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Ha cambiado mi vida
ESPAÑA | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
La auténtica misión, la gran misión, no ha hecho más que comenzar, porque es en nuestro ambiente, es donde realmente debemos luchar por dar ejemplo de su Palabra.

Juventud misionera

No sé por qué, pero desde que oí hablar de las misiones de México, sentí que algo me llamaba, algo en mi interior me decía que debía acudir. Todo estaba en mi contra: mis padres no querían que fuese, no tenía dinero, mis amigas pensaban que estaba loca, mi hermana me llamaba monja, pero a mí me daba igual. Cristo quiso que estuviese allí, contra todo pronóstico, tomaba un avión rumbo a México.

Cuando llegué no podía creer lo que veía. Nunca antes había visto tanta pobreza, casas en medio del barro, niños descalzos, sucios y hambrientos, ancianos luchando por sobrevivir... pero en medio de ellos descubrí al que hoy es mi mejor amigo: Jesús.

Hoy, de vuelta a casa, no se cómo explicar lo que siento. Esta experiencia ha cambiado mi vida, pero el cambio ha sido distinto al que esperaba. Es cierto, como creía, que valoro mucho más todo lo que tengo, pero sobre todo me di cuenta de lo que me faltaba. Esa gente humilde, sencilla, me ha hecho crecer como persona, he descubierto al Cristo amigo, al Cristo fiel. He descubierto el gozo de darme a los demás, porque cuanto más se da uno, más recibe. Sólo se me ocurre darte gracias, Dios mío, por haber tenido la oportunidad de vivir esta experiencia, por haberte encontrado en la sonrisa de cada niño, en la mirada de cada joven, en las manos de cada hombre.

Me he dado cuenta de que esta misión ha tenido su fruto, hemos dejado a Dios en los corazones del pueblo, pero la auténtica misión, la gran misión, no ha hecho más que comenzar, porque es en nuestro ambiente, entre nuestros amigos y nuestra familia, donde realmente debemos luchar por dar ejemplo de su Palabra. A todos aquellos que han compartido esta experiencia conmigo y a todos los que sienten tener un corazón de apóstol, les diría que debemos intentar realizar la gran misión de la vida y cuando nos sintamos tristes y sin fuerzas, miremos nuestra cruz misionera y recordemos que siempre quedará algún alma para salvar. Susana Rodríguez. Valencia, España. 18 años.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2003-04-17


 

 


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