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Ser misionero: una gran oportunidad
ITALIA | REGNUM CHRISTI | ESPIRITUALIDAD
Carta del P. Álvaro Corcuera, L.C., a los participantes en las misiones de evangelización 2011.

Misiones 2011.
«Uno de los grandes retos de la nueva evangelización es lograr que todos los católicos conozcamos bien nuestra fe».

El P. Álvaro Corcuera, L.C., director general de los legionarios de Cristo y del Regnum Christi, escribió la siguiente carta dirigida a los participantes de las misiones de evangelizción de Semana Santa 2011, organizadas por los apostolados del Movimiento, principalmente por Juventud y Familia Misionera, y apoyando a las diócesis durante los próximos días santos.

*****

¡Venga tu Reino!

Roma, 8 de abril de 2011

A los participantes en las misiones de Semana Santa

Muy estimados en Jesucristo:

Hace algunos días recordamos de modo especial a nuestro querido Juan Pablo II, que hace seis años terminó su paso por este mundo. Recordamos con emoción las imágenes de sus últimos días. Especialmente nos impresiona la foto en que le vemos en su capilla, rezando el Via Crucis, abrazando el crucifijo. ¡Nos llena de alegría saber que en unas semanas se celebrará su beatificación!

De él podemos decir, como de Cristo, que pasó haciendo el bien, que vivió amando y entregándose a los demás. En él tenemos un ejemplo de lo que es «ser misionero», vivir para realizar la misión que Dios nos confía. Teniendo así fresco en la memoria y en el corazón su testimonio, ahora que ustedes se preparan para participar en las misiones de evangelización quisiera compartirles estas reflexiones sobre una más de las obras de misericordia espirituales. Hace un año tratamos el perdón, el consuelo y la paciencia. En esta ocasión les propongo otra: enseñar al que no sabe.

Uno de los grandes retos de la nueva evangelización es lograr que todos los católicos conozcamos bien nuestra fe. Hay una gran necesidad de formación, de catequesis, de reflexión sobre las verdades que creemos para que no sea algo superficial, algo que heredamos pero no hacemos propio. Nosotros mismos lo experimentamos y por eso buscamos continuamente profundizar más en todo esto. Sabemos que no se ama lo que no se conoce. San Pablo pregunta en su carta a los Romanos: «¿Cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica?» (Rm 10, 14). Quienes más oportunidades
Misiones 2011.
«Quienes más oportunidades hemos recibido, estamos llamados a compartir este tesoro».
hemos recibido, estamos llamados a compartir este tesoro. La formación en la fe que nos han dado en nuestras familias, en la parroquia, en el colegio, en el Movimiento, es un talento que Dios nos da para ponerlo al servicio de los demás.

Las misiones son una gran oportunidad para enseñar a quienes no han tenido tantas oportunidades. La catequesis que ustedes ofrecerán a la gente será para ellos una bendición. ¡Y cuánto nos conmueve ver cómo la valoran, pues están deseosos de aprender! Por eso es muy importante también que ustedes se hayan preparado con gran ilusión.

Éste es sin duda un modo de enseñar que podrán poner en práctica, pero hay otro, quizás más importante, pues a fin de cuentas todas las verdades, la doctrina, los contenidos, están centrados en Jesucristo, y el objetivo final no es que la gente sepa algunas cosas más, sino que puedan encontrarse con Dios y experimentar su gran amor. Y esto no se enseña con palabras, sino con el testimonio de vida. Sabemos que el Señor, a través de ustedes, quiere obrar milagros y auténticas conversiones en las personas que se encontrarán. Al verles a ustedes, llenos del amor de Dios, viviendo la caridad, entregándose sin reservas, las personas estarán aprendiendo la lección más importante de todas: Dios nos ama, Él  está con nosotros, Él da sentido a nuestras vidas.

Los mejores misioneros y catequistas han sido siempre los santos. Juan Pablo II lo dijo así en una de sus encíclicas: «El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros, más a la experiencia que a la doctrina, más a la vida y a los hechos que a las teorías» (Juan Pablo II, Redemptoris missio, 42). Si queremos realizar una catequesis y una misión que transforme a los hombres, debemos ser ante todo testigos, sal de la tierra y luz del mundo. Einstein dijo una vez que la «educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela». Por eso, no basta transmitir unos contenidos. La catequesis debe llevar a la madurez de la fe, al
Misiones 2011.
«Si queremos realizar una catequesis y una misión que transforme a los hombres, debemos ser ante todo testigos, sal de la tierra y luz del mundo».
encuentro con Cristo.

En este sentido, creo que en las misiones hacemos la experiencia de que vamos a enseñar, y sin duda lo hacemos, pero también vamos a aprender. Dios nos enseña y nos da grandes lecciones, especialmente a través del testimonio de las personas. Su fe sencilla, su piedad y fervor, su generosidad abnegada, sus detalles de acogida, su paciencia ante los sufrimientos son cosas que se quedan grabadas en nuestros corazones. Son mensajes que Dios nos da, invitándonos quizás a un cambio en nuestra vida. Por eso, qué importante es que vayamos con el corazón abierto, con profunda conciencia de que también nosotros tenemos mucho que aprender. Por encima de la sabiduría humana, está la sabiduría de Dios. «Porque la locura divina es más sabia que las personas, y la debilidad divina, más fuerte que las personas» (1Co 1, 25).

Vamos a dar y a enseñar, pero puede ser que seamos nosotros quienes más recibamos y más podamos aprender. Vamos a evangelizar, pero nosotros somos también evangelizados. Vamos a transmitir el amor de Cristo, y nuestro corazón será también tocado por esta gracia. Así es la lógica de Dios, del evangelio, de las bienaventuranzas, de las obras de misericordia. Dios no nos quita nada y nos lo da todo, como ha dicho Benedicto XVI desde el inicio de su pontificado. Cuando damos con alegría, somos los primeros beneficiados.

La Semana Santa nos ofrece el marco ideal para que en estas misiones de evangelización Dios pueda tocar el corazón de muchas almas y nuestro propio corazón. Les encomiendo mucho, para que sean instrumentos de su gracia. Estoy seguro de que, como los primeros discípulos, volverán felices, contando las maravillas que Dios hizo a través de ustedes, y contemplando también la obra de Dios en sus propias almas. ¡Muchas gracias por su testimonio y generosidad al sumarse a esta obra evangelizadora! Cristo ha querido sentir necesidad de nosotros y estará muy feliz de contar con cada uno de ustedes.

Afectísimo en Cristo y el Movimiento,

Álvaro Corcuera, L.C.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2011-04-15


 

 


 



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