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| «No fue magia ni ciencia mi Señor, solo corté la rama y el halcón voló; se dio cuenta que tenía alas y empezó a volar». | |
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Por el P. Dennis Doren, L.C.
La vida y
sus circunstancias, lo sabemos, no es fácil; tiene sus complicaciones
y sus dificultades. Dentro de esta realidad está nuestra historia
personal, con tantas situaciones que nos han causado dolor, miedo,
cansancio e inseguridades y, tal vez, muchos fracasos: un regaño
de mis padres, una burla de mis amigos, una decepción
laboral, una dificultad en el colegio, un desengaño amoroso y
sentimental. Cuántas cosas hoy nos hacen ser personas retraídas, tímidas,
temerosas, y nos hacen dudar de nosotros mismos, de nuestras
posibilidades y cualidades; tal vez basta un empujón para comenzar
a volar, una ayuda de alguien que nos eche una
mano a cortar esa rama que nos tiene agarrados al
árbol de nuestras seguridades, que en vez de proyectarnos, nos
limita. No tengas miedo, lánzate, comienza a volar y verás
la gran satisfacción de sentirte libre, sabiendo que realizas el
proyecto de Dios para el que fuiste creado.
Cuenta la leyenda
que el rey de una lejana comarca un buen día
recibió en obsequio dos pequeños halcones y los entregó al
maestro de cetrería para que los entrenase.
Al cabo de algunos
meses, el rey pidió informe al maestro cetrero acerca del
entrenamiento de las valiosas aves. El maestro le informó que
uno de los halcones respondía perfectamente al entrenamiento, pero que
el otro no se había movido de la rama donde
lo dejó desde el día de su llegada.
El rey mandó
llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón,
pero nadie pudo hacer volar al ave. Entonces decidió encargar
la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.
En
un acto de desesperación, el rey decidió comunicar a su
pueblo que ofrecería una jugosa recompensa a la persona que
hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, vio al
halcón volando ágilmente frente a las ventanas de su palacio.
El rey le dijo a su corte: Traedme al autor
de este milagro. Su corte rápidamente le presentó a un
campesino.
El rey le preguntó: ¿Tú hiciste volar al halcón?, ¿cómo
lo hiciste?, ¿eres mago? Intimidado, el campesino le dijo al
rey: No fue magia ni ciencia mi Señor, solo corté
la rama y el halcón voló; se dio cuenta que
tenía alas y empezó a volar.
Las crónicas narran que desde
entonces el halcón voló libre y sin restricción alguna y
el rey simplemente disfrutaba de su vuelo… Y tú, ¿a
qué estás aferrado?, ¿qué te impide volar?, ¿qué es eso
de lo que no te puedes soltar?
Vivimos dentro de una
zona de comodidad y seguridades personales donde nos movemos y
creemos que eso es lo único que existe, dentro de
esa zona está todo lo que sabemos y todo lo
que creemos. Convivimos con nuestros valores, miedos, fracasos y limitaciones;
en esa zona reina nuestro pasado y nuestra historia.
Tenemos sueños,
queremos resultados, buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a
correr riesgos, a soltar las amarras y a volar. No
siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles.
Deja de aferrarte a
tu propia rama y corre el riesgo de volar más
alto ¡ATREVETE A VOLAR!
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