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| Sacerdotes que participaron en la 9ª Renovación sacerdotal en Tierra Santa concelebrando en la Basílica de la Anunciación. | |
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Guaymas, 28 de septiembre de 2009. Con motivo del
desastre natural que provocó, a inicios del mes de septiembre
de 2009, las 36 horas de lluvia continuas en
la zona de Guaymas y Empalme, en el sur
del estado de Sonora, miembros de Juventud Misionera,
masculina, femenina, ECYD y familias del Movimiento Regnum Christi
de Hermosillo y Cd. Obregón, lanzaron la campaña: “Yo
respondo”. La campaña consistió en la recolección de víveres para
los damnificados de las zonas afectadas.
La organización corrió a
cargo de Juventud Misionera de la zona con el
apoyo de los clubes del ECYD que se dedicaron
a pedir agua embotellada, alimentos enlatados, ropa y demás
artículos de necesidad básica fuera de algunos centros comerciales de
la ciudad. Parte de la ayuda fue canalizada a
través de la “Maquiladora MKT” cuya oficina de redacción
publicó algunos datos. Y fue del 11 al 13 de
septiembre que un grupo de 40 jóvenes del Regnum
Christi acompañados de dos legionarios de Cristo, el
P. Juan Manuel Puente y el hermano Fernando Hernández,
misionaron en las comunidades afectadas, llevando un mensaje de esperanza
así como la ayuda humanitaria en la repartición de
los víveres recolectados por los miembros del Movimiento; participaron
en la limpieza de las casas y lugares más
afectados como la iglesia principal de Guaymas. Siguen aún las
labores de recolección de víveres por parte muchos otros
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| Jóvenes de Juventud Misionera en la ayuda humanitaria a las zonas afectadas por los huracanes. | |
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organismos para ayudar a estas comunidades afectadas.
«Es tan trágica
como curiosa la situación del poblado de Empalme. ¡Quién
imaginaría que en menos de una semana dos huracanes
azotarían a la comunidad!», comenta Adrián Ahumada, joven misionero que
asistió a las misiones humanitarias.
Y añadió: «El primero traería
consigo destrucción, hambruna, tristeza, soledad, angustia, una situación inimaginable…
Curioso y aún más inimaginable lo que traería este
segundo huracán: el amor de Cristo impregnado en los
corazones de 40 jóvenes, pequeños ante la catástrofe, pero
con gran ánimo de ayudar: “un huracán misionero”. El primer
huracán destruyó casas completas, el segundo levantó muros de
esperanzas; el primero trajo consigo sed y hambre, el
segundo alimentó a las almas del pueblo y nuestras
propias almas también. Más que una despensa, más que agua,
más que las casas reconstruidas, más que el lodo
limpiado (que todo esto era muy necesario) fue el
hecho de llevarles, o mejor dicho, devolverles aquello verdaderamente
importante que el primer huracán les arrebató: la esperanza de
saber que a pesar de todas las tragedias, ¡Cristo
jamás abandona!».