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Dios me quería vivo
REINO UNIDO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. James Mark Shekelton

P. James Mark Shekelton L.C.
P. James Mark Shekelton L.C.

El milagro

Desde pequeño, Dios me ha llevado de la mano, ha guidado siempre mi camino. Reflexionando sobre mi vida me doy cuenta de que no han habido grandes conversiones o situaciones extraordinarias. Más bien, mi vida ha sido una respuesta continua a una llamada que desde niño sentí dentro de mí.

Nací en la ciudad de Sheffield, Inglaterra, en 1982. Soy el menor en mi familia. Tengo dos hermanos y una hermana. Según me cuentan, teniendo apenas tres meses de vida sufrí una enfermedad que nadie podía explicar ni diagnosticar. Me tuvieron que ingresar en una unidad de cuidados intensivos. Los mismos médicos no tenían mucha esperanza en mi recuperación. A mis padres y hermanos no les quedó más remedio que rezar. Y fue precisamente durante uno de los muchos rosarios que ofrecieron por mí que recibieron una llamada desde el hospital informándoles de que, repentinamente, mis signos vitales comenzaron a normalizarse y parecía que mi salud se restablecía. Sin duda éste fue el primer “milagro” o intervención de Dios en mi vida. Él me permitió recuperarme completamente y crecer con normalidad y con buena salud. ¡Dios me quería vivo!

Primeros años

Siempre he sido muy activo. Me gustaba estar ocupado en algo todo el tiempo. En nuestra casa había mucho movimiento, constantes idas y venidas de amigos y familiares.

Ya desde niño sentía una gran atracción hacia la Santa Misa, en la que siempre estaba muy atento. Este interés por la Misa se convirtió en una constante en mi vida. Incluso convertí parte de mi dormitorio en una verdadera iglesia, en la que jugaba con frecuencia a celebrar la Misa usando galletas de chocolate y zumo de manzana. Los fieles imaginarios que acudían a mis celebraciones eran muy numerosos, lo que significaba felizmente para mí un mayor consumo de galletas de chocolate.

Cerca de mi cama tenía un ejemplar de “La imitación de Cristo”,  por Tomás de Kempis. Con frecuencia leía algún fragmento antes de dormir, lo que sorprendía a mis padres.

Fui creciendo y también lo hacía mi interés por la Misa y la Iglesia en general.  Sin duda se debía a la gran fe de mis padres y al ambiente de familia que vivíamos; Dios ocupó siempre el primer lugar. Con frecuencia rezábamos el rosario juntos.

La batalla comienza


Los años en la escuela secundaria no estuvieron exentos de las actividades y aventuras propias de cualquier adolescente. Jugaba mucho al golf, al tenis, Rugby y fútbol. Me gustaba llevarme bien con las chicas e irme los fines de semana con algunos amigos para andar en bicicleta.

Constantemente buscaba ganar algo de dinero vendiendo cosas, lavando coches o cortando césped. Siempre había algo que hacer y siempre estaba ocupado. Mirando hacia atrás me doy cuenta de cómo, durante estos años, Dios velaba por mí y las muchas experiencias que tuve me conducirían finalmente a darle mi “sí” a Él.

P. James Mark Shekelton L.C.
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Al inicio la atracción que sentía hacia el sacerdocio era como la de cualquier niño, pero conforme crecía empecé a ver que Dios se tomaba las cosas más en serio. Esto me asustó pero me di cuenta que Dios me estaba pidiendo tener mucha fe en Él.
En Inglaterra, se le da gran importancia a los numerosos mártires que han derramado su sangre por la causa del Evangelio. Entre ellos, San Edmundo Campion y Santo Tomás Moro me han inspirado especialmente por su fidelidad a la fe y el testimonio que dieron de Cristo. Muchas veces me sentaba a reflexionar sobre lo que tenía que hacer en la vida. Diversa preguntas me desconcertaban y me hacían dudar. Yo quería hacer algo grande y quería ayudar a los demás, pero nunca conseguí sacar de mi mente la idea del sacerdocio. Esta idea creció conmigo y yo no podía quitármela de la cabeza.

Nuestro párroco, Mons. William Kilgannon, irlandés, tuvo una gran influencia en mí. Es un hombre invencible, que no se detiene ante nada con tal de atender la parroquia y sus necesidades. Muchas veces pasó noches enteras asistiendo a los enfermos y consolando a los moribundos. Su ejemplo me impactó positivamente y me ayudó a entender que un sacerdote no vive y no puede vivir para sí mismo sino para los demás.

La decisión final

Luego tuve la oportunidad de viajar y pude conocer Roma. En diferentes visitas a esta ciudad, recibí el influjo de un hombre que sin duda cambió mi vida y el mundo. Se trata del Beato Juan Pablo II. Algo en ese hombre me atraía con fuerza y hasta el día de hoy he experimentado su intercesión muchas veces.

En 1999 participé en la Vigilia de Pascua en la plaza de San Pedro. Al pasar el Papa me acerqué cuanto pude y lo vi a unos dos metros de distancia. Recuerdo muy bien que cuando pasó, se volvió y me miró, antes de continuar hacia el altar. En ese momento sentí casi como si Dios mismo me tocara y me invitara a ir hacia Él, para tomar su mano y caminar con Él. Yo sabía que Él me estaba preparando para algo.

Mi familia siempre ha tenido amistad con muchos sacerdotes y esto también tuvo una influencia positiva en mi propia vocación. Veía al sacerdote como una figura paternal y cercana; me sentía identificado con ello. Por esta razón, y debido a la fe de mi familia, siempre reinó un gran amor por la Iglesia en casa. Mi padre había sido anglicano y se convirtió a la fe católica antes de conocer a mi madre. Tal vez esta fue otra razón por la cual tomábamos la vida de fe muy en serio.

Conocí la Legión a través de uno de mis hermanos, que en 1992 había salido de casa para entrar al seminario que tenía la congregación en Irlanda. La Legión no tenía grupos ni obras de apostolado en Inglaterra, pero en ocasiones, cuando visité a mi hermano, experimenté una gran paz y percibía ahí gran amor a la Iglesia.

El año 1999 también asistí a un campamento en Alaska. Durante esas semanas, en medio de la creación de Dios y de diversas actividades como rafting, caza y esquí, decidí que había llegado el momento de darle a Dios la oportunidad de trabajar en mí. En el verano de ese mismo año hice la experiencia del “candidatado” en el noviciado de los Legionarios de Cristo en Cheshire, Connecticut, en los Estados Unidos. Cuando miro hacia atrás me pregunto: “En ese momento, ¿cómo fue posible que lo dejara todo? ¿No me habría engañado alguien para que me quedara?”. Pero puedo decir que fue la respuesta a la llamada de Dios, sin lugar a dudas. Él concede la gracia especial que necesitamos en el momento en que la necesitamos. Lo importante es corresponder a esa gracia. Esto trae consigo la paz y la felicidad.

Uno de los factores que me han ayudado a crecer en mi amor por el sacerdocio han sido los años de trabajo con jóvenes y con familias en México. He aprendido, y sigo aprendiendo, que un sacerdote se debe a todas las personas. Ser un instrumento de la gracia de Dios es una de las alegrías más grandes que he experimentado.

Con los años también he aprendido que no hay una vía rápida y fácil, sino que todos los caminos se deben andar en compañía de Nuestro Señor. Dios concede su gracia en los momentos en que tenemos que tomar decisiones, y es precisamente esta gracia la que nos capacita para continuar, aun en medio de las dificultades y sufrimientos.

Encomiendo los años que vengan en las manos de Dios, y pido las oraciones de todos los que lean esta historia, para que Dios me preserve en su servicio y, a través de mí, llegue a todas las almas necesitadas de su Salvación.

El P. James Shekelton nació en la ciudad de Sheffield, South Yorkshire, Inglaterra, en 1982. Recibió la educación primaria en la Mylnhurst Convent School, en Sheffield y la educación secundaria y preparatoria en el All Saints Catholic School de la misma ciudad. A la edad de 17 años entró en el noviciado de la Legión de Cristo en Cheshire, Connecticut, EE.UU.. En 2002 terminó el Bachillerato en Filosofía en la Ateneo Pontificio Regina Apostolurum en Roma. De 2004 a 2011 trabajó con jóvenes tanto en la Ciudad de México como en Monterrey. En 2009 comenzó su Bachillerato en Teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolurum, que concluyó en junio de 2012. Recibió la ordenación diaconal el 30 de junio de 2012, fiesta de los primeros mártires romanos.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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