Roma, 20 de octubre de 2011 (Zenit.org). La mujer
como fuente de esperanza para el futuro, como generadora
de la vida, como savia de la nueva evangelización:
en torno a estos temas se desarrolló el congreso
titulado El rostro femenino de la Nueva Evangelización el 14
de octubre en el auditorio del Ateneo Pontificio
Regina Apostolorum de Roma.
El congreso, organizado por el Instituto de Estudios Superiores sobre la Mujer, perteneciente al
mismo Ateneo, contó con la intervención de numerosas figuras
femeninas como testigos del papel desarrollado por la mujer
en los distintos ámbitos: en la Iglesia, en la sociedad,
en la tutela de los derechos humanos, en las
iniciativas de paz.
Muchos nombres conocidos compartieron la mesa con
sencillas religiosas misioneras, profesoras de escuelas infantiles y parejas
de padres.
Aparecieron experiencias distintas, pero unidas por la voluntad
de recalcar la importancia de la figura femenina en el
mundo actual a la luz de la fe, a
través de recuerdos, anécdotas, o bien con proyectos, vídeos,
la pintura o el canto.
En una misma jornada toda en
rosa estaban presentes: sor María Pia Iammarino, misionera franciscana
de los pobres, que contó la batalla librada junto
a sus hermanas contra la prostitución en Padua; María
Falcone, hermana del difunto juez Giovanni Falcone, con su compromiso
de Educación a la legalidad dirigido a los jóvenes
de toda Italia, y Roberta Cocco, directora de marketing
de Microsoft, que habló del Futuro @l femenino, proyecto
de responsabilidad social de Microsoft para potenciar la relación
entre las mujeres y la tecnología.
Estaban presentes también Paloma Gómez
Borrero, enviada especial de Juan Pablo II, con el
que ha dado la vuelta al mundo casi 29
veces, que habló de la figura de la mujer en
el pontificado del Beato papa polaco; y Lucía Abignente,
del movimiento de los Focolares, que a través de
un vídeo dedicado a Chiara Lubich mostró “la radicalidad del
amor” que caracterizó la obra de esta “apóstol del
diálogo” de nuestra época.
Incluso la simpática sor Elvira de Witt,
que desde 2001, para hacer frente a la crisis
vocacional, decidió abrir un blog para dialogar con posibles
novicias; Lithian Ricci, pintora milanesa, que dedica su arte
a retratar figuras de santas en un contexto moderno, y
Carla Giardini, que contó su experiencia de docente del
método Montessori, como una verdadera misión confiada por Dios
para hacerse medio de amor hacia sus pequeños alumnos.
Entre
las intervenciones más chocantes y apasionadas recordamos la de
sor Abir Hanna, Chiara Amirante y Jocelyne Khoueiry.
Sor Abir
Hanna, monja agustina de clausura en el Líbano, participó
en el congreso a través de una grabación, relatando la
belleza de la vida monacal, comparándola delicadamente con un
útero, es decir, algo escondido a los ojos, pero
donde Dios fecunda la vida; una vida que no
permanece encerrada en sí misma, sino que nace y crece
para crear una única red que pone a todos
en comunión.
El arte de amar fue el tema del discurso
de Chiara Amirante, fundadora de Nuevos Horizontes, orgullosa testigo
de los milagros que Dios ha realizado con el
“Pueblo de la noche”, los jóvenes, que desesperados, abandonados
y en la desgracia más absoluta vagan por las noches
por la ciudad, esperando sólo ser escuchados, considerados, amados.
Chiara
los definió como “mendigos de amor”, que gracias al
arte de amar, es decir, al anuncio de un Dios
que no los juzga nunca, sino que murió y
resucitó por todos, han abandonado el infierno de las
calles para seguir y descubrir a Jesús que es alegría,
luz y plenitud.
Una experiencia similar es la de Jocelyne
Khoueiry, que conoció este amor en el desastroso contexto de
las guerras civiles en el Líbano.
Justo allí, entre las
bombas y la destrucción, un día, Jocelyn decidió abandonarse
a la voluntad de Dios: para no ser más
un instrumento de muerte sino de anuncio de la alegría
que viene del Evangelio.
Abandonada la vida militar, Jocelyn ha
dedicado su vida al voluntariado activo fundando dos centros
de “adiestramiento” a la paz.
Profunda y sentida fue la
intervención de monseñor Luigi Negri, obispo de la diócesis
de San Marino-Montefeltro.
“Creo que la mujer tiene en esta fase
de nuevo anuncio de la fe, en un mundo
como el nuestro, un deber fundamental: mostrar que Cristo
cambia la vida concreta, de todos los días, de la
cotidianidad de la carne y la sangre, de la
maternidad y de la paternidad, de la educación, de
la capacidad de solidaridad”.
Una jornada intensa, por tanto, rica en
testimonios concretos, que puede sintetizarse con las palabras del
rector de la Universidad.
El padre Pedro Barrajón, LC, dijo:
“La creatividad de la mujer, su genio femenino, han
dado y dan todavía a la Iglesia una contribución
única para poder obtener aguas vivas del Evangelio y llevarlas
al mundo de hoy”.
“Desde los orígenes -prosiguió el rector-
las mujeres han tenido un papel esencial en las
transmisión de la fe”.
Y añadió: “No por casualidad Jesús les
confió el primer gran deber de anunciar su resurrección
y les dirigió sus palabras de aliento: “no tengáis
miedo”.