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Un cambio de mentalidad: vivir para dar
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Galo González Covarrubias, L.C.

P. Galo González Covarrubias, L.C.
P. Galo González Covarrubias, L.C.


Todos llevamos en lo más profundo de nuestro ser el anhelo de ser plenamente felices. Nos preguntamos con frecuencia: “¿Qué tengo que hacer para ser feliz? ¿De qué o de quién depende que yo pueda ser feliz?”. Cuando tenía 17 años recuerdo haber visto una película, bastante sencilla, pero el mensaje de fondo se me quedó muy grabado para el resto de mi vida. Un joven muy exitoso en los negocios, con todo por delante, a los 35 años se encuentra con un vacío en su vida y se pregunta: “¿Qué me falta para ser feliz?” Decide vender su negocio, dejar sus amistades, cambiar de residencia… puso una florería y quiso dedicarse a vender flores y repartirlas a domicilio. Su ilusión y lo que le hacía feliz era ver a otros felices al recibir unas flores de regalo.


Un cambio de mentalidad


En estos años también yo me veía en la necesidad de hacer un cambio en mi vida, sobre todo un cambio de mentalidad: dejar de vivir para mí mismo, y procurar vivir para los demás, es decir, para dar y servir a todas las personas que me fuera encontrando en el camino. Ahora, años después de haber tomado esa decisión, me doy cuenta que me basta Jesucristo, y de ello estoy convencido. No es el caso detenerme a pensar lo que he dejado o lo que ya no podré hacer al haber escogido este estado de vida religiosa y sacerdotal. Más bien, es pensar en todo lo que gano, en todo lo que puedo hacer con una entrega generosa y sincera. El entregarte, el dar y servir a los demás me hace profundamente feliz.


Una familia muy feliz


En casa somos siete en total, mis padres y cinco hijos. Yo soy el menor de los cinco. Dicen mis hermanos que por lo mismo de ser el menor, soy el consentido de mis papás. Nunca he entendido por qué lo dicen, pero la verdad es que siempre tenía lo que quería…


Tengo que agradecer a Dios el regalo que me ha hecho al nacer en esta familia. Continuamente les recuerdo, tanto
P. Galo González Covarrubias, L.C.
a mis papás como a mis hermanos, que siempre han sido y seguirán siendo un punto de referencia importante en mi vida. Se nota una relación muy natural y espontánea entre todos, y hemos trabajado por mantenernos siempre unidos. Recuerdo con mucho gusto los viajes en familia que solíamos hacer durante el verano. Eran viajes estupendos, por lo general, bastante largos, tres semanas o hasta cuatro… Rentábamos una camioneta, mi padre al volante y nos dedicábamos a “pueblear”, es decir, a recorrer pueblos y ciudades por diferentes partes del mundo. Eran momentos para convivir, platicar, reír, jugar.


Me gustaría comentar algo más sobre mis papás, pues creo que han jugado un papel esencial en mi vida y también en mi camino vocacional. Se puede decir que ha sido mi mamá la responsable de llevar el soporte espiritual en casa. Una mujer dedicada a la familia, a las cosas de casa y a las cosas de Dios. Mi padre, una persona muy responsable y trabajadora, preocupado de que tuviéramos todo lo necesario. Tengo que decir que con mi padre he podido llevar una relación muy especial, hasta el día de hoy nos entendemos muy bien.


En casa, con excepción de alguna de mis hermanas, el deporte es fundamental para todos. Mi vida desde pequeño giraba en torno a las canchas. Por lo menos dedicaba dos horas al día para practicar algún deporte: fútbol, béisbol y tenis. Me gustaba hacer las cosas con espíritu de competitividad. Esto lo aprendí de mi papá; nos decía: “Si vas hacer algo, métete a fondo y hazlo bien.” Jugué muchos torneos, era parte de la selección del colegio, aunque nunca quise meterme más en serio, pues implicaba tiempo y la exigencia de un compromiso.


Cuentan que de niño era muy inquieto y de carácter difícil. Me gustaba que las cosas se hicieran como yo quería, tener el control entre mis compañeros y la demás gente de mi edad… con frecuencia me metía en problemas. Nunca fui un estudiante destacado en la escuela. Estudié en un colegio de los legionarios de Cristo en Guadalajara, pero sólo llegué hasta segundo de secundaria. El tercer año de secundaria mis papás vieron oportuno enviarme a un internado en los Estados Unidos, y además, con disciplina militar. Tengo que aceptar que sí necesitaba algo de disciplina en mi vida. Fue un año que me ayudó mucho a madurar y aprender a tomar decisiones.


El cambio de ambiente y la “libertad”


Para la preparatoria ya no quise regresar al colegio Cumbres y me metí a la preparatoria del Instituto Tecnológico de Monterrey en Guadalajara. Ahí hice los tres años de preparatoria y un año de universidad. Quería cambiar de ambiente y tener la experiencia de una mayor “libertad”. La pasé genial durante los tres años de preparatoria. Realmente era un joven feliz, tenía todo lo quería: amigos, coche, dinero y ganas de gastarlo. Me encantaba la fiesta, el baile, la “buena vida”. Gracias a Dios siempre tuve muy claro el rumbo a seguir y los principios que debían guiar mis decisiones. Además, Dios quiso poner en mi camino una niña que fue mi novia durante casi dos años. Fue una excelente compañera que me apoyó en todo momento. También me ayudó a llevar una vida un poco más tranquila. Terminamos el noviazgo un mes antes de irme al noviciado.


Que yo recuerde, nunca pensé en ser sacerdote, aunque siempre me llamó la atención la vida de los legionarios de Cristo, que conocía desde pequeño. Fue hasta los 17 años al ver esa película que mencioné al inicio, que despertó en mi interior muchas inquietudes y preguntas. Empecé a proyectar mi vida y me veía dedicándola a los demás. Fue la primera vez que pensé en el sacerdocio como una opción en mi vida. Pocos años antes un primo mío entraba en la Legión de Cristo, un detalle que me llamó mucho la atención.


Terminaba la preparatoria. Muchas cosas pasaban por mi mente. Quería divertirme, pasarla bien… sobre todo no quería tener ningún tipo de compromiso. La misma universidad quería posponerla y dedicarme a viajar. En el fondo del corazón tenía una inquietud que no me dejaba tranquilo. No sabía bien qué era; sí recuerdo que pasaba noches sin poder dormir. Sentía que Dios me llamaba para algo diferente, algo grande, que implicaba toda mi vida. Me daba cuenta que Dios estaba detrás de todo esto.


Entendiendo mi misión


Este último año de preparatoria lo viví muy cerca del P. Juan Pedro, un buen amigo. Le agradezco mucho al padre su cercanía y disponibilidad. De manera especial agradezco su prudencia pues jamás me presionó en el tema vocacional. Pasaban los meses y se acercaba el momento de tomar decisiones… no me sentía con las fuerzas para seguir una vocación sacerdotal. Tenía mucho miedo de dar el paso. Sabía que implicaba todo mi ser y que sería una decisión para siempre. En lo más profundo de mi corazón sentía la voz de Dios que me invitaba. Fueron dos años de lucha, de “estira y afloja…” Tenía 19 años, casi por cumplir los 20, cuando finalmente decidí entrar al noviciado.


Ya han pasado 12 años desde aquel momento y ¡se han pasado volando! Soy consciente de que el sacerdocio no es la meta, pues es sólo el inicio de una aventura maravillosa junto a Dios. Me siento feliz de saberme un “elegido” de Dios, que me ha llamado a colaborar con Él en la salvación de las almas. Le pido a Dios que me conceda un corazón siempre dispuesto a amarle sobre todas las cosas y amar a mis hermanos los hombres, como Él los ama. Quiero ser un sacerdote santo. Yo sé que no depende de mis fuerzas; por lo mismo, le pido a Dios su gracia para serlo. Lo que sí puedo es poner todo lo que está de mi parte para colaborar con la gracia de Dios. Creo haber entendido mi misión: ser feliz y ayudar a muchas personas a encontrar la felicidad en Dios.


EL P. GALO GONZÁLEZ COVARRUBIAS nació en Guadalajara, Jalisco (México), el 26 de novimebre de 1978. Estudió en el Instituto Cumbres Bugambilias de Guadalajara y en la preparatoria del Instituto Tecnológico de Monterrey de la misma ciudad. En 1998 ingresó al noviciado de Legión de Cristo en Monterrey (México). Cursó los estudios humanísticos en Cheshire (Estados Unidos). Durante dos años formó parte del equipo de formadores del noviciado de Monterrey y durante tres años fue miembro del equipo de formadores de los cursos de verano de discernimiento vocacional en México. Trabajó en la pastoral juvenil en Morelia (México). Es bachiller en filosofía y teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. También formó parte del equipo de formadores del Centro de Estudios Superiores de los Legionarios de Cristo en Roma. Actualmente desarrolla su labor apostólica en la pastoral con los jóvenes del Movimiento Regnum Christi en en la Ciudad de México.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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