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Semper et Ubique Sacerdos
ESPAÑA | REGNUM CHRISTI | TESTIMONIOS
Una reflexión del P. Jorge Bugallo, L.C. sobre su experiencia sacerdotal en la Legión de Cristo al servicio de la Iglesia: «Tres palabras que resumen una vida. Una manera de ser; una manera de comportarse; una manera de vivir».

El P. Jorge Bugallo, L.C., el día de su ordenación sacerdotal de manos de Mons. Brian Farrell, L.C., el 12 de diciembre de 2009.
El P. Jorge Bugallo, L.C., el día de su ordenación sacerdotal de manos de Mons. Brian Farrell, L.C., el 12 de diciembre de 2009.

No se me olvidará el momento preciso cuando este lema se inoculó en mi mente, y luego en mi corazón. Me estaba duchando después de haber hecho deporte. Mediados de noviembre, en Monterrey. Era diácono y buscaba desde hacía tres semanas un lema para mi recordatorio y no me atraía ninguno. Desde esa ducha, de agua fría para refrescarme, estas palabras latinas, además de grabarse en mi recordatorio de ordenación, se han convertido en la síntesis y resumen de mi vida, mi hoja de ruta y la huella que he de dejar en este mundo.

Siempre y en todo lugar, sacerdote: suena bonito y es apto para grabarlo en papeles y cuadros. Y me gusta que sea así, porque es fácil de escribir y fácil de retener, pero no tan fácil de vivir. Por eso lo llamo mi hoja de ruta y es mi lema constante para no perder de vista quien soy, cómo debo comportarme y cómo debo vivir día a día. Por eso, y como fruto también de mi meditación y reflexión sobre quién soy, qué debo hacer y cómo debo comportarme, escribo las líneas maestras de esta gran hoja de ruta sacerdotal plasmada en este lema.

A) SEMPER:

La palabra “siempre” es unívoca, a tiempo completo. Para un ser humano poder decir que siempre haga esto o lo otro significa rayar en lo imposible, porque te exige una perfección constante en el tiempo. Pero de un sacerdote se espera que SIEMPRE esté ahí, ¿y cómo? Con tres adjetivos: disponible, atento y alegre.

-  Disponible significa para todos y para lo que sea. Aquí está en juego el fuego interior que cada uno lleva por dentro. En vez de cuestionarte tu vida y la de los demás ante aparentes inoportunas peticiones de las personas, si me gusta o no, si estoy cansado o no, si puede esperar o no, salta la respuesta: ¡claro, vamos allá! con lo mejor de mí, para atender en el momento más rápido y oportuno posible la demanda pastoral.

-  Atento se entiende de muchas formas, para mí dos entre otras con actitud positiva y receptiva a todos, y preocupado por cuantos está llamado a cuidar, esto es, a querer de verdad, como Cristo, a las almas encomendadas.

-  Y también alegre, porque cuánta diferencia hay en hacer las cosas por deber o hacerlas feliz y dando lo mejor de ti. Claro, mucho está en cómo estás por dentro, pero por eso un cura siempre tendrá la opción de ser trabajador social o verdadero padre espiritual. 

B) UBIQUE:

Si es todo un reto que siempre seas de una misma forma en el tiempo, más lo es que se mantenga en todo momento. Y es que las circunstancias de la vida nos juegan malas pasadas, con, sin o a pesar de nosotros. Pero del sacerdote se espera que, en todo lugar, se presente como lo que es, a pesar de los tres grandes escollos: me guste, me cueste, me exija.

- Me guste o no: mi vida es para Dios y para los demás, y lo mío pasa a segundo plano, aun bueno y provechoso. ¡Cuántas veces la tentación de aplazar compromisos o, Dios no lo quiera, negar atención pastoral, por la sencilla razón del “choque” de gustos! Que el gusto de Dios y de sus cosas predomine entre los demás gustos.

- Me cueste más o menos: es la refinada excusa de hacerlo, sí, pero en la mayor brevedad de tiempo posible y más por lo que me dan que por lo que doy. Gran tentación ésta, que nos convierte en funcionarios de lo sagrado y no en responsables, puentes y canales de lo sagrado. Que mi misión no se limite a poner “x” a mis tareas, sino sobre todo a ser portador en todo lugar y circunstancia de Dios y de su amor a los demás.

- Me exija más o menos: también nos sucede a menudo. Significa ajustar mi vida, horarios y actividades personales o pastorales en función de lo que no prevemos: las así mal llamadas “urgencias pastorales”; quien te pide esto o aquello, una misa para mañana, una atención inesperada, y así la misma historia día a día, y es que la Providencia nos cambia los planes. De aquí que me muestre disponible y dispuesto, en todo momento, a adaptarme a todos y en todo para mayor gloria de Dios en bien de las almas encomendadas.

C) SACERDOS:

Esta es la palabra más importante porque va a la raíz y toca las fibras íntimas de la persona. Hasta ahora he descrito la parte y faceta externa del sacerdote, y ahora nos sumergimos en lo interno, en la raíz del Semper y el motivo del ubique. Sacerdos: un hombre, tomado de entre los hombres, y puesto en favor de los hombres (Heb 5,1) que actúa en nombre de Dios y es testigo, testimonio ante los demás del amor de Dios hacia cada uno. En estas palabras se puede resumir qué es eso de ser cura, y para expresarlo de otra manera pensé en tres aspectos que no pueden faltarle al sacerdote: es un representante de Dios, guía de las personas y ejemplo de vida.

- Soy un representante de Dios. Fundamental en la vida. Mi vocación y misión es esta, puente entre Dios y las personas. Es la realidad de algo que tú tienes que te sobrepasa, pero que efectivamente llevas contigo. Hago, digo y realizo cosas que producen efectos increíblemente más grandes a lo que dije o hice; esto son los sacramentos, por ejemplo. Por eso, he de ser muy consciente que administro cosas sagradas, los bienes de Dios, soy su representante y esto marca tu vida profundamente.

- Pero además, la manera propia y cotidiana de este ser representante de Dios y de sus cosas (la gracia) se manifiesta en ser guía de las personas. Soy responsable del cuidado del interior de las personas (sin excluir el exterior, claro está) y es aquí donde se marca la diferencia, donde las personas te reconocen como tal. El sacerdote, porque es hombre de Dios, puede hacer y dar mucha luz a las conciencias, paz y tranquilidad y también ayudar y conducir a cada uno por el camino más adecuado. Por eso la predicación y la pastoral catequética, la orientación espiritual y la administración de los sacramentos hacen del sacerdote una persona muy particular, un verdadero y eficaz guía de las personas.

- Y de entre todas las notas que hoy más hacen falta a un sacerdote, es el ejemplo de vida, no porque no se note, sino porque hemos de reflejarlo más. ¡Cuánto bien hacemos a los demás si vivimos nuestra vida a fondo! Somos personas normales, que en nuestra normalidad, hacemos de lo normal algo grande; mejor, algo santo. No somos personas amargadas sino alegres y felices por lo que somos, lo que hemos recibido y hemos de transmitir, nada menos que el amor de Dios.

Gracias a Dios conocemos –y conozco– a muchos hermanos míos en el sacerdocio que reflejan lo que son y transmiten lo que viven. Precisamente a ellos, y a todos, les agradezco su fidelidad y su ejemplo. Dios nos necesita (¡qué impresionante!) para iluminar este mundo, para llevar su mensaje de paz y amor y para regalar semper et ubique la salvación a través de su gracia, que ha depositado en mis manos y en las de todo sacerdote.

Así que ahí está el horizonte plasmado en estas tres palabras. Sólo no podré, pero con la ayuda de Dios y las oraciones y buenas obras de muchas personas, confío alcanzarlo. No importa lo inútiles que seamos –que soy- sino sobre todo cuánto podemos serle útiles a Dios y a nuestros hermanos, los hombres, semper et ubique, como sacerdote.

*****

El P. Jorge Bugallo García nació en Ponferrada, León (España), el 13 de septiembre de 1977. Ingresó en el centro vocacional de la Legión de Cristo el 19 de julio de 1989 en Ontaneda, Santander (España). Hizo su noviciado en Salamanca (España), donde cursó también sus estudios humanísticos. Es licenciado en filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, donde también concluyó sus estudios en teología. Ha colaborado durante seis años en la pastoral educativa tanto en España como en México y como profesor y formador en el centro de noviciado y humanidades que la Congregación tiene en la ciudad de Monterrey (México). Actualmente es asesor espiritual de los alumnos del Colegio CEYCA primaria. El P. Jorge fue ordenado sacerdote por Mons. Brian Farrell, L.C., secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el 12 de diciembre de 2009, en la Basílica de San Pablo Extramuros.

El testimonio vocacional del P. Jorge, se puede leer en este enlace.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2011-01-27


 

 


 



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