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Un don y un misterio
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Rodrigo Hernández Preciado, L.C.

P. Rodrigo Hernández Preciado, L.C.
P. Rodrigo Hernández Preciado, L.C.


Me llamo Rodrigo Hernández Preciado y nací en la ciudad de Guadalajara, Jalisco el 2 de junio de 1979. Soy el segundo de cuatro hijos. Mi papá es médico pediatra, y de él he recibido siempre un grandísimo ejemplo de vida. Siempre me ha edificado mucho su entrega y dedicación a su trabajo. Con mucho orgullo veía que sus pacientes, al igual que sus familiares, lo saludaban con tanto gusto cuando lo veían en la calle. Me daba la impresión de que mi papá estaba haciendo lo correcto y además lo que le gustaba, pues es muy evidente que le encanta su trabajo.


Mi mamá ha estado siempre con nosotros. Es increíble cómo ha sabido estar muy presente y cercana cuando la necesitábamos y conceder espacios cuando teníamos que dar algunos pasos solos para seguir creciendo y madurando. Pero en definitiva, siempre ha estado ahí, acompañándonos, orientándonos, esperándonos, dándonos testimonio y velando por el buen ambiente de la familia.


Mis papás nos educaron con su ejemplo y sus palabras. Ha sido siempre muy enriquecedor recibir los principios y constatar que se esforzaban ellos mismos por cumplirlos. El tema religioso siempre estuvo muy presente, se enseñaba y se vivía de una manera muy natural. Todos fuimos a misa juntos, hacíamos la fila para ir a comulgar y, cuando era necesario, para irnos a confesar. Siempre me edificó mucho ver a mis papás y a mis hermanos en la fila para confesarse, sobre todo, cuando yo mismo necesitaba recuperar la plena amistad con Cristo. Se supieron ayudar muy bien de mis familiares y del colegio para reforzar en mí todas estas enseñanzas. Rezábamos cuando salíamos en la mañana al colegio, cuando visitábamos alguna iglesia, cada quien en las noches, el rosario cuando estaba mi abuela, y nos llevaba a visitar a la Virgen y a llevarle flores de vez en cuando.


El colegio y la primera vez


Todos mis hermanos estudiamos en el Instituto Cumbres Bugambilias, mi hermana mayor fue del grupo fundador del colegio (ahora Instituto Alpes, que es el de niñas) y de la primera generación en recorrer todos los años de formación del colegio.
P. Rodrigo Hernández Preciado, L.C.
Mi generación fundó el Instituto Cumbres San Javier cuando estábamos en los primeros años de primaria. Yo me quedé en el Bugambilias y terminé la preparatoria en el verano de 1998.


Del Cumbres he recibido muchísimo: muy buenos amigos, una buena y muy completa formación y, sobre todo, todas las herramientas para formar mi conciencia.


Cuando estaba en sexto de primaria me invitaron a formar parte del club del ECYD (Educación, Cultura y Deporte) y acepté con mucho gusto, pues mi hermana ya formaba parte del ECYD de niñas y ya había visto lo bien que se la pasaban. Teníamos las actividades una tarde por semana en el colegio. Un día, después de haber estado jugando un rato, el religioso legionario que se encargaba de nosotros nos llevó a la capilla para hacer una reflexión evangélica. Leyó uno de los pasajes en los que Cristo llama a algunos de sus discípulos. Cuando terminó me puse a pensar sobre lo que acababa de escuchar y la verdad es que no me acuerdo de lo que después nos dijo el hermano, pues estaba muy metido en mi propia reflexión, que fue la siguiente: “¿Cómo tuvo que haber sido Cristo para que esos hombres lo hayan dejado todo para seguirlo? ¿Cómo los miró, qué había en Él y qué había en ellos para que Cristo los invitara? ¡Qué privilegiados! Cristo los escogió.” Después pensé: “Y si yo hubiera vivido en sus tiempos, ¿Cristo me hubiera escogido…?” Esa tarde en la capilla del Cumbres, en el segundo piso del edifico de primaria, Dios me ayudó a entrever que Él es el que escoge a sus seguidores, y la verdad, en aquel momento, por primera vez me hubiera gustado ser uno de ellos.


Se me pasó


El siguiente año comencé la secundaria y me interesaba en todo lo que fuera deportes, estar con mis amigos y el nuevo grupito de amigas que estábamos conociendo. A inicios de segundo de secundaria dejé de asistir a las actividades del ECYD y me dedicaba más a los deportes y amigos. Después comenzaron las fiestas de quince años, la primera novia, el paso a la preparatoria, los primeros viajes con los amigos, el paso de las fiestas de quince años y reuniones en casas a que nos dejaran entrar a las discotecas. Por fin, los dieciocho años y algunos viajes al extranjero con amigos, el primer coche, iniciar a formar parte del Regnum Christi. Mil actividades y compromisos me mantenían ocupado, que me ayudaban a crecer, que me ofrecían retos y oportunidades para ir delineando lo que sería mi futuro. En esos tiempos también metí la pata una que otra vez, pero agradezco mucho todo lo que mis papás y el colegio me enseñaron, pues en ello encontré todo lo necesario para levantarme y seguir adelante.


La preparación inmediata al llamado


Me gradué de preparatoria en el verano de 1998. Estaba muy contento y feliz de todo lo que había vivido en el Cumbres. Fuimos una generación muy unida, teníamos una buena relación con los profesores y con las demás generaciones. Por ejemplo, en el último torneo nacional de fútbol (el Torneo de la Amistad), que se organiza entre todos los colegios de la Legión de Cristo en México, ganamos el primer lugar con un equipo formado por alumnos de toda la preparatoria. Fue un triunfo de todos.


Terminé con la ilusión de comenzar cuanto antes la universidad para estudiar medicina. Hice el examen para entrar en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) y no salí entre los aceptados. Al inicio pensé: “No pasa nada, tendré un semestre muy a gusto”. Pensé en irme al extranjero pero tenía encuartelada mi cartilla militar, así que no había más opción que buscar algún trabajo o curso que me ayudara a prepararme para la carrera.


Sinceramente no pensaba en cambiar de opción, quería estudiar medicina, lo había ya pensado mucho y estaba muy seguro e ilusionado con ello. En septiembre de 1999 entré a la Cruz Verde de Zapopan como voluntario y ayudaba al equipo de médicos y paramédicos en su trabajo en las ambulancias. Fue una gran experiencia. Sin darme mucha cuenta me estaba haciendo muchísimo bien, me estaba ayudando, entre otras cosas, a dejar de ser tan superficial. Pero Dios comenzó a preparar el terreno para la llamada.


El semestre “a gusto”, sin serios compromisos de estudio y mucho tiempo para salir con mis amigos, y que sería una experiencia única, se convirtió en un tiempo de una seria crisis. Comencé a experimentar algo muy especial. Ya no me sentía bien conmigo mismo, porque hacía cosas que sabía que no debía hacer y que, la verdad, no terminaba de convencerme de dejarlas porque parecía pasármela muy bien. Sin embargo era una felicidad hueca, fugaz, que duraba lo que duraba el viaje, la salida, la noche, el momento.


En noviembre de ese mismo año fui a Manzanillo de fin de semana con mis amigos y amigas. Todo pintaba muy bien, pero las cosas no se dieron como pensaba. Unos amigos se vieron involucrados en un pleito en una discoteca y uno de ellos quedó muy mal herido. Me tocó ayudarlo y llevarlo al hospital. Había visto cosas iguales y hasta peores en la Cruz Verde, pero todo cambia cuando el rostro que sufre es el de un amigo. Lo tuvieron que operar y, gracias a Dios, salió bien, pero esa experiencia fue muy importante para mí. Quería cambiar, quería que las cosas fueran de otra manera, quería transmitir eso a mis amigos y no me sentía con las fuerzas para dar los pasos que veía que tenía que dar.


A inicios de diciembre terminé el voluntariado en la Cruz Verde y me liberaron la cartilla militar. A los pocos días estaba sentado en un avión rumbo a California para pasar dos meses con una familia americana, parroquianos de mi tío, el P. Rodolfo Preciado, en aquel entonces párroco de una iglesia en Garden Grove, California. Fue una gran experiencia, la familia me trató de maravilla, conocí a personas muy buenas, el cambio de ambiente fue muy positivo y mi tío fue una gran ayuda para profundizar en mis reflexiones e ir dando pasos hacia una vida más coherente. Al final de los dos meses llegué a la conclusión de regresar para estudiar medicina en la UAG y de hacer lo posible para llevar una vida más de acuerdo con toda la educación que había recibido, sobre todo, con mi fe.


La llamada


El último día en California me hicieron una fiesta de despedida en la casa en la que vivía. En un momento de la fiesta una amiga me dijo, totalmente fuera de contexto, lo siguiente: “Rodrigo, ¿por qué no te quedas aquí y entras al seminario y te vuelves sacerdote como tu tío?” Ciertamente, la convivencia con mi tío me había gustado mucho y había aumentado mi admiración y respeto por la figura y la misión del sacerdote, pero a pesar de eso ya había decidido, por segunda vez, ser médico. Pero a partir de ese momento, completamente inesperado, muy fuera de contexto y para nada buscado, no he podido dejar de pensar en el sacerdocio.


La respuesta


Regresé a Guadalajara a finales de enero de 1999 y comencé mis estudios de medicina en la UAG. No podía dejar de pensar en el sacerdocio. Se lo comenté a mi mamá y me dijo que estudiara con ganas este semestre y lo platicaríamos en el verano. Yo me lo tomé en serio y me puse a estudiar como nunca, me gustó muchísimo la carrera, pero no era posible olvidar el sacerdocio.


Yo no entendía de dónde venía esta idea tan fuerte del sacerdocio. Pensaba: “No puede ser idea mía, pues yo había decidido ser médico. Tampoco puede ser de mi amiga de California, pues dudo que lo haya dicho en serio; tampoco de mi tío, pues nunca me lo dijo, ni de los padres del Cumbres, pues nunca me invitaron. Si no era de ninguno de ellos, entonces, ¿de quién?” Concluí que no podía ser de alguien más que de Dios y si era de Dios; ¿cómo le iba a decir que no? Le dije que sí y le pedí desde lo más profundo de mi corazón que me ayudara a responderle.


A partir de ese momento recibí, de parte de Dios, toda la ayuda necesaria para dar los pasos que me pedía. Le pedí que me ayudara a volver a las actividades del Regnum Christi y a los pocos días, un amigo me invitó en una reunión a formar parte de un nuevo equipo que estaba comenzado. Le pedí un director espiritual que conociera y a los pocos días, me llamó a mi casa un consagrado del Regnum Christi que había conocido hace mucho en el Cumbres y que estaba de regreso en Guadalajara y me ofrecía ser mi director espiritual. Yo acepté, medio asustado, y comenzamos a trabajar. No le dije que estaba pensando en el sacerdocio, pero sí le pedí que me ayudara a cambiar y así lo hizo. Me esforzaba muchísimo en cumplir todo lo que me pedía: rezar en las mañanas, leer el evangelio, hacer visitas a Cristo Eucaristía, ir a misa entre semana, rezar en las noches, ir de misiones y demás. Todo me fue ayudando a conocer más a Cristo y a dar el paso para ir detrás de sus huellas para siempre.


No fue fácil decírselo a mi familia. No fue fácil su primera reacción, pero todos me han apoyado muchísimo, y es un apoyo que me sigue acompañando. Lo mismo pasó con mis amigos, pero gracias a Dios, también me han apoyado desde el inicio.


Salí de Guadalajara a finales de junio de 1999 hacia Monterrey para comenzar el curso de discernimiento vocacional de los Legionarios de Cristo con la firme decisión de responder al llamado de Cristo, pues, si de algo estaba y sigo convencido, es que la llamada es de Él. Este curso me ayudó muchísimo a descubrir que efectivamente la vocación sacerdotal es un auténtico don de Dios. Un don gratuito, completamente desinteresado, pues Él no se fija en los méritos personales de quien lo recibe. Dios nos la regala gratuitamente y esto lo hace un verdadero misterio de su misericordia. Yo no podría responder si alguien me preguntara: “¿Por qué Cristo te llamó a ti?” Sólo le podría decir que me ha llamado y no he querido perder el tiempo en investigar por qué, sino que más bien lo quiero invertir todo en responderle.


EL P. RODRIGO HERNÁNDEZ PRECIADO nació en Guadalajara, Jalisco (México), el 2 de junio de 1979. Estudió en el Instituto Cumbres Bugambilias. Cursó un semestre de medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). En septiembre de 1999 inició su noviciado en Gozzano (Italia). Cursó los estudios humanísticos en Salamanca (España) y dos años de filosofía en Nueva York. Durante tres años fue miembro del equipo de formadores de la preparatoria del Instituto Cumbres de Mérida (México). Estudió teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma). Desde el verano de 2010 es director de grupos de jóvenes del Regnum Christi en la ciudad de Mérida.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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