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Perder para ganar
Jn 12,20-33 (Artículo)
Montado en un burrito.
Jn 12,12-16 (Artículo)
Un corazón cerrado no deja sitio a Dios.
2015-03-26 (Artículo)
«Sed misericordiosos como el Padre» (Artículo)
“Ver gente joven en las iglesias llena de alegría los lugares y a los párrocos". (Artículo)


Vida espiritual

El Movimiento Regnum Christi ofrece a sus miembros unas pautas para una espiritualidad basada en el Evangelio como un ideal de vida cristiana. El camino espiritual que siguen los miembros del Regnum Christi consiste principalmente en conocer, amar, imitar y anunciar a Cristo. Este es el camino y estos son los objetivos.

A continuación, ofrecemos algunos recursos que pueden ayudar a nutrir la vida espiritual de los miembros del Movimiento y de cualquier cristiano.


Meditación del día

¿Quién soy yo ante Jesús que sufre? .
2015-03-29
MÉXICO | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD

Domingo de ramos


Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

En este día me uno a quienes te aclamaron y alabaron cuando entraste a Jerusalén, pero no quiero dejarte solo, por quedarme dormido, ni abandonarte cuando no entienda o me cueste aceptar lo que hoy voy a vivir. Ante la cruz no debo temer porque Tú estás conmigo y en los momentos de dolor me dices que debo tener valor, porque Tú has vencido al mundo.

Petición (pide la gracia que buscas obtener con tu oración)

Señor, que esta oración me ayude a no huir ante el sufrimiento sino, con tu gracia, aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrarle sentido al unirla a tu pasión.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Marcos 14,1-15,47

Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

Faltaban dos días para la fiesta de Pascua y de los panes Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando una manera de apresar a Jesús a traición y darle muerte, pero decían: "No durante las fiestas; porque el pueblo podría amotinarse". 

Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura

Estando Jesús sentado a la mesa, en casa de Simón, el leproso, en Betania, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y derramó el perfume en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados: "¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres". Y criticaban a la mujer, pero Jesús replicó: "Déjenla, ¿por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran; pero a mí no me tendrán siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el Evangelio, se recordará también en su honor lo que ella ha hecho conmigo".

Le prometieron dinero a Judas Iscariote

Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero, él andaba buscando una buena ocasión para entregarlo.

¿Dónde está la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?" Él les dijo a dos de ellos: "Vayan a la cuidad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: "El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?" Él les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena". Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Uno de ustedes, que está comiendo conmigo, me va a entregar:

Al atardecer llegó Jesús con los Doce. Estando a la mesa, cenando, les dijo:

"Yo les aseguro que uno de ustedes, me va a entregar: uno que está comiendo conmigo, me va a entregar".  Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro: "¿Soy yo?"

El Respondió: "Uno de los Doce; alguien que moja su pan en el mismo plato que yo. El Hijo del hombre va a morir, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!"

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la nueva alianza

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen: esto es mi cuerpo". Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:

"Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos y Jesús les dijo:

"Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa, como está escrito: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas; pero cuando resucite, iré por delante de ustedes a Galilea". Pedro replicó: "Aunque todos se escandalicen, yo no". Jesús le contestó: "Te aseguro que tú hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres". Pero él insistía: "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré". Y los demás decían lo mismo.

Empezó a sentir terror y angustia

Fueron luego a un huerto, llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: "Siéntense aquí mientras hago oración". Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan; empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: "Tengo el alma llena de una tristeza mortal: Quédense aquí, velando".

Se adelantó un poco, se postró en tierra y pedía que, si era posible, se alejase de él aquella hora. Decía: "Padre, tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".

Volvió a donde estaban los discípulos, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: "Simón, ¿estás dormido?; ¿no has podido velar ni una hora? Velan y oren, para que no caigan en la tentación. El espíritu esta pronto, pero la carne es débil."

De nuevo se retiró y se puso a orar repitiendo las mismas palabras. Volvió, y otra vez los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño; por eso no sabían qué contestarle. Él les dijo: "Ya pueden dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. “¡Levántense! ¡Vamos! Ya está cerca el traidor".

Deténganlo y llévenlo bien sujeto

Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él, gente con espadas y palos, mandada por los sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: “Al que yo bese, ése es. Deténgalo y llévenlo bien sujeto." Llegó, se acercó y le dijo: "¡Maestro!" Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo apresaron. Pero uno de los presentes, desvainó la espada y de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo: "¿Salieron ustedes apresarme con espadas y palos, como si se tratara de un bandido? Todos los días he estado entre ustedes enseñando en el templo, y no me han apresado. Pero, así tenía que ser para que se cumplan las Escrituras."

Todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto nada más con una sábana, y lo detuvieron; pero él, soltó la sábana y se les escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados, cerca de la lumbre, para calentarse.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban una acusación contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no la encontraban. Pues, aunque muchos presentaban falsas acusaciones contra él, los testimonios no concordaban. Hubo unos que se pusieron de pie y dijeron: "Nosotros lo hemos oído decir: ‘Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días, construiré otro, no edificado por hombres’". Pero ni aún en esto concordaban los testimonios. Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y le preguntó a Jesús: "¿No tienes nada que responder a todas esas acusaciones?" Pero él no le respondió nada. El sumo sacerdote le volvió a preguntar: "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?". Jesús contestó: "Sí lo soy. Y un día verán como el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y como viene entre las nubes del cielo." El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, exclamando: "¿Qué falta hacen ya más testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?" Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: "Adivina quien fue”. Y los criados también le daban bofetadas.

No conozco a este hombre del que hablan  

Mientras tanto, Pedro estaba abajo en el patio. Llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y le dijo: "También tú andabas con Jesús, el Nazareno." Él lo negó, diciendo: "Ni sé ni entiendo lo que quieres decir." Salió fuera hacia el zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, se puso de nuevo a decir a los presentes: "Éste es uno de ellos." Pero él lo volvió a negar, al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro: "Claro que eres uno de ellos, pues eres galileo." Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar: "No conozco a ese hombre del que hablan." En seguida canto el gallo por segunda vez. Pedro se acordó entonces de las palabras que le había dicho Jesús: "Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres", y rompió a llorar.

¿Quieren que suelte al rey de los judíos?

Luego que amaneció se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Este le pregunto: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él respondió: "Si lo soy." Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le pregunto de nuevo: "¿No contestas nada? Mira de cuántos cosas te acusan." Jesús ya no le contesto nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarse un preso que ellos pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo: "¿Quieren  que suelte al rey de los judíos?" Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: "¿Y qué voy hacer con el que llaman rey de los judíos?" Ellos gritaron de nuevo: "¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "Pues, ¿qué mal ha hecho?" Ellos gritaron más fuerte: "¡Crucifícalo!" Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le pusieron una corona de espinas

Los soldados lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a burlarse de él dirigiéndole este saludo: "¡Viva, rey de los judíos!

Le golpearon la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Llevaron a Jesús al Gólgota

Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de "la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver lo que le tocaba a cada uno.

Fue contado entre los malhechores.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: fue contado entre los malhechores.

Ha salvado a otros, y a sí mismo no se puede salvar

Los que pasaban por ahí lo injuriaban meneando la cabeza y gritándole: "¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días sálvate a ti mismo y baja de la cruz." Los sumos sacerdotes se burlaban también de él, y le decían: "A salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos." También los que estaban crucificados con él lo insultaban.

Y dando un fuerte grito, Jesús expiró

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y, a las tres Jesús gritó con voz potente: "Eloí, Eloí, lamá sabktaní." (Que significa: ¿"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Miren, está llamando a Elías." Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo." Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El oficial romano que estaba enfrente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: "De veras este hombre era Hijo de Dios."

Había también ahí unas mujeres que estaban mirando todo desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María (la madre de Santiago el Menor y de José), y Salomé, que, cuando Jesús estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y además de ellas, otras muchas que habían venido con él a Jerusalén.

José tapo con una piedra a la entrada del sepulcro

Al anochecer, como era el día de la preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro distinguido del sanedrín, que también esperaba el reino de Dios. Se presentó con valor ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto, y llamando al oficial, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el oficial, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana, bajó el cadáver, lo envolvió en la sábana, lo puso en un sepulcro excavado en una roca y tapó con una piedra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, se fijaron en dónde lo ponían.

Palabra del Señor.

Reflexiona lo que Dios te dice en el Evangelio (te sugerimos leer esto que dijo el Papa)


«Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien hacernos una sola pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo ante Jesús que entra con fiesta en Jerusalén? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O guardo las distancias? ¿Quién soy yo ante Jesús que sufre?

Hemos oído muchos nombres, tantos nombres. El grupo de dirigentes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley, que habían decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo. ¿Soy yo como uno de ellos?

También hemos oído otro nombre: Judas. Treinta monedas. ¿Yo soy como Judas? Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se durmieron mientras el Señor sufría. Mi vida, ¿está adormecida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que significaba traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolverlo todo con la espada? ¿Soy yo como ellos? ¿Soy yo como Judas, que finge amar y besa al Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos dirigentes que organizan a toda prisa un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy como ellos? Y cuando hago esto, si lo hago, ¿creo que de este modo salvo al pueblo?» (Homilía de S.S. Francisco, 13 de abril de 2014).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal, ¿qué? El que más amor implique… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Colocar en un lugar donde se reúna ordinariamente la familia una rama de palma bendita, para luego, comentar a la familia que esta rama nos recordará que en esta casa vamos a acompañar a Jesús, sin ofenderlo con nuestros pecados y haciendo las obras de caridad que nos corresponden.


«Dispongámonos a acoger también nosotros en nuestra vida la voluntad de Dios, conscientes de que en la voluntad de Dios, aunque parece dura, en contraste con nuestras intenciones, se encuentra nuestro verdadero bien, el camino de la vida.»

(Benedicto XVI, 20 de abril de 2011).


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FECHA DE PUBLICACIÓN: 2015-03-29


 

 


 



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