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| "No podemos cambiar las características del otro, al contrario, debemos enriquecernos de ellas. El otro es distinto de ti, por lo tanto respétalo". | |
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Por el P. Antonio Rivero, L.C.
1) Reflexionar en lo sagrado
del matrimonio a los ojos de Dios
Es un camino de
realización personal y es sagrado porque viene de Dios, y
lo que Dios quiere es siempre bueno. Es sagrado porque
Cristo lo elevó a sacramento. Es el símbolo del amor
de Dios a la humanidad. Es muy provechoso leer la
carta a los Efesios.
2) Estar dispuesto a dar y a
recibir
Cada uno tiene un tesoro que debe estar dispuesto a
compartir con el otro, cada uno tiene características propias que
debe poner al servicio del otro. La mujer es más
intuitiva, generosa, delicada, tierna, con más tacto. El hombre es
más pragmático, racional, firme. Mutuamente deben compenetrarse y complementarse en
las carencias de cada uno. Hay que dar y recibir.
Si sólo damos, nos vaciamos; si sólo recibimos, somos egoístas.
El amor es dar y recibir.
3) Desvivirse en detalles para
con el otro
El detalle es la esencia, el extracto del
amor. “Dime qué detalles tienes con tu esposo/a y te
diré cómo es tu amor”.
Detalles que una mujer pediría a
su esposo:
• No te quejes de estar agotado por el
trabajo
• No interrumpas mi conversación mientras estoy hablando.
•
Después de una discusión no pases tres días sin hablarme,
enojado
• No me recuerdes continuamente mis faltas pasadas
•
De vez en cuando dime que me encuentro linda, agradable
• Durante el desayuno, la cena préstame atención que no
soy una pared
• Háblame un poco de lo que
vas a hacer, aunque sea trivial
• Preocúpate por tus
hijos cuando llegas a casa
• Colabora en las tareas
de la casa
• Algún día en especial llévame a
cenar fuera
• Dame un beso al despedirte
Detalles que un
esposo pediría a su mujer:
• Llena mis tiempos de descanso
con calma y sosiego y háblame de los gastos más
tarde.
• Gasta menos, sé más económica.
• De vez
en cuando elógiame, elogia mi carrera pues “mi triunfo es
también tuyo”.
• Nunca compares nuestro matrimonio con otros.
•
Sé oportuna cuando tengas que corregirme y nunca delante de
nuestros hijos y amigos.
• No te quejes por todo
ni discutas por tonterías.
• No rechaces sistemáticamente mis programas
de televisión, mis gustos
4) Respetar las características del otro
No podemos
cambiar las características del otro, al contrario, debemos enriquecernos de
ellas. El otro es distinto de ti, por lo tanto
respétalo. El respeto significa: capacidad de perdonar, apertura, no estar
viendo los defectos del otro, comprensión. El respeto se puede
quebrar de tres maneras: con la palabra (dura, grosera, soez),
por actos (agresión física) o con gestos (caras largas, desprecios,
silencios elocuentes). Hay que saber ver las virtudes del otro
y halagarlas.
5) Evitar discusiones innecesarias
Las discusiones innecesarias desunen y destruyen
la armonía familiar. No se debe discutir, se debe analizar.
Con las discusiones se ganan enfados, nervios, malos ejemplos a
los hijos, visitas al psicólogo o al psiquiatra.
6) Superar el
pasado para no volver las páginas de agravios del otro
“Fuiste,
me hiciste, dejaste de hacer, te lo decía”, son frases
de reproche. Lo pasado hay que perdonarlo con grandeza de
alma. Sobre el pasado se debe construir un futuro de
amor y perdón. Si se sacan continuamente los agravios, la
herida no cura, no cicatriza, sigue supurando y termina con
tensiones.
7) Dominar la tendencia a controlar, vigilar al cónyuge
“¿Qué hiciste,
con quién estuviste?”. El matrimonio tiene que tener como base
la confianza en el otro. Si continuamente se desconfía del
cónyuge, se tiene miedo a la infidelidad, se vive con
celos, ese matrimonio es un tormento. El cónyuge no debe
ser nunca policía del otro cónyuge, sino compañero y amigo.
8)
Cultivar el sentido del humor
El buen humor oxigena al matrimonio.
La vida no es una tragedia ni tampoco una comedia,
es un drama con cosas buenas y malas. El humor
logra un buen nivel de higiene mental. La persona sin
humor se vuelve suspicaz, malhumorado, susceptible. El buen humor hace
crecer en armonía y calma el matrimonio.
9) Gratifica a tu
esposo/a con un día azul y cada año con un
buen regalo
Hay que romper la monotonía, la rutina. Hay
que salir a pasear con la esposa e hijos, llevarlos
a comer a algún lado, regalarles algo sorpresivamente sin tener
que esperar a cumpleaños, aniversarios.
10) Integrar todos los aspectos del
amor (afectivo, amistoso, sexual, espiritual)
Afectivo: el amor afectivo comunica ternura
¿Qué es la ternura? Es ese meterse en el estado
de ánimo del otro, compartir ese ánimo ¿Cómo es posible
que el esposo/a no se de cuenta que el otro
cónyuge está enfermo, triste? ¿Por qué? La ternura se acerca
al alma para dar comprensión al otro, es altruista, es
deseo de comprensión, de aceptación del otro. En cambio la
sensualidad es egoísta, busca su propio placer, su propio interés
de goce. El amor afectivo en el matrimonio se manifiesta
a través de una caricia noble, una sonrisa. Es desinteresado.
Sexual:
el sexo es un instrumento que ha puesto Dios para
dos finalidades: procrear (comunicar vida) y para crecer en el
amor, en la entrega dentro del matrimonio. De esta manera
el sexo se convierte en un lenguaje interior profundo con
el ansia de transmitir al otro lo que somos. Es
la entrega de toda la persona, si no se da
esto, es pura satisfacción. La pornografía distorsiona el sentido del
sexo. El cuerpo no es un bien de consumo, es
instrumento de diálogo profundo de dos personas. Freud dijo: “todos
los males que nos acontecen nos vienen por reprimir al
sexo” y aconseja darse el gusto. Es evidente que esta
afirmación no es cierta. Pero a su vez la Iglesia
tiene su regla sobre la vida sexual la cual debe
ser: serena, equilibrada, sana y dentro de los cauces de
la dignidad humana. El sexo dentro de la pareja, del
noviazgo no debe ser lo más importante, lo único. Si
estas relaciones comienzan así van por mal camino ya que
divinizan, entronizan al sexo. El sexo es un medio para
el fin que ya explicamos antes. Convertir el sexo en
un fin en sí mismo es un error.
Amistoso: amar al
otro como persona, respetarlo como tal. Encontrar en el otro
un otro yo con el cual compartir alegrías, tristezas, gozos,
dudas. Es el amor que de da al otro en
la intimidad de la persona. Una persona digna a la
que nos damos, nos revelamos. Amar al otro buscando, queriendo,
protegiendo, defendiendo el bien del otro. El amor de amistad
dice: yo te quiero porque eres tú, te hago feliz
porque te quiero, mientras que el egoísta dice: me haces
feliz porque me satisfaces. El egoísmo es el gusano del
amor. Tener un amigo es tener un tesoro, quien lo
encuentre que no lo pierda. Es un amor firme cuando
estamos débiles, alegre cuando estamos tristes. Cristo es nuestro mejor
amigo, luego debe seguir el cónyuge con el cual vamos
a compartir nuestra existencia.
Espiritual: amar al otro porque es hijo
de Dios, es hermano en Cristo y tenemos que amarlo
con las mismas características del amor divino: con amor de
perdón, abierto, que anima, que reparte todo lo que tiene,
que sabe ver detrás no sólo al esposo/a sino a
un hijo de Dios. Dios ama a todos con amor
espiritual y lo trajo a la humanidad a través de
Cristo para que así podamos amarlo mejor y amar a
los hombres por amor a Dios. Este amor se aumenta
con oración y sacramentos. Quien más ora, más amor espiritual
tendrá. Si no se da esta dimensión espiritual, las otras
dimensiones se caen.