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La gracia de Dios es el origen de toda vocación.
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La mujer de mi vida
POLONIA | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Mariusz Kazimierz Kielbasa

P. Mariusz Kazimierz Kielbasa L.C.
P. Mariusz Kazimierz Kielbasa L.C.


El día de mi nacimiento fue casi el día de mi muerte. Era el 4 de marzo de 1977. En la sala de nacimientos se escuchaba la voz de los doctores: “Lo perdemos…”. Pero al lado del hospital en Tuchów, Polonia, hay un pequeño santuario mariano… Escribiendo estas palabras me doy cuenta de nuevo que María siempre ha estado presente en mi existencia. Sin embargo, otra mujer iba a conquistar mi vida…



“Será sacerdote” – ¡Pero no yo!



“Dios te salve, María….” Ya con diez años precedía los rosarios y las letanías en nuestra parroquia. “Será sacerdote” – profetizaba la gente, pero yo resistía. Rechacé varias veces la invitación del párroco para formar parte del grupo de los monaguillos, porque inconscientemente tenía idea de que cada uno de ellos tiene que quedarse después en el seminario para llegar a ser un sacerdote. Y yo simplemente no lo quería ser.



Computadora y fiestas



Al terminar la preparatoria me fui a estudiar física informática en la Universidad Técnica (AGH) de Cracovia. Fui un físico cantante, pues empecé participar en el coro de una iglesia (dedicada a la Nuestra Señora de Lourdes). Por eso, sin darme cuenta, empecé participar en la misa diaria. Era uno de los mejores tiempos de mi vida: casi cada noche iba a misa, cantaba con mis compañeros, cenábamos juntos, veíamos películas, tocábamos la guitarra y platicábamos hasta media noche. Tenía muchos amigos y junto con ellos, a Cristo como nuestro gran Amigo.



Para financiar los estudios fundé una empresa de producir los videos de las bodas. Fue un óptimo trabajo: casi cada sábado comía muy bien, conocía mucha gente, bailaba y además al final me pagaban. Ganaba más que mi papá, el cual llevaba un duro trabajo en construcciones.



Con el tiempo llegué a ser presidente de la pastoral estudiantil de la misma iglesia universitaria. Una de mis primeras responsabilidades fue organizar un campamento para los estudiantes del primer año para atraerlos a nuestras actividades. El campamento fue un éxito. También para mí: encontré mi futura novia: Jagienka. Nunca creía en el amor a primera vista, hasta ese momento.



Mi media naranja



Unas semanas después del campamento la invité a un fin de semana en las montañas con el grupo del coro. Una noche fui a la capilla, ya bastante tarde, para terminar el día con Cristo. Me quedé sólo con la luz de la vela del sagrario. En cierto momento entró alguien más y se quedó también en oscuridad. Cuando me di cuenta que fue ella, me acerqué y le propuse que rezáramos juntos. Al final encomendamos a Cristo nuestra amistad,
P. Mariusz Kazimierz Kielbasa L.C.
pidiéndole que guiara nuestras vidas. Desde entonces empezamos pasar más tiempo juntos. Mi vida cambió. El amor dio sentido a todo lo que hacía.



Una noche después de un período de tiempo, de verdad no me acuerdo cuánto, -los enamorados no miden el tiempo-, fuimos a un parque. Sentados con las manos juntas contemplábamos el cielo lleno de estrellas. En un cierto momento, Jagienka me miró con la cara de alguien que tiene que transmitir algo doloroso. “Siento que Dios quiere que sea una monja” – dijo. Por un rato no respondí nada. Ella comprendía mi dolor, porque sabía todo lo que significaba para mí. Yo era consciente, por lo demás, que con Cristo no podía competir. Nos separamos para que ella pudiera libremente decidir sobre su vocación.



Primer contacto con los legionarios



Durante mi segundo año de la universidad, vino una noche a nuestra misa el P. Steven Clarke, LC. Nos invitó a una charla en inglés sobre las sectas. La oferta era en sí atractiva, pero lo que ganó nuestros corazones fue la frase que el padre dijo en polaco:



“No sé polaco, pero soy muy simpático”
.



Dos semanas después me llamó y me invitó a una peregrinación a Roma durante la Semana Santa. “Eres un loco – me dijo mi hermana –. Seguramente es una secta”. Me salvaron las fotos de los legionarios con el Papa Juan Pablo II y el hecho de tener el teléfono celular para emergencias.



¡Roma eterna! El viaje fue una maravilla. Participé en varias ceremonias con el Santo Padre. Una vez incluso se aproximó a nuestro grupo y pudimos saludarlo. Me impactó también el modo de vivir la Semana Santa por parte de los legionarios, con mucho recogimiento y con gran devoción. El domingo de Pascua me decidí formar parte del movimiento Regnum Christi junto con otros chicos polacos. Aunque no sabía qué es, de alguna manera sabía que Dios me llamaba a ser apóstol y me mostraba la manera de realizarlo. En el interior de mi alma fue como un amor a primera vista.



Vocación



Regresé a Polonia y empecé a ayudar con muchas actividades del Regnum Christi: misiones en Lituania, llevar un club para chicos, campamentos internacionales. No quería ser legionario. Sin embargo, estando en el noviciado de Alemania me impactó una especial alegría que irradiaba de las caras de los novicios. Allí, delante de Cristo, por primera vez en mi vida, me vino la inquietud de si no podría darse que yo también fuese tan feliz como ellos siguiendo el mismo camino.



Estaba ya en el quinto y último año de la universidad. Los pensamientos sobre la vocación regresaban de vez en cuando, pero no les hacía mucho caso pensando que se trataba sólo de emoción, surgida tras mi estancia en un noviciado. No obstante, después de un mes de tratar de olvidarlo, vi que no eran simples emociones. Hablé de ello con mi director espiritual y vimos que lo más conveniente era terminar la educación y eventualmente inscribirse al programa de verano para el discernimiento vocacional.



Empezó para mí un tiempo muy difícil. Tenía una buena profesión, con la cual podría ganar mucho dinero. Quería abrir una empresa de informática, que era mi pasión. Pensaba seguir estudiando para obtener un doctorado. Y, sobre todo, desde siempre quería tener una familia como la de mis papás.



Acudí a María. Le encomendé mi vida: “Si quieres que sea un sacerdote, dímelo”, -le repetía con confianza. La paz del alma llegó a finales de mayo.



Última decisión



Aunque ya estaba seguro que Dios me llamaba a ser legionario no todo fue fácil. Justo en este momento, una noche después de la misa, Jagienka quiso hablar conmigo: “Si quieres, podemos empezar de nuevo” y me reveló que, después de reflexionar sobre su vocación, había visto que la vida consagrada no era su camino. Me di cuenta, en ese momento, que aquella noche, cuando dejamos de estar juntos, Dios se había servido de nuestra amistad para decirme a mí que me quería como sacerdote. Pero entonces no lo había entendido.



El tiempo que pasé con Jagienka me enseñó el valor del amor en la vida, que me ayudó mucho en la vida religiosa. Sabía que, si uno ama, nada es imposible. Si uno por amor humano es capaz de hacer cosas imposibles, ¡cuánto más por amor a Cristo!





El P. Mariusz Kiełbasa nació en Tuchów, Polonia, el 4 de marzo de 1977. El año 2002 obtuvo maestría en la especialización de física informática en la Universidad Técnica de Cracovia (AGH). Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Bad Münstereifel, Alemania, el 6 de septiembre del 2002. Cursó los estudios humanísticos en Salamanca, España. Durante dos años trabajó en Cracovia como formador en el Club Horyzont. Terminó bachillerato en filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Desde el septiembre trabaja apostólicamente en Cracovia.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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