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Somos 3 hermanos con el nombre “Néstor”
VENEZUELA | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Néstor José Guerrero Chacón, L.C.

P. Néstor José Guerrero Chacón, L.C.
P. Néstor José Guerrero Chacón, L.C.


Soy el primero de tres hijos con el mismo nombre; el mayor soy yo, Néstor José, luego Néstor Javier, y por último Néstor Daniel. Cualquiera se preguntará ¿por qué todos con el mismo nombre? la verdad es que hasta la fecha no he tenido una respuesta satisfactoria por parte de mis padres. Mi papá se llama Néstor Antonio y se ve que no quería que ninguno de sus hijos se sintiera menos por no tener el nombre de papá. Él, con todo su buen humor, puso también en la fachada de nuestra casa un pequeño letrero que dice: “Los Néstors”. Ciertamente entre nosotros nos distinguimos por el segundo nombre, pero no era así para las demás personas. Era común que cuando llamaban por teléfono a mi casa y pedían hablar con “Néstor”, había que preguntar: “¿con cuál de los cuatro quiere hablar?”


El primer bautizo a los 10 años


Tendría unos 10 años cuando celebramos el cumpleaños de una tía en casa de mi abuela y como a ella le gustaba coleccionar muñecas le regalaron ese día una muy especial. Entre mis primos y tíos surgió la ocurrencia: “sólo falta bautizar a la muñeca”. Naturalmente todos mis primos queríamos ser los padrinos, pero faltaba el presunto ministro. “¿Quién será el sacerdote?”; todos me miraron sin pestañar y, aunque no estaba muy contento con la idea, acepté. Y así fue, me pusieron encima un vestido negro simulando una sotana y sin muchas ganas pero siguiendo el juego de mis tíos y primos procedí a lo que fue mi primer bautizo. ¿Por qué me escogieron a mí? Es un misterio, porque aunque era el mayor de mis primos no era ni fervoroso ni un pan de Dios; tampoco hizo surgir en mí la idea de ser sacerdote. Años después entendería que eran pequeñas señales de Dios para mostrarme sus caminos. El día después de mi ordenación diaconal tuve la gracia de tener mis primeros dos bautizos reales; quién iba a decir que 20 años atrás jugaba a lo que haría verdaderamente de grande.


El ángel de la guarda


Mi familia es una familia católica sin un fervor religioso
P. Néstor José Guerrero Chacón, L.C.
particular, pero la fe sencilla y los pequeños momentos de oración que aprendí en familia fueron preparando un terreno fértil para recibir la semilla de la vocación. Un ejemplo fue la oración al “ángel de la guarda” que me enseñó mi mamá y que rezaba frecuentemente con ella antes de irme a dormir. Con el paso del tiempo, cuando mi mamá ya no me despedía por las noches, yo seguía rezando aquella oración que aprendí desde pequeño. Fueron ratos de unión con Dios en un diálogo de niño mediante el cual se fue preparando el corazón de un “futuro profesional” de la oración.


El director de la oración


Tuve otras experiencias sencillas que me condujeron a la vocación. Cuando estaba en mi último año de bachillerato organizamos un viaje de fin de semana a Mérida, Venezuela, para visitar el observatorio de aquella ciudad. Antes de que saliera el autobús la profesora pidió un voluntario para realizar una tarea especial, yo me ofrecí inmediatamente y lo que me pidió fue que dirigiera una oración para encomendar el camino. En verdad me dejó pasmado, “¿por qué a mí?”; en fin, no recuerdo lo que dije, quizás fue una oración muy simple, pero tomé conciencia de lo que es un guía, un líder, y por primera vez sentí en cierto sentido la responsabilidad de ser un pastor de almas. Esto dejaría huella más tarde en mi vida dedicada al Señor.


El testimonio de unos padres mexicanos y la vocación


En 1996, cuando yo tenía 16 años, el papa Juan Pablo II visitó Venezuela por segunda vez, y recuerdo que en un discurso a los jóvenes les motivaba para que hubiese más vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. En ese mismo año tuve el primer encuentro con los Legionarios de Cristo. Gracias a la invitación de un amigo que me había comentado lo bien que se la pasó con aquellos padres mexicanos en un retiro, yo, no sé por qué, le dije: “si alguna vez vuelves a ir con esos padres, me avisas y también voy”.


Al poco tiempo recibí la invitación. Desde el primer momento sentí una atracción especial hacia ese tipo de sacerdote que no había visto antes: las charlas, los vídeos, la convivencia, el deporte, además de la oración y la finura en la liturgia, me dieron una profunda sacudida en el alma. En ese fin de semana pensé por primera vez, de manera formal, en la posibilidad de ser sacerdote y sacerdote en la Legión de Cristo. Yo mismo me preguntaba: “¿yo sacerdote?, ¿y con estos padres?”, y me respondía: “¿por qué no?” A partir de ese momento sentí una gran ilusión y seguridad en querer seguir este estilo de vida junto al Señor, aunque todavía pensaba en las otras posibilidades que dejaba de lado.


¡Un año en “stand by”!


El tiempo fue pasando y comenzaron a surgir dificultades de todo tipo: tenerlo que afrontar ante mis padres, después con los familiares, los amigos y las amigas. A veces parecía que todo estaba en contra y la duda iba y venía. Finalmente, después de hablarlo con mis padres, mi papá me pidió que esperara un año e iniciara la universidad. Empecé un curso propedéutico en la universidad y mientras tanto iba a convivencias, misiones y actividades con los padres legionarios de Cristo, sin dejar de ir a las fiestas con mis amigos. La gracia de Dios me ayudó a dar el paso definitivo con una decisión más madura.


Ese mismo año me di cuenta también de que el buscar aventuras, experiencias nuevas y muchas amistades no me llenaba el alma, es decir, cuando iba a fiestas y con otros pasatiempos ciertamente disfrutaba mucho, pero luego llegaba a casa y me preguntaba: “¿y después qué?”, “¿con qué me quedé?”, “¿y para el futuro de qué me sirve todo esto?”. Nada me llenaba el vacío que llevaba por dentro. El darle vueltas a todas estas cosas en muchos momentos y circunstancias me ayudó a madurar la decisión que estaba a punto de tomar. De este modo, la decisión de dejarlo todo para seguir a Cristo fue firme como roca.


“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”


Después de encarar la decisión delante de mis padres y de contar con su apoyo, entré en el noviciado de los Legionarios de Cristo en Monterrey, México, con todo lo que implicó salir del país y dejar lejos a los seres queridos, pero el Señor nunca me dejó solo. A mis padres y a todos mis familiares les debo un infinito agradecimiento por su fe y por la compañía que siempre me han confiado a lo largo de todos estos años de formación para el sacerdocio a pesar del sacrificio de estar lejos.


He pasado por Estados Unidos, México e Italia, la Legión de Cristo me ha abierto los horizontes y ha sido tanto lo que he recibido en estos 13 años de formación que no tendré manera de agradecerlo. Ha sido un enriquecimiento integral en todos los campos. Yo sólo le dije “sí” a Dios y Él no ha dejado de darme el ciento por uno. El Señor tiene un plan para cada uno en esta vida, encontrarlo es la clave de la felicidad.


Este recorrido por lo que ha sido mi vida es como ver un rompecabezas que ya está bastante adelantado pero no terminado, ya se ve mejor la figura pero es evidente que el Señor tiene un plan mucho más amplio; el sacerdote no es para sí mismo, es para los demás. Cuántas almas he podido ayudar en estos años como religioso, y cuántas más podré ayudar como sacerdote predicando el Evangelio de Jesucristo. Descubrí que no hay mayor felicidad en este mundo que gastar la vida para la gloria de Dios y el bien de las almas ¡Qué buenos tiempos para ser sacerdote hoy!


EL P. NÉSTOR JOSÉ GUERRERO CHACÓN nació en San Cristóbal, Táchira (Venezuela), el 15 de octubre de 1979. Es el mayor de 3 hermanos. Estudió en el colegio Cervantes de San Cristóbal. El 14 de septiembre de 1997 ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México). Cursó los estudios humanísticos en Cheshire, Connecticut (Estados Unidos); posteriormente estudió filosofía en Nueva York (Estados Unidos). Durante tres años fue formador en los seminarios menores de la Legión de Cristo en México D.F. y de Monterrey (México). Es licenciado en filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en la ciudad de Roma. Actualmente está realizando la licenciatura en teología moral en el mismo ateneo.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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