|
|  | |
| María del Río: "Una de mis alegrías en mi vida consagrada ha sido la lucha por la vida interior". | |
 |
“¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y
contar, sino una gran historia que construir!” (Vita Consecrata nº
110).
Este año varias consagradas cumplen 25 años de consagración. Tres
de ellas aquí nos comparten sus reflexiones de lo que
ha sido para ellas esta experiencia de vida, su consagración
a Dios en el Movimiento.
María del Río
Se consagró el
31 de agosto de 1987, es española y actualmente está
estudiando en Roma.
Una de mis alegrías en mi vida consagrada ha
sido la lucha por la vida interior. La perspectiva del
tiempo, me ha permitido distanciarme de mí misma y apreciar
algún fruto de esta lucha. He visto como si en
mi corazón hubiese una doble dimensión, una vida superpuesta, la
diaria, con sus tensiones y preocupaciones y otra que va
fluyendo en el interior. La segunda se ha ido convirtiendo
poco a poco en una vida dulce, pacífica, plena, gozosa,
porque es vida divina. Se ha ido fraguando con la
gracia de Dios y la soledad de creaturas, pues requiere
de un corazón indiviso. Aún no es el cielo pues
continua el esfuerzo, virtud, trabajo, seguir cruzando oscuridades… pero es
alegría, pues como dice S. Juan de la Cruz, “a
vida eterna sabe”.
Lorli Pregel
Se consagró el 8 de septiembre
|
|  | |
| Lorli Pregel: "El gozo más profundo es poder mirar atrás y ver el gran misterio de gracia y de correspondencia libre, vivido día a día". | |
 |
de 1987. Tiene nacionalidad austriaca, pero nació y creció en
España. Actualmente es la directora del centro de Düsseldorf.
Este aniversario
ha significado mucho más de lo que inicialmente hubiera yo
imaginado y comencé desde hace un año una preparación interior
para vivirlo de manera muy consciente. Me ha impresionado mucho
llegar a esta fecha con el alma llena de alegría
y gratitud, por el don inmenso de mi vocación en
la vida consagrada del Regnum Christi. El gozo más profundo
es poder mirar atrás y ver el gran misterio de
gracia y de correspondencia libre, vivido día a día. Cuando
me consagré, estaba segura de mi vocación, ciertamente no sabía
en su totalidad todo lo que implicaba realmente una vida
dedicada toda a Dios. Ahora, mirando atrás puedo ver, con
cuánta paciencia y suavidad, Dios me fue introduciendo en el
misterio de amor tan hermoso y tan profundo que es
el ser toda de Él, de ser llamada a compartir
de manera tan íntima su amor esponsal y ser instrumento
de ese amor para las almas. Todo ha sido gracia
y don en estos años. Pero también veo con inmenso
gozo, que han sido 25 años vividos día a día,
tratando de corresponder, aunque sea pobremente a lo que Dios
me pedía. No tengo grandes trofeos apostólicos que ofrecer, ni
grandes heroísmos de santidad (de hecho siempre me he sentido
muy cobarde en la lucha por la santidad); pero en
mi pequeñez y debilidad he tratado de prestarme a Dios
en lo que Él me pedía y eso es mi
mayor “trofeo”. Hoy día, una de mis grandes ilusiones es
poder colaborar por seguir sosteniendo y construyendo el Regnum Christi,
el tercer grado, a quien (después de mis padres) debo
todo lo que soy como cristiana y como consagrada.
Ángeles Conde
Se consagró el 8 de septiembre de 1987. Es española,
está estudiando en Roma y colabora en proyectos sobre la
historia del Movimiento.
Respecto a la vivencia de la dimensión contemplativa
|
|  | |
| Ángeles Conde durante un curso sobre la oración en Chilapa, Veracruz, sosteniendo una custodia que utilizaba San Rafael Guízar y Valencia cuando misionaba. | |
 |
y conquistadora en nuestra vida, yo creo que la vida
consagrada, por su misma naturaleza, es contemplativa y conquistadora. Porque
Jesús era contemplativo y conquistador, y somos de Jesús, seguimos
a Jesús, nos transformamos en Jesús, por la gracia de
Dios. Siento que nuestra vida es toda oración, amor y
gracia. Y que el pozo desborda en las almas, cuando
está lleno. Quizá en los primeros años pensaba que conquistaba
almas para Jesús, o lo intentaba al menos. Pero con
los años he constatado que el que conquista las almas
es Él, y que lo único importante es vivir escondidos
en Él, dejándole a Él serlo todo en nuestra vida.
Por eso me siento muy llamada a crecer en oración,
en intimidad con Cristo; vivir en presencia de Dios y
entregarle la propia vida y voluntad con muchísima confianza en
su amor, sin reservas y sin espejismos. Todo es gracia
y todo lo hace Él en uno mismo y en
las almas, pero sólo si uno quiere, si uno consiente,
con todo lo que implica. Por eso también, en este
sentido, todo es querer… Y en realidad también el querer
lo sostiene una gracia, pues el amor con que lo
amamos también nos lo da Dios.
Así que nada más encuentro
en mi vida un gran amor, un abismo de gracia
y misericordia que me hace muy feliz, una infinita bondad
de Dios, y espero no ser obstáculo para que alcancen
a todos aquellos con quienes me encuentre camino al cielo.
Esto es lo que me ha venido a la mente
al pensar en nuestra vocación consagrada contemplativa y conquistadora. Sueño
con un tercer grado lleno de Dios.