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| P. Joan Manuel Serra, sacerdote diocesano que participa de la espiritualidad del Regnum Christi. | |
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Lugar de publicación: En Movimiento, nº 18
Fecha de publicación: marzo-abril 2011
Éste sí que hizo lo del
anuncio de los almacenes nórdicos, este sí redecoró su
vida. Con 17 años tenía las ideas muy claritas:
quería ser el hombre más rico del mundo. Para conseguirlo
comenzó bien, se fue a EE.UU. a estudiar ingeniería
informática. ¿Por qué, con ese nombre, no se dedicó
a la canción? ¿Cómo cambió de opción de vida y
terminó siendo un sacerdote diocesano y del Movimiento
Regnum Christi?, ¿cómo consiguió recuperarse de su crisis sacerdotal?
Cuénteme
P. Joan Manuel, ¿cómo fue?, ¿qué le paso?
Me sentaba a
estudiar y no me podía concentrar. Había una pregunta
que no me dejaba tranquilo: Esto es lo que tú
quieres, ser el hombre más rico del mundo, pero
¿Dios qué quiere? Y, ¿quién es Dios? y ¿quién soy
yo? ¿Qué hago aquí en Houston, Texas? ¿Qué hago
en este mundo? El tema de Dios, de repente,
fue importante en mi vida. Fruto de una conversación con
un bautista, en Texas, que me explicó el sentido
de la cruz de Cristo, que Dios había amado
tanto al mundo que le había dado a su único
Hijo, decidí que aquello era demasiado grande para quedármelo
para mí mismo, que tenía que comunicarlo al mundo
entero, y empecé a pensar en ser sacerdote.
Tomada la decisión
de hacerse sacerdote, ¿qué hizo?
Decidí acabar mis estudios con un
máster en redes informáticas, pensando que así podría aplicar
mis conocimientos informáticos a la Iglesia, ayudando a la
interconexión entre las parroquias. He sido webmaster del Arzobispado
de Barcelona, en aquel momento una diócesis de 4,5 millones
de personas.
Y en el seminario se mantuvo en la
decisión, según veo… ¿Cómo fue su vida allí?
El tiempo
de seminario fueron unos largos 10 años, con un
breve paréntesis, durante los cuales aprendí a estar con el
Señor y con otras personas que Dios puso a
mi lado, de procedencias y sensibilidades muy diversas.
¿Qué
labor ha desarrollado hasta ahora?
He sido vicario de la Parroquia
de la Sagrada Familia de Barcelona, dedicado sobretodo a
los inmigrantes latinos. Después, fui párroco de una barriada
marginal con unas 3.000 personas: duró 3 meses (un día
salí corriendo, literalmente). Luego, párroco de una parroquia rural.
Ahí, una fuerte crisis sacerdotal estuvo a punto de
acabar con mi sacerdocio. Ahora soy vicario de una
parroquia al lado de Barcelona. Desde antes de mi ordenación
sacerdotal, en enero del 2000, he ejercido de notario-secretario
de cuestiones administrativas matrimoniales, primero en el Arzobispado de
Barcelona y ahora en la nueva Diócesis de Sant
Feliu de Llobregat. De este trabajo, lo que más me
apasiona es su dimensión ecuménica: su relación con la
unión de los cristianos, para que el mundo crea.
Si
ya es difícil de entender que alguien que quería lo
que usted quería terminase de cura, lo que me
resulta ya increíble es eso de que pertenezca al
Movimiento Regnum Christi, ¿pero es que no lee usted
periódicos?
Mi vinculación al Regnum Christi es existencial y vital.
En la Sagrada Familia de Barcelona se concentró la ayuda
a los inmigrantes del centro de Barcelona. Se daban
situaciones de desesperación. Un día, un guarda del templo
me dijo: “Padre, el último que se ha tirado de
las torres era un inmigrante”. Había suicidios. El párroco
convocó a las entidades solidarias del centro de Barcelona
para sumar esfuerzos. Así apareció por la parroquia Mano
Amiga, del Regnum Christi: micro-créditos (que todavía duran), albergues
y todo tipo de ayudas. El Regnum Christi siguió
ayudándome en la barriada marginal y en la parroquia rural,
y me siguen ayudando a ayudar. Cuando me planteé
abandonar el sacerdocio, providencialmente me llevaron a Tierra Santa
a un cursillo de renovación sacerdotal, organizado por la
Legión de Cristo y la Santa Sede, en
Jerusalén. Yo no hago ningún caso de los periódicos:
soy del Regnum Christi vitalmente.
¿Cómo es eso de ser
sacerdote diocesano del Regnum Christi, pero no ser Legionario
de Cristo?
Como diocesano del Regnum Christi participo de la
espiritualidad y de la historia formidable de una orden religiosa
que, de muchas maneras, ha sido fuente de bendición
de Dios para mi vida.
¿Se arrepiente del cambio de
opción de vida? O, preguntado de otra manera, ¿qué
hace usted con su vida?, ¿qué tal cura es
usted?, ¿es usted feliz?
No me arrepiento de ser sacerdote. De
hecho, como me dijo un legionario, soy el hombre
más rico del mundo pues, en la consagración tengo
en mis manos al Señor de la Gloria (y eso
no lo puede hacer Bill Gates). Pero, en realidad,
el más pequeño de mi comunidad es más rico que
yo, pues yo soy su servidor. Soy feliz sí
y no. Sí cuando me acuerdo y me creo de
verdad que mis sufrimientos (que nunca faltan: físicos, morales
y espirituales) unidos a los de Cristo, son redentores
(ayudan a salvar almas: la mía y las de
muchos), y no cuando me olvido de ello o no
me lo acabo de creer. El rezo cada día
del Santo Rosario, con María co-redentora, al pie de la
Cruz (yo soy Juan evangelista), me ayuda mucho a
ser feliz de verdad.