|
|  | |
| P. Aaron Smith, L.C. | |
 |
Mi vida comenzó en Forest Lake, un pequeño pueblo
en el estado de Minnesota, Estados Unidos. Mi padre, católico,
enseñaba guitarra clásica y gracias a él recibí la
fe. Mi madre, metodista, trabajaba durante las noches como
recepcionista en un hospital cerca de casa. Siempre nos
dio un gran ejemplo de amor y fortaleza. Tras unas
pocas horas de sueño, se levantaba para cuidarnos a
mi hermano y a mí cuando volvíamos de la
escuela.
La fe en
mi familia
El camino de
Dios para mi familia empezó a trazarse con mayor claridad
cuando mi padre fue a Medjugorje. Después de volver,
comenzó a rezar el rosario y a ir a
misa todos los días en una parroquia cercana al lugar
donde trabaja. Por las mañanas era frecuente encontrarlo de
rodillas, rezando en su habitación. Mi madre quedó impresionada
al ver cómo mi padre, además de rezar, empezó a
dedicar más tiempo a la familia. Creo que la
alegría con que mi padre vivía su fe y
todas sus oraciones ganaron de Dios las gracias necesarias para
la conversión de mi familia.
La gracia le llegó primero a mi madre, quien
dos años después se convirtió a la fe católica.
Después a mi hermano Jason, que tras sus experiencias en
un grupo de oración durante un viaje a Medjugorje,
volvió y nos dijo que quería ser sacerdote. Ese
mismo verano fue a un cursillo vocacional con los Legionarios
de Cristo y decidió ingresar. Por último, la gracia
de Dios me tocó a mí. Al visitar a
mi hermano en el noviciado en Cheshire, Connecticut, sentí con
la fuerza interior de la oración, cómo Dios me
estaba llamando a mí también a seguirle más de
cerca por el camino de la vocación sacerdotal en la
Legión. Me gustó mucho el ambiente de caridad, oración
y sana diversión que había en este seminario. Sin
embargo, me resistí a la gracia de Dios y volví
a casa para estar con mis amigos y pasarla
bien, dejando “lo de la vocación” para más tarde,
pues sólo tenía catorce años.
¿Por
qué a mí?
Dios no
|
|  | |
| | |
 |
se quedó satisfecho con mi decisión. Cuando el Señor llama
a alguien no se detiene ante las dificultades. Me
dediqué a llenarme de actividades: concursos de debate, fiestas,
deportes, etc. Mis amigos y yo jugábamos en una liga
de baloncesto los domingos por la tarde. Durante uno
de los juegos íbamos perdiendo, y entonces, queriendo aliviar
la situación, al recibir la pelota debajo del tablero
me lancé para tirar. El defensa contrario saltó para
bloquearme y justo en este momento su codo golpeo con
mi nariz. Caí derramando sangre sobre el suelo. Después
de algunos minutos me recuperé, me levanté, y quedé
sorprendido al ver que mis amigos ya estaban jugando en
la otra cancha. Dentro de mí sentí el llamado
de Dios que me decía que estaba perdiendo mi
tiempo haciendo mi voluntad mientras Él me llamaba a seguirle.
Lo sabía pero todavía no quería aceptarlo. Me preguntaba:
¿por qué a mí?, ¿por qué tienes que llamarme
a mí? Por la tarde mi padre me llevó al
hospital donde el doctor nos dijo que era necesario
operarme la nariz; tenía una doble fractura.
Un par de días después, me encontré acostado
en una cama de hospital con enfermeras dándome calmantes
para anestesiarme durante la operación. Mi madre estaba a
mi lado y sentí la urgencia de decirle a ella
todo lo que pasaba dentro de mí. Escogí el
momento oportuno, me volteé y le dije con franqueza:
“Mamá, tengo vocación a ser sacerdote en la Legión de
Cristo y quiero seguirla.” Ella sonrió y dijo: “Tranquilo
hijo, hablaremos de esto después de la operación, cuando
te sientas bien.” Los doctores vinieron y me llevaron al
quirófano. Después de la operación las enfermeras me condujeron
de nuevo a mi habitación mientras que no dejaban
de reírse por todas “las locuras” que dije bajo
el efecto de las drogas, pues contaron a mi madre
que durante toda la operación estuve repitiendo: “Tengo vocación.
Quiero ser sacerdote.”
Al día
siguiente durante el desayuno, para quitarse la duda, mi mamá
me preguntó: “¿Recuerdas lo que dijiste antes de entrar
a la operación?” Yo le miré con confianza y
le dije: “Sí, mamá, tengo vocación a ser legionario de
Cristo y quiero seguirla.” Entonces entendió bien que no
era ninguna locura. Empecé a ir a adoración eucarística
media hora los jueves en mi parroquia,
St. Peter’s. Junto
con el rezo diario del rosario, me ayudó a
discernir mejor y tener la fuerza para seguir mi
vocación.
Al año siguiente entré
al seminario menor y un año más tarde al noviciado
de los Legionarios de Cristo. Ahora, después de quince
años de formación, mirando hacia atrás, pienso en la
misericordia y paciencia de Dios conmigo. Él ha estado
allí en cada paso, siempre. Sólo con el fuego de
su Amor pudo Dios quemar las cuerdas que aún
me ataban a mi propia voluntad para luego hacerme
plenamente feliz siguiéndole a Él. En medio de la cruz
y cuando las tentaciones asaltan sólo es necesario levantar
la cabeza, mirarle a los ojos, y recordar su
llamado de amor, ese llamado que dice: “Ven y sígueme”.
EL
P. AARON MICHAEL SMITH nació en Forest Lake,
Minnesota (Estados Unidos) el 11 de octubre de 1978. Ingresó
en el seminario menor de los Legionarios de Cristo
en Cheshire, Connecticut (Estados Unidos) en 1995, un año
después de que su hermano, el P. Jason Smith, L.C.,
entrara al noviciado. Hizo dos años de noviciado en
Alemania. Después cursó un año de estudios humanísticos en
Salamanca (España). Ayudó durante cinco años en la pastoral
juvenil en Chile. Es licenciado en filosofía y bachiller en
teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Actualmente
estudia la licencia en teología y colabora también en
la pastoral juvenil en Florencia (Italia).
Los testimonios vocacionales de los legionarios de
Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010
han sido publicados en el libro "Desde el corazón
de Cristo". |