la
plaza de San Pedro ese 4 de enero de 2001
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| El P. Álvaro Corcuera, L.C., saludando a Ana Paula. | |
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que nos decía a todos los miembros del Regnum Christi:
«Si sois lo que tenéis que ser, ¡prenderéis fuego al
mundo entero!», me comprometió a seguir siendo un incansable apóstol
del Reino de Cristo.
Todavía recuerdo esa tarde que nos convocaron
a una misa por la salud del Papa, en ese
momento se me inundó de una tristeza inmensa el corazón,
y el 2 de abril 2005, al escuchar la noticia
de su muerte, tuve un sentimiento de soledad muy profundo.
Sin embargo, esa fe que él me enseñó a tener
me hizo entender que ese gran hombre había conquistado la
batalla final y logrado lo que había esperado toda su
vida: el encuentro cara a cara con Dios nuestro Señor.
Recuerdo
también en mis años de colaboradora, al servicio de la
Iglesia, que aprendí lo esencial de la vida. Amar dándome
a los demás. Sin duda esta es la clave de
la felicidad, pero para eso, no bastaban sólo mis ganas
sino era necesario recibir una formación que me diera las
pautas para llevarlo a cabo de la mejor manera. El
Instituto Juan Pablo II me dio la posibilidad de entender
de una forma más profunda a la persona en general
y su valor. Considero que todos los alumnos deberían de
recibir, en su carrera profesional, materias sobre el conocimiento de
la persona de una forma integral como lo hace el
Instituto. Todos trabajamos en áreas concretas de desarrollo del hombre
pero muy pocos nos preocupamos por conocer profundamente lo que
el ser persona significa.
El poder transmitir un poco de la
formación que he recibido es de las cosas que más
agradezco en la vida. Cada vez que me invitan a
dar un curso o alguna plática sobre temas como persona,
sexualidad, familia, valores y algunos temas también religiosos me hacen
recordar la urgencia y la misión que el Papa nos
ha dejado, el legado que cada egresado del Instituto debe
transmitir: el amor con el que debemos ver a cada
persona y la lucha por mantener su dignidad.
Actualmente me desarrollo
profesionalmente en el International Center for Integral Formation (ICIF).
Es una organización profesional católica de alcance internacional, fundada por
los Legionarios de Cristo. Desarrollamos y apoyamos modelos educativos de
innovación y a la vez fieles a los principios perennes
del humanismo cristiano. Un principio fundamental del centro es construir
la civilización del amor a través del fortalecimiento educativo como
obra apostólica eficaz, en profundidad y extensión. Curiosamente sigue resonando
en mí las palabras del Papa: “El amor me lo
ha explicado todo”. En el ICIF no perdemos de vista
que diariamente nuestra misión es hacer el bien al mayor
número de personas, a través la realización de nuestros objetivos
y de buscar la excelencia en cada uno de nuestros
productos finales y servicios, y todo por amor a los
receptores de estos programas que, en definitiva, son alumnos de
colegios.
Tengo la fortuna de estar colaborando en el programa de
virtudes para los niños de nuestras instituciones educativas. Con esto
pretendemos lograr que cada alumno no sólo sepa y aprenda
lo que es una virtud, sino que tenga las herramientas
necesarias para vivirlas, para llevarlas a la práctica. Este programa
de virtudes actualmente se implementa en ocho países: Chile (como
país piloto del proyecto) y posteriormente España, Italia, Estados Unidos,
México, Venezuela, Colombia y Brasil.
Además de dar algunas pláticas a
instituciones y colegios, he asumido el compromiso personal de asistir
a la cárcel de oriente, de la Ciudad de México,
para dar temas de formación humana y espiritual a los
presos. Es en ellos donde me doy cuenta que el
amor es el que puede transformar corazones y por tanto
actitudes. Muchos de ellos estando fuera vivían “muertos en vida”,
sin amor, por eso les dio lo mismo cometer crímenes.
Con la mayoría de estas personas ratifico que si hubieran
recibido amor, su destino hubiera sido diferente. En muchos se
logra percibir su transformación porque ahora saben que alguien los
ama profundamente, a pesar de lo que han hecho: el
amor de Dios lo ha cambiado todo.
Siempre he creído que
las personas cuando no hacen el bien, es porque nadie
se los ha mostrado. Todo hombre por naturaleza tiende a
ser mejor, siempre quiere perfeccionarse porque a eso esta llamado
y en la medida que logremos darle a las personas
esta formación, lograremos una mejor sociedad.