Búsqueda      Idioma 
     

Hacer memoria de Dios.
2014-08-15 (Artículo)

Creemos en Dios, esperamos en Él, y a Él lo amamos
ITALIA | REGNUM CHRISTI | ESPIRITUALIDAD
Carta del P. Álvaro Corcuera, L.C. a los legionarios de Cristo y miembros consagrados del Regnum Christi (20-10-2011).

Fe, esperanza y caridad
Representación de la caridad, la esperanza y la fe, una obra de Christian Daniel Rauch.

Les compartimos a continuación la carta del P. Álvaro Corcuera, L.C., director general de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi, que envió a los legionarios y miembros consagrados reflexionando sobre las virtudes teologales.

El contenido de la presente carta puede ser de interés para todos los miembros y amigos del Movimiento.

*****

¡Venga tu Reino!

Roma, 20 de octubre de 2011

A los legionarios de Cristo
y miembros consagrados del Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

Desde hace tiempo quería escribirles para mostrarles, una vez más, toda mi estima y gratitud por su entrega generosa a Dios en la Legión y el Movimiento. Puedo asegurarles que el pasado 2 de octubre, cuando pude recibir los votos perpetuos de algunos hermanos nuestros en el centro de estudios, me vino a la mente la idea de que esos hermanos se sumaban al gran número de religiosos, consagrados y consagradas que alrededor del mundo viven su consagración a Dios con fidelidad y alegría. Y también me vino a la mente el ejemplo de fidelidad de esa religiosa española que hizo su profesión el mismo día que nació el Papa. ¡Toda una vida con Cristo, ofrecida por la salvación de las almas!

Ahora, como hermano y al inicio de este curso –en el hemisferio norte–, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones que pueden ayudarnos a caminar más cerca de Dios durante este periodo de discernimiento y purificación que estamos viviendo como familia. Es normal que a veces sintamos inquietud, turbación, y que en nuestra alma surja incontenible un anhelo de paz y serenidad. Yo les invito a llevar todas esas perplejidades y anhelos a la oración. Allí, en la intimidad de nuestra alma, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine y fortalezca, y que nos conceda la gracia de dejarnos guiar confiadamente por la mano maternal de la Iglesia. Incrementemos por tanto, en cantidad y calidad, los tiempos que dedicamos a la oración y a la reflexión. Aquí en la comunidad de la dirección general, por ejemplo, están teniendo espontáneamente adoración por turnos a lo largo del día. ¿Cómo no va a escucharnos Dios, si todos nosotros, cada uno en el lugar que le ha asignado la obediencia, se une a este
Profesión de fe de Pedro.
«Quien de verdad cree en Dios y en su amor infinito, se entrega totalmente a Él. Y en esa entrega plena encuentra la paz y la certeza que anhela su corazón».
río de oración?

La oración, el contacto íntimo con Dios, irá alimentando en nuestros corazones las virtudes teologales, que son las únicas que nos sostendrán en el proceso que estamos llevando a cabo. Y no sólo nos sostendrán, sino que nos ayudarán a crecer espiritual y apostólicamente, pues «todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de quienes han sido llamados según su designio» (Rm 8, 28). Estas virtudes –lo hemos aprendido desde niños– son dones de Dios, nos han sido infundidas por el Espíritu Santo el día de nuestro bautismo, y tienen al mismo Dios como objeto. Creemos en Dios, esperamos en Él, y a Él lo amamos. Por eso, no dejemos de pedirle como los apóstoles: «Señor, auméntanos la fe» (Lc 17, 5).

En primer lugar, tenemos la fe, que no sólo es creer en lo que Él nos revela y la Iglesia nos trasmite, sino que va más allá. La fe es adhesión de toda nuestra persona a Dios, verdad suprema, amor supremo. La fe nos permite ver en todos los acontecimientos de la vida su presencia amorosa. Pueden ser situaciones agradables o duras, pero quien tiene fe puede entrever en todas ellas la providencia divina y exclama convencido con el salmista: «Porque es eterna tu misericordia» (Sal 136). Por otro lado, la fe no es una virtud pasiva. Quien de verdad cree en Dios y en su amor infinito, se entrega totalmente a Él. Y en esa entrega plena encuentra la paz y la certeza que anhela su corazón. Esa fe y esa entrega se fortalecen y purifican en los momentos de prueba, cuando nos falla todo lo humano y sólo podemos asirnos a la mano de Dios, el único necesario, nuestra única Roca.

El Papa ha anunciado recientemente un «año de la fe», que sin duda será una hermosa oportunidad y una bendición para la Iglesia. ¡Cuánto tenemos que pedirle a Dios que nos conserve y nos acreciente la fe! Pidamos con insistencia este don para no dejarnos vencer por actitudes que nos pueden llevar a reducir nuestra visión a sólo aquello que alcanzamos a ver con la razón humana. La fe no nos pide cerrar los ojos a lo que la razón humana ve con claridad, nos pide abrirlos más, mucho más, para descubrir la realidad más profunda, que es la omnipresencia del amor de Dios. La fe nos abre a Dios y a nuestros hermanos.

La esperanza es la segunda virtud teologal. Precisamente porque creemos en el amor infinito que Dios nos ha revelado en Cristo, ponemos en Él toda nuestra confianza, toda nuestra seguridad. La esperanza nos impulsa a anhelar el reino de los cielos, que es nuestro fin último. Y nos impulsa también a caminar por la vida apoyándonos, no en nuestras fuerzas humanas, sino en las promesas de Cristo y en su gracia. Decía san Pablo: «Olvidando lo que he dejado atrás, me lanzo hacia delante, en busca de la meta» (Flp 3, 13-14). ¡La meta de nuestra vida! La meta
Esperanza
«La esperanza nos impulsa a anhelar el reino de los cielos, que es nuestro fin último».
es llegar a Cristo, alcanzarlo definitivamente en el cielo, y el camino es la vivencia humilde y generosa de nuestra consagración a Él. Qué hermoso es el proceso que estamos realizando ahora, en la Legión y en el Movimiento, para crecer en la esperanza y lograr una mayor unión con Cristo pobre y casto, que con su obediencia hasta la muerte redimió al mundo del pecado. Hace unos días, el Santo Padre, comentando el salmo 126, nos invitaba a «considerar más a menudo cómo, en los sucesos de nuestra vida, el Señor nos ha protegido, guiado, ayudado y así alabarlo por todo lo que ha hecho por nosotros. Debemos estar atentos a las cosas buenas que el Señor nos da». Y continuaba: «Esta atención, que se convierte en gratitud, es muy importante para nosotros y nos crea un recuerdo del bien que nos ayuda también en las horas de oscuridad» (Audiencia, 12 de octubre de 2011). Si nuestra vida es un acto constante de gratitud, todo nuestro ser se llenará de paz y estaremos siempre abiertos a servir al prójimo con todo nuestro corazón.

Todo esto no es algo que podamos alcanzar con nuestras propias fuerzas, sino acogiendo la gracia de Dios y colaborando con el Espíritu Santo. Las dificultades y tristezas, que nunca faltan en la vida humana y tampoco en la vida consagrada, tienden a quitarnos la paz y la alegría. Pero la esperanza nos trasmite una fuerza capaz de afrontar esos momentos como oportunidades de oro para unirnos más a Dios y para caminar con mayor decisión hacia el cielo. «Quien a Dios tiene, nada le falta… Sólo Dios basta», dijo santa Teresa. Y también el Papa, durante su reciente viaje a Alemania, quiso tener como lema esta frase: «Donde está Dios, hay futuro, hay esperanza».

Y por último, la caridad, la virtud reina, la virtud que nunca acaba, que nunca pasa (cf. 1Co 13, 8). Ella nos lleva a amar a Dios por encima de todas las cosas, y a nuestros hermanos como Cristo los ama (cf. Jn 13, 34). Esa es la virtud distintiva del cristiano, y por lo mismo tiene que ser la virtud que más nos caracterice como legionarios y miembros consagrados en el Regnum Christi. Quien ama, vive en Dios y vive de Dios, pues Dios es amor (cf. 1Jn 4, 7). La caridad tiene una dinámica interna: el amor a Dios lleva a amar a quienes son hijos suyos. Esta actitud que se va convirtiendo en hábito, nos lleva a vivir con amor las palabras de San Pablo: «Manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos los intereses de los demás» (Flp 2, 2-4).

¡Cuánto necesitamos llenarnos del amor de Cristo! Hoy más que nunca debemos pedir este amor y manifestarlo todos los días a quienes viven a nuestro alrededor. Que el amor nos impulse siempre al respeto mutuo, a la comprensión, al diálogo y a la paciencia, a la ayuda desinteresada, a superar los sentimientos negativos que llevan a condicionar nuestras relaciones con los demás. Pidamos insistentemente esta virtud. Y que la Eucaristía vaya trasformando nuestros corazones, y los llene de un santo celo por la salvación de las almas. El celo apostólico nace y se nutre de la caridad. Es ahí, también, donde brota el testimonio como un acto
Caridad.
«La caridad tiene una dinámica interna: el amor a Dios lleva a amar a quienes son hijos suyos».
pleno de caridad, y que se manifiesta en nuestras palabras y acciones, como también decía san Pablo: «Lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien los que lo oyen. No pongáis tristes al Espíritu Santo de Dios. Desterrad de vosotros las amarguras, la ira, los enfados e insultos y toda clase de maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo» (Ef 4, 29-32).

Espero que estas reflexiones puedan serles de ayuda. Se las envío con el vivo deseo de estar cerca de cada uno de ustedes y de manifestarles toda mi gratitud. Créanme que es una bendición contar con hermanos y hermanas como ustedes.

Pidamos mucho por todos los consagrados y las consagradas, ahora que inician una nueva etapa tras la visita apostólica, para que Dios les siga guiando en la realización de su plan sobre el Movimiento. Y no dejemos de pedir al Señor de la mies que nos bendiga con muchas vocaciones para el tercer grado, para poder servir mejor a las almas y a la Iglesia.

Que la Santísima Virgen, mujer de fe, esperanza y caridad, les acompañe siempre en su camino de entrega. Les encomiendo en mis oraciones y les pido también las suyas.

Afectísimo en Jesucristo,

Álvaro Corcuera, L.C.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2011-11-04


 

 


 



Síguenos en :   
Auspiciada por la congregación de los Legionarios de Cristo y el Movimiento Regnum Christi , Copyright 2014 , Legión de Cristo. Todos los derechos reservados.

¿Deseas agregarCreemos en Dios, esperamos en Él, y a Él lo amamos a tus favoritos?
  -    No