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¡Con María todo, sin ella nada!
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Roel Osorio Villaseñor, L.C.

P. Roel Osorio Villaseñor, L.C.
P. Roel Osorio Villaseñor, L.C.


Viernes 20 de octubre de 2006, 9:45 p.m., Jalapa, Veracruz. La lluvia suave pero constante, las calles hechas un lodazal, y yo, perdido. ¿Qué hace un seminarista enlodado, en la calle, a esas horas, mojado, perdido y solo? Lo de cada momento: esforzarse por llevar adelante la voluntad de Dios. Debía haber llegado al Centro Misionero en Chilapa, al inicio de la tarde. Para llegar ahí, debía haber tomado el autobús rural que subía por la montaña desde Jalapa hasta Chilapa. Pero a causa de la lluvia todo se complicó y yo no tenía ni idea de qué hacer.


Era la primera vez que pisaba Jalapa y que intentaba subir al Centro Misionero. Esa misma mañana había estado en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México. Ahí había renovado mi consagración a María. Exactamente igual que las miles de veces que me he consagrado a Ella, aunque no todas desde su santuario y bajo su imagen sagrada.


Conociendo a María


Tenía unos cinco años cuando, por primera vez, tuve conciencia de la Virgen María en mi vida. Mi mamá nos había recogido del jardín de niños a mi hermana gemela y a mí. Al subir las escaleras de casa encontramos un cuadro enorme, como dos veces y medio más grande que yo, con una imagen pintada de Santa María de Guadalupe. Era hermosísima. Un regalo hecho a mi papá por alguien que sabía de su piedad. Desde entonces Ella nunca dejó de presidir la casa y cuidarnos a mis papás, mis dos hermanos mayores, mis dos hermanas y a mí.


Más o menos por esas fechas mi abuela materna vino de visita a casa. Ella siempre fue hija cercana de María. Fue ella quien nos platicó la historia de las apariciones a Juan Diego. Nos enseñó a rezar el rosario frente a la imagen de María y a acudir a ella con confianza ante cualquier necesidad. Así es como Cristo fue entrando en mi vida: por medio de su mamá. Así es como María me fue llevando a su hijo: por medio de su presencia, a veces sutil, pero constante. Yo creo que su compañía
P. Roel Osorio Villaseñor, L.C.
maternal no comenzó a los cinco años, sino desde el inicio de mi existencia. Mi hermana Gabriela y yo fuimos un “pilón” en la familia después de ocho años de que mis padres no tuvieran más hijos. Nacimos dos meses antes de lo previsto y era un 25 de marzo. Fuimos bautizados en la incubadora con probabilidad de no sobrevivir. Una de esas dos “ratitas”, de kilo y medio cada una, hoy es un regalo del amor incondicional de Dios para la humanidad: un sacerdote, otro Cristo.


Experimentando a María


¿Cómo dudar entonces de que María me ayudaría a encontrar el camino y el medio para llegar a Chilapa a pesar de estar perdido y enlodado hasta los tobillos? Yo ya estaba cansado y enfadado, pero María tenía planes para mí esa noche.


De hecho siempre ha sido así. A lo largo de mi vida, ella se las ha ingeniado para entrar en acción, conquistando mi corazón y voluntad, para hacer la voluntad de Dios y llegar así al sacerdocio. Muchas veces me hizo experimentar su presencia y acción de formas inesperadas. Cuando tenía once años visitaron mi colegio dos padres legionarios de Cristo. En la generación éramos unos ochenta y cinco hombres. Nos platicaron algo que no recuerdo y nos hicieron una pregunta por escrito: “¿Si Cristo te llamara a ser su discípulo qué le dirías?” Yo no quería ser su discípulo, pero si Él me llamaba, no creía poder responderle algo distinto a la respuesta de María: “Hágase en mí según tu palabra”. Eso fue lo que contesté. Nueve de toda la generación fuimos invitados a conocer el seminario menor de los legionarios de Cristo durante tres días. Me encantó. Quizá habría sido un seminarista feliz ahí, pero mis papás no lo vieron conveniente. Dios supo esperar, y María no dejó de trabajar.


Mi familia siempre se ha esforzado con sinceridad por estar cerca del amor de Cristo en la Iglesia. Mis papás practican la caridad y nos han enseñado a vivirla, sobre todo con los más necesitados, sea a nivel material, sea a nivel moral. Esa semilla fue creciendo en mí con mucha naturalidad: visitar orfanatorios, cuidar enfermos, participar en misiones con la escuela, etc. Pero en la adolescencia también me encontraba de repente caminando por la vida con lodo hasta los tobillos: fumar, tomar, fiestas no muy sanas, etc. Esas cosas que lo cautivan a uno y, sin querer, lo van haciendo cada vez un poquito más superficial, un poquito más egoísta y un poquito menos sensible a la voz de Dios. Pero Él es fiel y paciente. Siempre encontró la forma de hacer presente su amor incondicional bajo el rostro de María, y ella encontró muy buenos aliados en mis papás; en la cercanía y buen ejemplo de algunos jesuitas del colegio: el P. Sanchitos, el P. Polo; en el P. Burciaga, misionero del Espíritu Santo que trabajaba con los jóvenes en la parroquia. Fue él quien me ayudó a ver como un gran don la cercanía de María. Él me enseñó una jaculatoria que me ha acompañado toda mi vida: “¡Con María todo, sin ella nada!” ¿Y los Legionarios de Cristo? La verdad, tuve pocas referencias de ellos durante los años de secundaria y el inicio de la preparatoria, y también algunos comentarios negativos.


Ya en segundo de preparatoria hice amistad con el P. Juan Pedro, hoy un gran hermano legionario para mí. Platicábamos de cuando en cuando, aunque nunca quise participar en nada de lo que me invitaba. Una vez, recuerdo haberle dicho: “Yo no quiero ser sacerdote; pero si quisiera serlo, sería jesuita o del Espíritu Santo. Jamás legionario”. Yo creo que Dios se habrá reído mucho al escucharme.


Después de que me dejé seducir por tantas diversiones que se presentan en la vida, y que te ayudan a crear falsas seguridades personales, Cristo me tuvo que ayudar a despojarme de ellas. De esa forma pude darme cuenta de que sin Él y sin el cuidado de su mamá no soy nada. Entonces pude conocer que su amor es incondicional. Entonces pude escuchar su invitación a seguirle. Ese proceso de abandono en el amor incondicional de Dios suele ser sorpresivo. Simplemente inoportuno. Cuando menos te lo esperas.


Movido por María


Así fue aquella noche en Jalapa en medio de mi cansancio y frustración. De pronto sentí cómo me jaloneaban el saco. Al volver la cabeza vi que era una mujer con no muy buenas intenciones, por cierto. Comenzó a hacerme proposiciones y a molestarme. Dentro de mí estallé. ¿No tenía suficiente con estar perdido, sin dinero, mojado, enlodado y con hambre? Me zafé de ella y le exigí respeto. ¿Que no veía mi distintivo clerical? Ella al reconocerlo no dejó de burlarse de mí e insultarme. En mi interior recordaba aquella mañana tan buena a los pies de Santa María de Guadalupe, renovando mi consagración a ella. Mi consagración a Dios por medio de ella. ¿Por qué permitían esto ahora? De pronto pensé: “Pídele ayuda a esta mujer. No hay nadie más por aquí que te pueda ayudar”. Así lo hice. Claro que se rió con más fuerza. Yo también pensaba: “Roel, ¿eres tonto o qué? ¿Cómo piensas que te va a ayudar?” Pero en vez de ceder, se lo volví a pedir. Le conté que esa mañana había estado en México, en la Basílica de María de Guadalupe, que ahora debía llegar a Chilapa para misionar y que estaba perdido. La mujer dejó de hablar, me miró llevándose las manos a la cara y comenzó a llorar. Desanudó la chaqueta que llevaba en la cintura y se la puso, comportándose con mayor modestia. Me dijo que desde niña no había vuelto a pensar en la Virgen de Guadalupe. Su madrina le había enseñado a rezarle frente a una imagen, pero al crecer no lo había vuelto a hacer más. Sólo entonces comprendí por qué estaba ahí esa noche. ¡Cuántos hilos es capaz de mover la Madre de Dios para acercarse a nosotros, sacarnos del lodo y llevarnos a su hijo!


Siendo de Cristo con María


Terminé la preparatoria con los jesuitas y me fui un año a estudiar a los Estados Unidos. Comencé la carrera de mercadotecnia en la universidad y continué con el teatro (una de mis actividades favoritas desde los 10 años). Tenía una novia excelente, me divertía mucho en las fiestas, como miembro de la sociedad de alumnos, viajando con mis amigos, con mi familia… pero no todo andaba bien: Rick, un amigo de Wisconsin intentó suicidarse. Manolo, uno de mis mejores amigos de la preparatoria, estaba sufriendo muchísimo a causa de las drogas. Una persona muy querida estaba esclavizada por la bulimia. El sufrimiento de los demás me molestaba. Me hacía sufrir. Después de volver de una fiesta estaba incómodo. Algo pasaba. Llegué a casa, veía la pintura de María, me detuve ante ella, y era como si algo me estuviera pidiendo. Había que solucionar esto.


Un día, platicando con el P. Juan Pedro, le pedí que me invitara a una convivencia de discernimiento vocacional. Sí, ya sé lo que se puede pensar: ¿por qué no con los jesuitas o con los misioneros del Espíritu Santo? Yo mismo me lo he preguntado y sólo encuentro una respuesta: los planes de Dios son excelentes ¡y muy diversos a los nuestros! Esa convivencia fue en el seminario de los Legionarios de Cristo en Monterrey. Era diciembre de 1996. Volví a una segunda convivencia de discernimiento en la Semana Santa. El 21 de junio de 1997 entré en el mes de prueba vocacional de verano. Y desde entonces soy, inmerecidamente, legionario de Cristo. Un legionario de Cristo y de su Madre Santísima.


¿Qué pasó en el lapso desde diciembre hasta Semana Santa y después hasta el verano de 1997? ¡De todo! Fue una lucha interior intensa por no querer renunciar al mundo, a la vez que no quería ya soltar lo que Cristo y su mamá me venían ofreciendo. Al final ella me ayudó y el amor de Cristo venció en mí: dejé a la familia, la novia, mis amigos, el teatro, la universidad, los antros, mi almohada, mis jeans, bailar (que tanto me gustaba)… pero si me lo preguntan, puedo decir con toda sinceridad que soy muy feliz.


¿Cómo llegué a Chilapa aquel 20 de octubre de 2006? La mujer que encontré me ayudó. Rezamos juntos tres avemarías por ella, se encomendó a la Virgen pidiendo que la ayudara a dejar la prostitución, me llevó hasta el autobús (era el último que subía esa noche por la montaña y llegamos casi cuando arrancaba), me dio los cinco pesos que costaba el pasaje, me pidió oraciones por ella y se fue caminando mientras abrazaba el rosario que le dejé.


Sí. Lo puedo afirmar y repetir con total convencimiento: viviendo del amor de Cristo en el corazón de María, y llevándolo a los demás, soy inmensamente feliz.


EL P. ROEL OSORIO VILLASEÑOR nació en Querétaro (México), el 25 de marzo de 1977. Estudió en un colegio de los jesuitas de León, Guanajuato. Estudió psicología y cursó un año de Mercadotecnia en el ITESM, campus León. El 14 de septiembre de 1997, ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey. Cursó los estudios de humanidades clásicas en Salamanca (España). Durante un año fue miembro del equipo de formadores del seminario menor de la Legión de Cristo en Ontaneda (España). Trabajó dos años como profesor de formación católica en el bachillerato del instituto Oxford, en el sur de la Ciudad de México. Ahí colaboró también como orientador espiritual en los clubes juveniles y en el movimiento Regnum Christi. Cursó la licenciatura en filosofía y el bachillerato en teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Actualmente trabaja en España como orientador espiritual y asesor vocacional de jóvenes.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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