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Testimonio vocacional del P. Rodrigo Bitencourt

P. Rodrigo Bitencourt L.C.
P. Rodrigo Bitencourt L.C.

Nací  el 15 de marzo de 1978 en la ciudad de Porto Alegre - RS Brasil bajo el Pontificado de Pablo VI y fui bautizado el 16 de abril de este mismo año en la Parroquia San José. Soy el primero de 3 hijos. Mi mamá tuvo una complicación durante el embarazo y perdió el tercero hijo en la gestación. Fue un grande dolor para toda la familia la pérdida de este hermano o de esta hermana pero con la gracia de Dios supimos como superar y llevar adelante los misteriosos caminos del Señor.

Vengo de una familia sencilla. Mi papá Osvaldo Bitencourt es el último de 14 hijos. Nació en Criciúma – SC.  Tuvo una infancia tranquila pero también llena de aventuras vividas en el campo. Desde niño fue muy extrovertido, inteligente y muy trabajador. Cuando tenía 8 años una parte de la familia Bitencourt, mis abuelos y los hijos fueron a vivir en el estado de Rio Grande do Sul y ahí se establecieron hasta el día de hoy. Es una familia de gente sencilla y acostumbrada a una vida de mucho trabajo.

Mi mamá Adelaide Maria Bitencourt es la quinta hija de 8 hijos. Nació en Porto Alegre - RS  y tuvo una infancia dolorosa porque perdió su mamá cuando tenía 10 años. Con la pérdida de la mamá sus padrinos de bautismo asumieron por un tiempo la responsabilidad de educarla. Viene también de una familia de personas que trabajaron mucho en la vida. Es una mujer muy sensible, delicada y muy entregada a la familia.

Mis papás crecieron prácticamente juntos porque vivían en la misma calle en Porto Alegre hasta el día de su matrimonio. Después de un tiempo de noviazgo se casaron el 29 de octubre de 1976. Al segundo año de casados nací yo y casi 4 años después nació mi hermano Marcelo.

Mi infancia fue bastante tranquila y feliz. Como la familia era grande tenía muchos tíos y tías, primos y primas. Nuestra familia se reunía mucho para organizar fiestas y no faltaban excusas para reunirse. Ambas familias eran de tradición católica y el sacerdote era siempre considerado como un miembro de la familia. Era muy común ver un sacerdote en la casa  compartiendo la misma mesa. Las personas del campo son mucho más acogedoras y aunque ellos ya vivían en la ciudad todavía tenían sus raíces en la tierra.  

En mi infancia no me acuerdo mucho de este elemento religioso en mi familia. Por un tiempo mis papás se alejaron un poco de la Iglesia pero no por rechazo sino por diversas circunstancias que  se fueron dando en nuestras vidas.

La escuela fue para mí al inicio una aventura. Yo me acuerdo perfectamente el primero día de Clases. Mi mamá preparó todo este día porque era un día muy especial. Puso mi nombre en todos mis cuadernos, libros, bolígrafos, etc. Preparó mi merienda y la puso en mi mochila y antes de llevarme a la escuela arregló una vez más mi uniforme
P. Rodrigo Bitencourt L.C.
y me peinó porque tenía que estar impecable para el primero día de clases. Mi entusiasmo por la escuela no duró mucho tiempo pero este entusiasmo volvió algunos años más tarde.   

A los 12 años tuve algunos problemas en la escuela. Empecé a vivir un período de rebeldía. No tenía en este momento ningún interés por los estudios. Como consecuencia este año fui reprobado. El año después tuve que repetir el curso pero no lo terminé porque tuve algunos problemas disciplinares con algunos colegas con quienes no me llevaba bien. Indignado por esta situación fui a la dirección de la escuela y pedí para cancelar mi inscripción porque en aquel momento yo había decido no estudiar más. En mi cabeza ya tenía todo planeado. Estaba dispuesto a trabajar con mis papás que en este momento eran microempresarios y tenían una pequeña confección de ropa. La verdad lo que quería en este momento era alejarme de algunos colegas que me hacían la vida imposible y el único modo era saliendo de la escuela.

Había sido reprobado en la escuela el año anterior y no había concluido el año siguiente el sexto año de la escuela primaria. Por algún tiempo estuve feliz porque mientras los adolescentes de mi edad iban a la escuela yo ya estaba “libre” de ella. Mi papá fue muy sabio conmigo y en esta ocasión me dijo: – “Si no quieres estudiar tienes que trabajar. Mañana empezamos a las 5:00 a.m. Por ahora tu sueldo será ropa, comida y cama”. Bueno, esta aventura duró sólo hasta empezar el siguiente año académico y después regresé a la escuela para continuar mis estudios.

Fue en esta época que sentí por la primera vez el llamado a la vocación sacerdotal. Este año fuera de la escuela me ayudó a encontrarme con Dios. En este período conocí a un seminarista que durante las vacaciones de verano ayudaba en la parroquia y que me impresionó muchísimo. Era diferente, distinguido y muy alegre. Empezó ahí una grande amistad y también mi preparación para entrar en el Seminario de la Arquidiócesis de Porto Alegre. 

El año de 1994 ingresé en el Seminario menor de Gravataí. Estuve en el Seminario menor casi 5 años. Fueron años muy felices donde aprendí muchas cosas e hice muy buenas amistades. Todavía tengo contacto con algunos de estos amigos de Seminario. Unos ya son sacerdotes y otros son buenos padres de familia. Durante el tiempo de Seminario concluí la primaria y secundaria. El último año de Seminario fue un año de profundo discernimiento. Es difícil explicar pero algo en mi interior me decía que ahí no era mi lugar. Después de mucho discernimiento y de mucha oración  tuve la certeza de que tenía que dejar el Seminario. Hablé con mucha serenidad con mis superiores sobre mi decisión y ellos me apoyaron diciéndome que las puertas estarían abiertas se un día quisiera volver.

Durante 1 año tuve dirección espiritual en el Seminario de Gravataí con el mismo director espiritual que tenía cuando era seminarista. Este año fue un año de integración en la sociedad. Después de haber vivido por mucho tiempo en un Seminario yo me sentía en una jungla de piedra donde tenía que hacer todo lo posible para sobrevivir. Yo ya estaba acostumbrado a vivir en un ambiente cristiano en el Seminario y me había olvidado de los peligros y del ambiente pagano que había en la sociedad. Tardé algunos meses para habituarme pero luego aprendí a defenderme de estos peligros. Sentía falta de una profunda vida espiritual para poder vivir como un auténtico cristiano en el mundo.

El segundo años después de haber salido del Seminario yo ya pensaba en constituir una familia, empezar una carrera, etc. Quería ser profesor y periodista. Aunque con los problemas que tuve en la escuela en la adolescencia siempre me llamó la atención el tema de la educación. Mis papás me enseñaron desde niño que la escuela es nuestra segunda familia y por esto tenía mucho aprecio y respeto por mis profesores. La profesión de periodista también me llamaba mucho la atención porque siempre me gustó leer, escribir, viajar pero Dios tenía otros planes para mí. Mi di cuenta más adelante que Dios me estaba preparando a una entrega más exigente, una entrega para toda la vida.

Este mismo año conocí a través de un amigo el Movimiento Regnum Christi. El Movimiento era justo lo que estaba buscando para mi vida espiritual. Conocí el Regnum Christi en enero de 1999. En agosto de este mismo año me incorporé al Movimiento y en enero de 2000 estaba ya en el candidatado de la Legión de Cristo en Arujá en el estado de San Pablo. Yo considero el año de 1999 el año en que descubrí mi perla preciosa. En el Movimiento y en la Legión encontré lo que buscaba para mi vida.    

Después de 2 años de noviciado hice mi primera profesión religiosa. En 2001 fui a Cheshire – Connecticut para estudiar Ciencias y Humanidades Clásicas y del 2002 hasta 2004 estudié filosofía en Roma.

Del 2004 hasta 2006 tuve mi primera experiencia apostólica en San Pablo trabajando en la promoción vocacional y en 2007 regresé a Roma para continuar mis estudios de filosofía y teología. Recibí la ordenación diaconal el 30 de junio de 2012 en la Capilla del Centro de Estudios Superiores de los Legionarios de Cristo en Roma y con la gracia de Dios seré ordenado sacerdote el 15 de diciembre de 2012 en la Basílica San Juan de Letrán en Roma. Considero mi vocación como una llamada, un don gratuito de Dios para realizar una misión. Una misión religiosa y sacerdotal en la Legión de Cristo para la Iglesia y para el mundo.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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