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Los caminos de Dios no son los nuestros
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. José Luis Emmanuel Horta García

P. José Luis Emmanuel Horta García L.C.
P. José Luis Emmanuel Horta García L.C.

Cada historia es única y al mismo tiempo una muestra de la misericordia de Dios en la vida de un hombre que llega al sacerdocio.

Nací en Irapuato, Guanajuato el 5 de abril de 1982. Tengo una hermana mayor y un hermano menor. Una de las cosas que más recuerdo es la presencia del Sagrado Corazón en nuestra familia, tanto así que el colegio que frecuentaba lo dirigían religiosas de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús. No puedo decir que éramos una familia ejemplar en la vivencia de nuestra fe, ni tampoco que vivíamos tan alejados de nuestros compromisos con Dios. Aun así, Dios nos tenía preparadas muchas cosas a lo largo de estos años.

Puedo decir que muchos amigos de la familia son sacerdotes y religiosas, muy buenos y me atrevo a decir que algunos son ejemplos a seguir. Pero aun con este contacto jamás sentí la curiosidad ni la inquietud de ser sacerdote. Lo único que me llamaba la atención era ser jugador de fútbol o tal vez bombero, eran las grandes expectativas de mi vida a los 9 años. Entonces alguno se preguntará: “Cómo surgió la vocación, si no tenía ninguna inquietud?”

Un hecho curioso que me contó mi mamá, después de varios años como legionario, fue el día de mi nacimiento. Ocurrió que un día en el hospital, mientras mi mamá me estaba esperando, entró en la capilla para rezar y allí le llegó la hora. Antes de que mi mamá ingresara a la sala de partos, entró sin avisar un amigo sacerdote que, aprovechando el momento, me impartió la bendición de María Auxiliadora antes de mi nacimiento.

Cada vez que me preguntan: “Cuándo sintió la vocación?”. Sonrío y respondo: “No lo sé”, y las personas me miran con cara de admiración. No puedo decir en qué día, mes ni en qué año sentí el llamado. Dios quiso que me diera cuenta de este don poco a poco, no fue un momento concreto donde pueda decir: “En este día, aquí…”.

La primera vez que vi a un legionario fue en el colegio. La maestra nos dijo que un padre nos hablaría del seminario y no tendríamos clase de matemáticas. Estábamos felices. Para ser sincero, no recuerdo nada de lo que nos dijo el padre. Sólo nos pidió que, si queríamos, le pasáramos nuestros datos y lo que pensábamos ser en la vida. Llegué a casa y conté lo que sucedió en la escuela. Por lo pude ver fue motivo de nervios y curiosidades entre mis papás, porque jamás habían escuchado sobre los legionarios.

Participé de un fin de semana en el Centro Vocacional del Ajusco, en la Ciudad de México, el mes de mayo. Dos meses después estaba haciendo la experiencia del verano para ingresar a los doce años en la Legión como Apostólico. Mas no fue fácil. Cuando llegó la hora de decir “sí” al padre, había cambiado de opinión. Lloré con mi papá para que le dijese al padre
P. José Luis Emmanuel Horta García L.C.
que no quería ir, pero me salió el tiro por la culata. Me dije mi papá: “Si tú diste tu palabra de ir, ahora lo cumples”. No tuve opción. Entonces tomé un calendario, miré las fechas y dije: “Bueno, entonces vas por mí el 7 de agosto, a la mitad del curso”. Cuando llegó el día tan esperado y vi a mi papá me preguntó: “Entonces, ya nos vamos?”, mi respuesta fue: “No. Me quedo, ya me gustó”. La verdad que no pensé cómo iban a tomar la noticia en casa; y a partir de ese momento comencé mi camino en la Legión de Cristo.

Los años que pasé en el Seminario fueron maravillosos, con sus alegrías y dificultades, con momentos de dudas y tambaleos vocacionales y períodos de gracias inmerecidas y de paz en el alma. Con el paso de los años iba creciendo la certeza de la vocación.

En septiembre de 1998 ingresé al Noviciado en Monterrey y después de un año y medio, fui trasladado al Noviciado de São Paulo, Brasil. La experiencia de conocer más a Jesucristo, de conocer a grandes padres espirituales que me ayudaron en mi vida, y del entusiasmo que se experimenta al vivir el mismo ideal con los propios compañeros. Después de dos años emití mi profesión religiosa en Salamanca, España, el 15 de agosto de 2000, e inicié los estudios de Humanidades y ciencias por dos años. Fue un período hermoso de la gracia de Dios y de prueba con las dificultades de la edad. En verdad me quedo maravillado de la enorme paciencia que me tuvieron mis formadores durante esos años y les estoy muy agradecido.

El paso a Roma fue también un momento inolvidable. Inicié la carrera de filosofía sin muchos ánimos, pero al descubrir el ambiente entre los padres y hermanos empecé a ver las cosas de otra manera. He de confesar que tuve luchas fuertes en las que la vocación se fue afianzando. Al final de los estudios tenía una mezcla de entusiasmo y a la vez de cierto temor al trabajo apostólico que me tocaría ejercer, era una prueba de fuego para mí.

En el verano de 2004 volaba desde Roma hacia Curitiba, Brasil, para ser parte del equipo de formadores de nuestro seminario menor. Fueron tres hermosos años de mi vida ayudando en la formación de futuros legionarios que nunca voy a olvidar y donde aprendí mucho tanto de los adolescentes con su entrega generosa, como de amigos y hermanos con los que compartí muchas experiencias. Agradezco la infinita paciencia y la generosidad de los hermanos que fueron mis apostólicos y les pido perdón si en algún momento les di mal testimonio. En este período como formador tuve la gracia de emitir mi profesión perpetua en agosto de 2006, rodeado de apostólicos y precandidatos.

Ya que estaba muy feliz con mi trabajo, me llegó la hora de retornar a los estudios en Roma. Comencé la licenciatura en filosofía durante dos años y los estudios de teología, que duraron un trienio. Durante estos años  fui creciendo en mi amor a la Legión, al Regnum Christi y al sacerdocio. Hago mención muy especial al P. Donal Clancy, quien fue para mí un verdadero padre espiritual que me ayudó y guió con una paciencia y bondad infinitas en mi preparación al sacerdocio legionario. Igualmente un sentido agradecimiento a todos mis formadores en estos dieciocho años de mi formación. Cada uno fue un instrumento de Dios que me iba moldeando y guiando en mi camino, en los momentos claros y en los tiempos de niebla.

Por otra parte, tuve la gracia de enamorarme del Regnum Christi y de amar a mis hermanas consagradas y a mis hermanos consagrados. Como había trabajado en el Centro Vocacional no tuve la experiencia de convivir ni trabajar con consagradas ni consagrados. Pero Dios me lo reservó hasta mis últimos años de formación. Mientras estudiaba la licenciatura en filosofía, me pidieron ayudar como catequista en una parroquia de Roma, junto con varios hermanos. Allí por primera vez coincidí con las consagradas y confieso, con pena, que mi actitud era de una cierta indiferencia hacia ellas…, pero bastó un sencillo gesto de caridad para cambiar mi actitud y mi forma de tratarlas.

Sucedió que se me olvidó que tenía una reunión de catequistas con el párroco y simplemente no asistí. Me golpeó mucho el saber que una consagrada, presente en la reunión, tomó sobre sí la culpa diciendo que había olvidado avisarme. Para mí fue un abrir los ojos viendo que una hermana mía tomaba la culpa sobre sí por mi falta de compromiso. Me pregunté por qué lo hizo y no encontré más respuesta que el amor y la estima que nos tiene. Allí comencé  amar a mis hermanas consagradas, gracias a una de ellas que fue el instrumento de Dios para descubrir este tesoro maravilloso que es la vida consagrada en el Regnum Christi. También gracias a mis hermanos consagrados, que en un período me ayudaron con su ejemplo a entregarme con una mayor generosidad en un tiempo difícil de mi formación.

No quisiera dejar en la penumbra a tantas personas que han estado a mi lado con sus oraciones, su apoyo y su cariño todos estos años de mi vida. Para un sacerdote que comienza su vida y ministerio, las oraciones de tantas personas son fundamentales para sostener la misión de llevar a las personas al cielo.

Agradezco muchísimo al P. Álvaro, al Card. Velasio y a cada uno de mis hermanos legionarios que día a día me dan un testimonio de fe en el plan de Dios sobre la Legión y el Movimiento. Cada uno ha sido y es un tesoro para la Iglesia, cada uno con sus defectos y virtudes, pero con un gran corazón que quiere amar y entregarse a Jesucristo con pasión.

El P. José Luis Horta, nació en Irapuato, Gto. México el 5 de abril de 1982. Cursó sus estudios primarios con las religiosas del Sagrado Corazón y entró al Centro Vocacional en el verano de 1994 hasta 1998 que ingresó al Noviciado en Monterrey y lo terminó en el noviciado de São Paulo, Brasil. Los estudios de Humanidades los realizó de 2000 a 2002 en Salamanca, España para luego dar inicio a sus estudios de filosofía en Roma hasta el año de 2004. Desarrollo su trabajo apostólico como formador de seminaristas en el Centro Vocacional de Curitiba hasta el año de 2006, año en el que emitió su profesión perpetua. En el período de 2006 a 2012 cursó la licenciatura en filosofía y el bachillerato en teología en Roma. Actualmente realiza su ministerio como vicerrector del Centro Vocacional de Curitiba.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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