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Dios Llama al que Quiere
PUERTO RICO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Juan José Hernández Rodríguez

P. Juan José Hernández Rodríguez L.C.
P. Juan José Hernández Rodríguez L.C.

Preparando la Tierra

Al regresar a la universidad aquel domingo, mi amigo Andrew mencionó que estaba pensando en ser sacerdote. Su tono de voz me dio la impresión que lo había estado pensando muy seriamente. Le aseguré que él sería un bonísimo sacerdote. Proseguí a contarle mis planes para el futuro y mi alegría en constatar ese futuro seguro: terminar la universidad, encontrar trabajo en Atlanta y casarme con mi novia. Sin que yo me diera cuenta, Dios acababa de plantar la semilla de la vocación sacerdotal.

Durante los últimos años de universidad Dios me iba atrayendo más y más a sí mismo. Cursé mis primeros años de universidad en Georgia Tech en Atlanta, asegurando tiempos divertidos con una vida social muy activa. Tuve buenos amigos y rápidamente taché muchas actividades de lista típica de “qué hacer durante la universidad.” Anduve en paseos por todo el país con mis amigos, estuve activo en actividades del campus universitario, formé parte de una fraternidad social y hasta llegué a ser presidente del mismo…en pocas palabras, pensé que la vida iba bien pero aun así, algo faltaba.

En poco tiempo, estos valores y atractivos externos perdieron su encanto. Sabía, en lo más profundo de mi alma, que no quería dedicar mi vida a construir los “widgets” más baratos y competitivos en el mundo de computadores…sólo para preocuparme del siguiente actualización y “upgrade.” Sentía un hondo deseo de hacer algo más grande con mi vida, algo que ayudaría a transformar la vida de otros. Sin saberlo al inicio, esto fue lo que realmente buscaba dentro de mi vida social frenética.

Algunos Eventos que Abrieron los Ojos

Como miembro de una fraternidad social, tenía que dedicar cierto número de horas cada semestre a un trabajo de servicio social. Casi siempre íbamos al centro de la ciudad de Atlanta a la Iglesia de la Inmaculada Concepción para ayudar a dar de comer a los transeúntes. Recuerdo aún la fila larga de personas sin techo ni comida que esperaban su turno, cada Sábado, para recibir plato de comida. Después de cada sesión, siempre me preguntaba por qué no estaba yo en la misma situación. Nací en el seno de una familia amorosa y estable y tuve muchas oportunidades para estudiar y salir adelante en la vida y aún así, me parecía que estaba desgastando la vida en asuntos egoístas y sin dirección.

Al mismo tiempo, intentaba profundizar en mi Fe. Crecí en un ambiente muy católico en Puerto Rico. Casi todos mis familiares compartían la misma Fe Católica y muchas veces nadie se preguntaba el porqué de la Fe. Ahora que estaba en un ambiente muy diverso, sentía un deseo profundo de acercarme más a Cristo y así encontrar un camino más claro hacia el futuro. Empecé a leer la Biblia, rezar el Rosario y estudiar el catecismo. Entre más profundo llegué, más quería aprender algo sobre Cristo y hacer algo por Él.

A la vez,
P. Juan José Hernández Rodríguez L.C.
sentía una atracción profunda hacia la Eucaristía; frecuentaba la misa diaria en la universidad. También descubrí muchas oportunidades para participar en la adoración ante el Santísimo Sacramento. En pocas palabras, Dios iba transformando mi vida desde dentro.

Durante estos tiempos, gozaba de un noviazgo de mucho tiempo. Mi novia y yo compartíamos gustos muy similares. Era un noviazgo basado en una amistad aún más vieja que poco a poco tornó en algo más serio. Aunque no estábamos comprometidos, constantemente hablábamos sobre el futuro de nuestra relación y yo creía sinceramente que terminaríamos casados. Ella no era Católica pero sí me acompañaba a la misa diaria y estaba muy abierta al aprender más sobre el catolicismo.

La semilla se planta

Aquella conversación cono Andrew, había puesto una semilla de duda en mi corazón, semilla que empezó a crecer. Jamás había pensado en la posibilidad del sacerdocio.  De repente, la idea del sacerdocio empezó a emerger por todas partes. Prender la televisión: ver un sacerdote. Abrir un libro: una historia sobre un sacerdote. Ir al mercado: ver un sacerdote. Luego estaban los “profetas” de la iglesia; aquellas personas que se acercaban solo para decir que algún día sería un buen sacerdote. Lo raro es que jamás me lo habían dicho hasta que empecé a pensar seriamente en el sacerdocio.

Pero yo tenía una respuesta para tantos interrogantes y “coincidencias. Dios jamás me llamaría a mí. Es decir, él es Dios y como tal, sabe en qué he pasado mi vida…jamás me escogería. Pero Él insistió.

Una mañana en la iglesia, antes de que comenzara la misa, el sacerdote mencionó que le acompañaría un diacono que dentro de poco, sería ordenado sacerdote. “Recemos por él y por todos aquellos que están considerando el sacerdocio,” dijo en ese momento. Ciertamente no fue un “golazo” pero sí metió un gol. Esa mañana salí de la Iglesia con la certeza de que Dios me llamaba al sacerdocio y que tenía que hacer algo.

Discernimiento

Así que Dios me llamaba pero no tenía idea por dónde empezar. Sólo sabía que no le iba a contar a nadie. Después de todo, podría estar equivocado. También me di cuenta que no podría discernir realmente y a la vez tener una novia. Estaba claro que tenía que romper con ella si realmente quería caminar el camino de discernimiento. Usualmente las parejas rompen el noviazgo porque hay problemas graves…como no era nuestro caso, me costó horrores. Gracias a Dios, ella entendía muy bien la implicación.

Por fin, pude empezar de lleno con el proceso de discernimiento por medio de charlas con algunos sacerdotes y retiros vocacionales. Estos primeros pasos confirmaron el llamamiento que sentí hacía el sacerdocio pero también sabía que tenía que seguir con la búsqueda.

En un momento dado, compartí este hecho con mi amigo Andrew. El era un miembro del Movimiento Regnum Christi y me invitó a visitar un seminario de los Legionarios de Cristo durante la Semana Santa. Aunque ya había conocido en legionario, decidí que haría lo que aconsejaba Andrew porque estaba decidido en encontrar el camino que Dios quería para mí.

Dios había aguardado lo mejor para este momento. Llegué al seminario con ciertos prejuicios pensando que la vida religiosa simplemente no era para mí…especialmente por aquello de poder ser enviado a cualquier parte del mundo. Durante el primer día del retiro de Semana Santa, le expliqué todo esto al director del programa. Pacientemente me escuchó y me dio algunos consejos para aprovechar a máximo el retiro.

Cualquiera que visita un centro legionario durante la Semana Santa es inmediatamente impactado por la belleza de la liturgia. Nunca había visto algo semejante y realmente preparó mi alma para escuchar la voz de Dios. Fue durante la adoración nocturna durante el Viernes Santo que “escuché” la respuesta definitiva. Sabía que Dios me quería ahí. ¿Qué me dijo? No lo sé. Lo único que sé es que todo prejuicio y objeción interior desaparecieron. Todo lo demás importaba poco. Sólo tenía la certeza de que Dios quería todo, que me estaba pidiendo todo sin condiciones. Dije: “Sí.”

El día de Viernes Santo, fue un día de silencio y recogimiento que aproveché a fondo para saborear la experiencia de la noche anterior y continué el diálogo interior con el Señor. Al mismo tiempo, caminé por toda la propiedad del seminario y observé todo lo que estaba pasando. Repetía constantemente en mi interior: “Estoy en casa.”

Ese momento ha sido la ancla durante el caminar cotidiano de mi vocación. En momentos de dificultad, lo primero que hago es recordar las palabras de Cristo: “No fuiste tu quien escogiste, fui yo quien te escogí.”

Al regresar a casa después del retiro me di cuenta que nada volvería a ser como antes. Le conté a mi exnovia toda la experiencia y lo aceptó todo con mucha apertura. Lo aceptó tanto que, en la Pascua del año siguiente, fue bautizada  dentro de la Iglesia Católica. También le comenté todo a mi amigo Andrew y le motivé para que él también visitara el seminario. Siguió mi consejo y once años después, fuimos ordenados sacerdotes juntos.

Mi vida como Legionario ha sido llena de bendiciones. Constanemente he tenido que romper barreras, salir de mi zona de confort, y salir al encuentro de las almas más necesitadas. He descubierto en la Legión de Cristo una familia en quien puedo contar, con quien puedo rezar y donde me siento en casa.

El P. Juan José Hernández nació en Mayagüez, Puerto Rico el 14 de enero de 1976. Terminó su bachillerato en el Colegio San José, antes de viajar a Atlanta, Georgia para estudiar ingeniería en la universidad de Georgia Tech. Entró en el noviciado en 2001 en Cheshire, Connecticut y emitió los primeros votos en Irlanda, dos años después. Cursó un año de humanidades clásicas en Cheshire y luego, terminó su bachillerato en filosofía en Roma. Durante sus prácticas pastorales, trabajo en el estado de Florida desde el 2006 hasta el 2009, como director de pastoral juvenil y como coordinador del “Regnum Christi Mission Corps” de los Estados Unidos. Actualmente realiza su ministerio sacerdotal como director de la sección de jóvenes de Atlanta.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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