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Con sólo diez años
ESPAÑA | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Samuel Sanabria Martínez, L.C.

P. Samuel Sanabria Martínez, L.C.
P. Samuel Sanabria Martínez, L.C.


Entré a la Legión de Cristo en agosto de 1989 con sólo diez años. “¡Diez años! ¡No sabía lo que hacía! ¡Ha perdido lo mejor de su vida!”. Frases como éstas podrían pasar por la mente de algunos. Comprendo que quizá no lo entiendan, pero a pesar de todo es Dios y sólo Dios quien lo quiso así. Creo que nadie se escandalizó porque a Andrés Iniesta, cuando era niño, se lo llevaron a las fuerzas básicas del Barcelona y decidió ser futbolista. Y pienso que nadie se hubiera molestado de que los niños de Timbiriche o Parchís comenzaran su carrera de cantantes cuando eran pequeños. Yo no escogí a Dios, Él me escogió por su infinita misericordia.


Un llamado sorpresivo


Nací en una ciudad de España tranquila, sencilla y religiosa: Cuenca. De mis padres y de mi hermana recibí mucho cariño y siempre me han manifestado su gran amor. Comencé a tener muchos amigos y amigas desde pequeño; era juguetón pero también a veces algo tímido; me gustaba el fútbol, aunque soñaba con ser cantante. Yo era de los pocos del grupo que participaba con frecuencia en la vida parroquial, pero nunca se me ocurrió que el sacerdocio podría ser una posibilidad de vida. Conocía a varios sacerdotes muy amigos, leía las invitaciones para pasar el verano en el seminario menor de Cuenca, pero mi ilusión era el matrimonio. Sin embargo, cuando conocí al primer sacerdote legionario de Cristo, el P. Luis Martín, vi que yo podía ser como él, y esto significó para mí una sorpresa y una novedad. Tengo que agradecer a Maricarmen Berenguel, una mujer santa, madre de una consagrada del Movimiento Regnum Christi, que siendo mi catequista me mostró esta vocación.


Una elección inmediata


Una convivencia y una semana durante el verano fueron suficientes para percibir que ése podría ser mi camino. Fue un sí generoso y una elección inmediata. En mi mente de niño significaba una ilusión basada en la fe y en el amor, dado que lo único que estaba claro era que yo poseía un corazón enorme que no podía más que amar a todos, entregándome con totalidad;
P. Samuel Sanabria Martínez, L.C.
esta motivación permanece grabada en mi corazón y no ha cambiado con la edad. Al final de la semana de prueba en el verano, sentía que ese era mi lugar. Aunque ignoraba lo que Dios quería para mí, consideraba con claridad que ese era el momento y no había otro; las palabras “más tarde” me parecían imposibles. Mi madre sabía perfectamente que este insistir mío era algo que procedía de Dios, y con esta motivación convenció a mi padre de que yo siguiese este nuevo camino. Existía algo más que me costaba abandonar: mi familia, mis amigos y el estilo de vida que llevaba, mi ciudad, el fútbol, la parroquia, las procesiones de Semana Santa..., pero Dios me iba otorgando la fuerza para vislumbrar en el horizonte, con plena claridad, la ilusión de que algún día llegaría al altar.


En el seminario menor de Moncada, España


Me integré con facilidad; especialmente a partir del segundo año. Todo era muy normal: mis compañeros, las oraciones de todos los días, los tiempos de diversión y deporte... Pensaba en mi familia no con nostalgia, sino con verdadero amor. El seminario menor constituyó un lugar de felicidad donde maduré paulatinamente y forjé grandes ideales en mi vida. Cuando terminé 2° de BUP (bachillerato) en Moncada, comenzó la decisión para dar el paso al noviciado. Confieso que fue difícil, pues me atraía mucho el mundo, pero Dios me ayudó y pude ser coherente con la elección que había hecho. Durante esos días de prueba me convencí más de esa primera frase que quedó grabada en mi corazón: “mi corazón es muy grande y debo de entregar mi vida totalmente a Dios y a los demás”.


Los años en México, “mi Cumbres”


Para mí, visitar México fue una experiencia inolvidable en mi vida. Durante mis prácticas apostólicas trabajé en la secundaria del colegio Cumbres por tres años y después en la preparatoria. También realicé algún trabajo en la Ciudad de México, Pachuca, Tulancingo y Cuernavaca. He encontrado almas, especialmente en el colegio Cumbres, que me han ayudado en mi vocación, que han sido realmente amigos y compañeros de camino a los que yo pude ayudar con mi trabajo apostólico. A todos y a cada uno les estoy agradecido sinceramente, porque son parte de esta vocación a la que Dios me ha llamado.


Periodos de tempestad


El 15 de septiembre de 2002 mi padre, a quien tanto quise, un hombre honesto, sincero y entregado a nosotros, sufrió un derrame cerebral. Pude acompañarle la semana previa a su fallecimiento cuando estaba en coma. Fue una prueba muy dolorosa, pero gracias a Dios pude contemplar más su vida de amor al lado de mi madre y mi hermana que con tanta entereza sufrieron todo esto. Una prueba de dolor que se transformó en un descubrimiento de amor; ese amor que me impulsó a seguir adelante.


Durante mi vida en la Legión no faltaron momentos de tempestad en los que no entendía pasajes de mi vida y se me hacía cuesta arriba mi vocación. Fueron momentos duros, pero en los que siempre hubo alguien cercano; en primer lugar Jesucristo, y también hermanos sacerdotes y religiosos legionarios con los que pude conversar y recibir consejo, en especial del P. Álvaro y del P. Rodolfo. Creo que la amistad y la hermandad que hay en la Legión siempre nos ayuda a superar todas las dificultades. Afrontar solo las dificultades es lo peor que se puede hacer.


Mi familia de sangre y tantos amigos


Ahora sé que Dios lo quiso así, y a Él le estoy infinitamente agradecido. Dios me llamó y yo respondí libremente, por eso soy libre y sobre todo, lo más importante: soy feliz, porque quise elegir este camino y porque Dios me ha ido guiando. No puedo olvidar a mis padres, a mi hermana y a toda mi familia. También agradezco a mis amigos, entre ellos a algunos sacerdotes y compañeros míos en el seminario menor y en la vida religiosa a los que Dios guió después por otro camino y de quienes recibí un gran ejemplo de sinceridad y generosidad. Siempre los he tenido muy cerca, me han apoyado en cada una de mis decisiones y han seguido con entusiasmo mi camino al sacerdocio. Sólo puedo corresponder a todos ellos con un: “gracias de corazón”. Sin ellos no hubiera sido posible. “Encomienda tus caminos al Señor, confía en Él y Él actuará” (Salmo 36,5).


EL P. SAMUEL SANABRIA MARTÍNEZ nació el 8 de noviembre de 1978 en Cuenca (España). Entró en el seminario menor de los Legionarios de Cristo el 20 de agosto de 1989 en Moncada, Valencia (España). Hizo su noviciado en Dublín (Irlanda). Cursó los estudios de humanidades clásicas en Salamanca (España). Estudió filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Realizó su periodo de prácticas apostólicas como prefecto de disciplina e instructor de formación en la secundaria del Instituto Cumbres de la Ciudad de México por tres años y posteriormente en la preparatoria del mismo instituto durante dos años. Desde julio de 2009 colabora como formador del seminario menor de La Joya en la Ciudad de México.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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