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BRASIL | REGNUM CHRISTI | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Clayton Scabia, L.C. (Brasil)

P. Clayton Scabia, L.C. (Brasil)
P. Clayton Scabia, L.C. (Brasil)


Nací en Jundiai, São Paulo (Brasil), el 3 de septiembre de 1979. Cuando era niño supe que varios de mis amigos entrarían a un grupo de monaguillos, y yo inmediatamente me inscribí. En esos años los padres salesianos cuidaban de la parroquia Don Bosco que está en mi pueblo. Nos divertíamos mucho. Después de misa teníamos tiempo para jugar con los compañeros fuera de la iglesia. Todo lo que iba recibiendo en ese momento, lo iba grabando en mi corazón. Estaba empeñado en servir bien el altar, pues algo de ese ambiente litúrgico me atraía. Pero yo aún no sabía lo que era. También hacíamos nuestras travesuras. Recuerdo que durante una celebración se comenzó a quemar la orilla de un roquete mientras jugábamos con los cirios. Fue todo un espectáculo apagarlo.

Siempre me gustó ayudar a los demás. Cuando era posible daba limosna a un pobre que pasaba por la calle pidiendo o con los que estaban en las puertas de las iglesias. Me consternaba ver la violencia u odio en los demás. Aunque era un chico con buenos sentimientos, a veces no me portaba bien. De hecho, a los profesores del colegio les causé grandes dolores de cabeza. Originaba desorden en el salón, salía fuera de clases, hacía bromas con compañeros y compañeras.

La Renovación Carismática católica: una experiencia del amor de Dios

A los quince años de edad, comencé a estudiar la preparatoria en el centro de mi ciudad. Llevaba un ritmo muy exigente. En la mañana y en la tarde estudiaba mi carrera técnica en herramientas de moldes plásticos en el SENAI (red de escuelas técnicas), y por la noche en la preparatoria. Regresaba a mi casa solamente para dormir. Al inicio de este año conocí a un amigo que me llevó a un grupo de oración de la Renovación Carismática católica. Era diferente de todos los que yo había conocido. Sentí una emoción muy fuerte, algo tan profundo que hasta el día de hoy lo recuerdo muy bien. Tengo en la memoria las personas con quienes entablé amistad y la alegría que sentí en mi corazón al ver cómo Dios actuaba en medio de este grupo de oración.

A partir de esta experiencia busqué servir a Dios y a mis hermanos con más intensidad. Quería hacer algo para los demás, experimentaba sed de Dios y lo buscaba con todo mi corazón.

Conocí más tarde al padre Wilson de la parroquia Cristo Redentor. Entonces él era seminarista y vibraba con su vocación, era alegre y entusiasta en el servicio pastoral. Fui madurando el llamado para que yo también pudiera consagrarme enteramente.

Itu: una huella profunda

Después de una hora santa en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, mis amigos y yo fuimos a comer una pizza. Allí nos encontramos con un sacerdote y un religioso de la Legión de Cristo. Me invitaron a una convivencia vocacional en Itu, São Paulo. Al escuchar estas palabras quedé realmente sorprendido.
El P. Clayton saluda al Santo Padre después de haber acolitado en la Vigilia Pascual de 2009.
El P. Clayton saluda al Santo Padre después de haber acolitado en la Vigilia Pascual de 2009.
En aquel mismo momento dije que no, que no quería ser sacerdote y que no me interesaba ir a un retiro de ese género. Pero uno de mis mejores amigos me pidió que lo acompañara al retiro vocacional que sería la próxima semana. Me dio una buena motivación. Me dijo que conoceríamos la ciudad de Itu, que sería un gran paseo turístico. Además esa ciudad es conocida como la Roma brasileña...

Así llegamos al noviciado de los legionarios de Cristo un viernes por la tarde. Dos novicios nos recibieron y nos llevaron a conocer la capilla. ¡Fue algo maravilloso! Vi varios jóvenes rezando delante de la Eucaristía con mucho fervor. Después fuimos a jugar un poco de ping-pong y billar. Durante estos días me dediqué a observar su modo de vivir. Todos usaban sotana negra. Además nos trataron con mucha amabilidad y caridad. Reinaba un ambiente de silencio que inspiraba oración juntamente con un ambiente muy juvenil. ¡Era maravilloso! Esos tres días fueron una experiencia de oración, de conocimiento de la vida religiosa, de convivencia entre jóvenes de diversas partes de Brasil.

Después uno de los sacerdotes me preguntó si yo quería ser legionario de Cristo. Yo le dije que no, que ser legionario era muy bonito, pero que no era para mí. Mi amigo le dijo lo mismo. Pero esos tres días fueron bellísimos: yo había hecho una experiencia maravillosa con Dios y por ello me daba miedo querer aceptar esta invitación para ser seminarista. Jamás había entrado en mi proyecto de vida ser sacerdote.

El comienzo de esta aventura

Al regresar a casa podía palpar las bendiciones del Señor en mi vida. Mi visión del mundo, de las personas, de mí mismo, había cambiado. Ahora veía todo con “otros ojos”. Quería conocer más mi fe. Siempre que podía buscaba participar en la misa de las 6:00 p.m., en la catedral de mi ciudad. Fue justo en una de estas misas donde recibí una grandísima bendición. El padre Clovis estaba celebrando y durante la acción de gracias después de la comunión, recibí una luz muy clara del Señor. Era algo que llenaba mi corazón, mi alma y todo mi ser. Era la certeza de que Dios quería que yo fuera uno de sus sacerdotes. En ese momento tan especial sólo agradecí a Dios tan grandioso don.

Al terminar la misa fui inmediatamente al teléfono público de la plaza. Hablé con el padre responsable del curso de discernimiento vocacional de la Legión de Cristo. Le comenté mi inquietud de ser sacerdote y mi deseo de ingresar al seminario. Recibí buenos consejos y una buena motivación para seguir mi vida de oración. La siguiente semana, el padre me llamó para invitarme a otro retiro en el noviciado. Así comenzó esta gran aventura de mi vocación. Es Dios, con su amor infinito quien me fue preparando para recibir con generosidad este llamado. Son muchas las circunstancias, las personas, las gracias especiales de las que Dios se ha sabido valer para mostrarme este camino al sacerdocio.

¿Por qué usted quiso ser padre?

Esta pregunta me la hizo un joven cuando yo era novicio. Me hizo reflexionar detalladamente sobre mi vocación. Pensé si había explicado bien a este muchacho lo que yo creía. Si había hablado de la grandeza de este don y misterio que es el llamado a seguir a Cristo más de cerca.

En pocas palabras el sacerdote es la luz de la fe, el ser humano que recibió el don más precioso de Dios sobre la tierra. Porque ha sido elegido y llamado a participar, de modo singular, del sacerdocio único y eterno de Jesucristo. Con la unción sacerdotal se reciben los mayores y más maravillosos poderes: transformar el pan y el vino en el cuerpo y en la sangre de Jesucristo, y el perdonar los pecados.

Los caminos de Dios en mi familia

Mi mamá siempre me comentó que hubo complicaciones en mi nacimiento y por ello me consagró a Nuestra Señora Aparecida. ¡Desde los primeros momentos de vida estaba bajo el cuidado de mi querida madre del Cielo! De hecho, seré ordenado el día de la Virgen de Guadalupe, comenzando así, mi



















vida sacerdotal bajo la protección del manto de María.

Mis padres eran poco practicantes pero yo y mi hermana recibimos los sacramentos como Dios manda. El día de mi primera comunión hice la promesa de no faltar jamás a la misa los domingos y días de fiesta. Fue un compromiso que hice en mi corazón con el Señor y así lo cumplí.

¿Cómo decir a mis padres que yo quería ser sacerdote? Era difícil. No sabía cómo hacerlo. Hablé primero con mi hermana. No fue una buena idea ya que ella no estaba de acuerdo. Después le dije a mi mamá y al llegar del trabajo mi papá recibió la noticia. No fue fácil porque sabían que implicaba un desprendimiento. Poco a poco toda mi familia aceptó mi vocación. Fue un proceso que duró meses e incluso años.

Amar y ser amado

¡Ya hace once años que soy legionario de Cristo! Tengo mucho que agradecer a Dios por este camino especial que Él me regaló. Ciertamente he pasado por momentos difíciles a lo largo de mi formación. Sin duda alguna también he vivido muchos momentos maravillosos, estupendos, grandiosos, que Dios me ha concedido. Considero que todo hombre busca amar y ser amado. ¡La vida no tiene un sentido sin el amor! Dios me conquistó y me llamó para vivir a su lado, para compartir sus intereses del Reino, y es eso lo que da sentido a mi vida religiosa.

En la Ciudad Eterna, en el corazón de la Iglesia

Llegué a Roma en noviembre de 2006. Empecé inmediatamente a estudiar teología en el Ateneo Regina Apostolorum. La experiencia de estar en un lugar como ese, en el centro del corazón de la Iglesia, ha sido magnífico. He convivido con seminaristas y sacerdotes de todo el mundo. En la Pascua de 2009 tuve la oportunidad de ayudar como acólito en la vigilia pascual, en el Vaticano, junto al Santo Padre. Fue un momento muy especial poder estar tan cerca del Papa, Vicario de Cristo.

“Cómo agradeceré el Señor todo el bien que me ha hecho” (Salmo 116)

Hoy, como diácono, agradezco al Señor por la gracia tan grande de mi vocación. En el momento de la imposición de las manos del obispo, solamente pensé en agradecer a Dios este don tan sublime y tan misterioso. Participaré por medio de la ordenación presbiteral del sacerdocio de Cristo, para poder ofrecer al Señor el divino sacrificio en acción de gracias. Sin duda alguna es un don que no dejaré por nada de este mundo.

He comentado con algunos amigos, que el candidato al sacerdocio no sube solo a las gradas del altar. Junto a él suben todas las personas que con su apoyo, en todos los sentidos, han contribuido para que él estuviera allí. Agradezco al Señor por tanto amor, y a todas las personas que de un modo u otro influyeron en mi vocación.

El P. Clayton Scabia, nació en Jundiai, São Paulo (Brasil), el 3 de septiembre de 1979. Estudió en el SENAI (red de escuelas técnicas) la carrera de herramientas de moldes plásticos. Además hizo la preparatoria como técnico en mecánica. Ingresó en el noviciado de la Legión de Cristo en São Paulo, el día 6 de enero de 1998. Estudió humanidades clásicas en Salamanca (España). Trabajó varios años en la pastoral juvenil y en la promoción vocacional en la Ciudad de México. Estudió filosofía en el colegio Maria Mater Ecclesiae (Brasil) y teología en Roma en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Fue ordenado diácono el día 30 de junio de 2009. Actualmente colabora en la promoción vocacional en Curitiba (Brasil).

Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal el 12 de diciembre de 2009 han sido publicados en el libro "Os llamo amigos". Encomendemos en este "Año Sacerdotal" a todos los sacerdotes, para que su entrega a Dios y a los demás traiga abundantes frutos de gracia y bendición.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2009-12-12


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