|
|  | |
| A través de Familia Misionera, Cristo te dice hoy: ¡Ven, acompáñame, vamos a llevar a todos el Agua de Vida! | |
 |
A ti, que tuviste el privilegio de nacer dentro de
una familia católica, va dirigida esta carta. Queremos compartir contigo
la experiencia que hemos vivido. Mi esposo (David) y yo
(Susy), nacimos, crecimos y vivimos en familias sectarias (testigos de
Jehová), durante 30 años. Nos enseñaron a amar profundamente a
Dios y a ir de casa en casa, llevando toda
la ideología de su nueva religión. Estábamos acostumbrados a esta
actividad, dedicándole 10 horas por mes, mínimo. En tiempo de
vacaciones, estas horas aumentaban hasta 200 horas por mes. Nos
sentíamos satisfechos al pensar que por medio de nosotros, muchas
personas estaban recibiendo el mensaje de la nueva religión. Creemos
que fue por nuestro amor sincero a Dios, que Él
nos buscó, hasta llegar a que viéramos que estábamos equivocados,
que la única religión verdadera es la que Él fundó:
La Católica. Hace cuatro años nos convertimos y en una
ceremonia muy emotiva nos bautizamos, nos confirmamos, recibimos la Primera
Comunión y nos casamos. Llegaron a nuestras vidas cosas maravillosas.
Ahora ya tiene un rostro nuevo nuestro Dios tan amado.
Ya tenemos una Madre Celestial, ¡la Santísima Virgen!, a quien
le podemos encomendar a nuestros hijos y pedirle que nos
ampare. En resumen, un cúmulo de sensaciones que no se
podrían expresar con palabras. Ciertamente, la decisión fue muy difícil
de tomar. Sabíamos que nos íbamos a quedar solos, que
nuestra familia y amigos nos darían la espalda, pero Cristo
en su gran misericordia, nos dio fortaleza para hacerlo (Mat.
19, 29). Nos sentimos felices, sólo una cosa nos faltaba,
la alegría de ir de casa en casa. Esto provocó
en mí una crisis. Acudí a un sacerdote para explicarle
mi inquietud: Habíamos dejado familia, amigos y una falsa religión
pero, ¿qué estábamos haciendo por Dios, Nuestro Señor, ahora que
nos había bendecido tanto? El padre me calmó y me
dijo que todo llega a su tiempo, y así fue.
En 1994, Año Internacional de la Familia, el Santo Padre
ha dicho que llegó el tiempo de la Nueva Evangelización,
de salir a ser apóstoles de Cristo. ¡Qué buenas noticias!
Así que ahora llega a nosotros Familia Misionera. Probablemente al
principio no sea fácil. La falta de costumbre, el miedo
a no sentirnos lo suficientemente preparados, pero hay que pensar
que si nos encomendamos al Espíritu Santo, Él pondrá las
palabras necesarias en nuestra boca y nos ayudará (Mat. 10:19,
20). Sé que por mí sóla no podría pero, con
la ayuda de Cristo voy a poder. La llamada es
urgente. Cristo nos pide prestados nuestros pies, manos y boca,
para ir a despertar al prójimo no practicante, llegar al
sectario que quiere salirse, pero teme quedarse sólo, a todo
aquel que nada más le falta una mano extendida, alguien
que le diga: ¡Ven, no tengas miedo! ¡Cristo te está
esperando! Del mismo modo, a través de Familia Misionera, Cristo
te dice hoy: ¡Ven, acompáñame, vamos a llevar a todos
el Agua de Vida! Este servicio te dejará un gran
gozo en el corazón, al saber que has cumplido con
la misión que te ha sido otorgada y, sobre todo,
que es para la Gloria y Alabanza de Dios, Nuestro
Señor. Sres. David y Susana Montemayor. Saltillo, México.