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| P. Mark Brian Thelen L.C. | |
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Después de 31 años de vida, 14 de estos
en un seminario, algunas cosas han cambiado…otras permanecen igual.
Cada mañana me sigo preguntando el porqué de salir de
la cama. Ya no es para almacenar una fortuna,
llevar un carro lujoso y ni siquiera formar una familia.
Sueño con el hecho de poder tener a Cristo
entre mis manos todos los días y por Su
poder, perdonar los pecados.
Mí Camino: Un Sendero
sin Fin
En verdad, en verdad te digo: cuando
eras más joven te vestías y andabas por donde
querías (Juan 21, 18).
Era un
joven muy ambicioso pero aun así, no sabía exactamente qué
quería con mi vida. Mis principios e ideales estaban
claros pero no entendía nada. Toda mi vida estaba
planeada, pero no me gustaba mí destino.
Andando
por mí camino
Al graduarse,
mi mamá era la primera en su clase, “valedictorian,”
y mi papá era el segundo. Si la genética
determina, pues yo ya era muy ambicioso. Podrías estar pensando:
“qué pesado este tío, tan lleno de sí mismo,
ya estoy aburrido.” Tienes razón, también me aburrí. Pero
quédate conmigo. ¡Dios lo hizo! Se pone mejor…
Todo estaba fríamente calculado para alcanzar el
éxito, especialmente en bachillerato. Los estudios estaban encaminados hacía
el mejor promedio de mi clase incluso algunas las
hacía para obtener créditos universitarios en avance. No sólo en
los estudios: mi papá fue un atleta excelente y
los deportes en general fueron un aspecto muy importante
en mi vida. Para empezar: natación, esquí, tenis, futbol, beisbol,
básquet, y atletismo. En beisbol, la espera me volvía
loco pero lo jugué por casi ocho años. El
atletismo y las carreras de correr, en cambio, me gustaban
muchísimo. En mi primer año de bachillerato, por ejemplo,
corrí para el equipo de atletismo y llegamos al
quinto lugar en todo el estado.
Luego, estaban las actividades extra curriculares como el
gobierno estudiantil. En el mismo bachillerato, calculé y preparé
una campaña exitosa de presidencia de mi curso. El
“SAT” también fue parte de la estrategia general. Tenía que
tener el mejor puntuaje posible, que en aquel entonces
era 1600. Leí libor tras libro, sobre cómo hacer
este examen, trucos avanzados, etc. Amigos, novias y la vida
social también eran parte normal de la vida. En
general, intenté hablar con personas de todos los “grupitos”:
atletas, góticos, intelectuales, los artistas, los ultra-católicos y todos
los demás.
¿Hacía Dónde Iba?
“¿Y qué vas a hacer cuando seas adulto?” Es
difícil recordar cuántas veces me lo habían preguntado. No
tenía una respuesta agil. Desde luego, el trabajo en oficina
no era una de las opciones porque me encantaba
el trato con las personas. Quería tener éxito, quería
lidiar, quería hacer una real diferencia en la vida de
los demás.
Bachillerato, entonces,
circulaba en torno a la aplicación de ingreso a
la universidad. Todo iba encaminado a rellenar la hoja
de vida con todo lo bueno y positivo que podría
obtener: promedios, deportes, premios, etc. Luego ya estaba pensando
en entrar a una universidad del “Ivy League” para
poder después obtener un trabajo de alto pago. Luego,
con la experiencia, subiría los escalones de puestos en una
empresa impresionante…así podría asegurar un carro bonísimo, una casa,
dinero suficiente para vivir bien y formar una familia
perfecta con una esposa bella e inteligente. Pero todavía
no había podido responder a la pregunta: ¿Qué quería hacer
con mi vida? ¿Hacía dónde iba?
El Paso de
los Años
Ya para el segundo
año de bachillerato, me estaba cansando de seguir mi
“plan” fríamente calculado. ¡Quería vivir! Tenía que haber algo
más que todo esto.
Mi fe no era muy fuerte y muy poco
personal. Ambos padres eran católicos muy devotos y recuerdo la
reflexión espiritual de cada mañana. Pero como siempre, lo
veía como una tarea más. Como muchos jóvenes, también
“jugaba” a decir misa con mis amigos…usando jugo y
galletas para sustituir el pan y el vino de la
misa real. A pesar de todo eso: Misa de
domingo, escuela católica, mucho ejemplo por parte de mi
familia…la fe no era algo personal, mía. Veía la religión
como algo más en el eslabón de una vida
exitosa. “Ir a misa” era otro elemento, a la misma
altura que las tareas académicas y los eventos deportivos.
Cambiando el Sendero
Porque como los cielos
son más altos que la tierra, así mis caminos
son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos
más que vuestros pensamientos (Isaías 55, 9).
Dios tuvo que organizar unos eventos bastante serios para
hacerme cambiar de ruta. No determinaron el camino pero
sí me ayudaron a pensar a fondo: una profecía
extraña, una puerta cualquiera en Nueva York y un viaje
nocturno.
Una Profecía Extraña
Estaba sentado
en la misa, mudo de sorpresa: “¿qué cosa acaba de
decir?” Era semejante a una de estas escenas de
cámara lenta una película de boxeo donde el personaje
principal parece moverse más rápido que su alrededor.
Mi bebida no llegó a los labios. Un amigo
estaba quieto junto a mí. La frase de su
mamá se había cortado con: “Yo sé que algún día
serás un sacerdote…”
¿Y esta mujer
qué sabía? A pesar del gran ejemplo de sacerdotes como
el P. Roger Prokop y el P. Bill Ashbaugh
en mi parroquia, jamás había pensado en semejante posibilidad.
Pero no podía olvidarlo. Sin saber por qué, algo en
mí sabía que esta señora tenía razón.
Una Puerta Cualquiera en Nueva York
Toqué aquella puerta con cierta cautela. Estaba en la mitad
del estado de Nueva York, muy lejos de casa,
y le estaba tocando la puerta de una persona
totalmente desconocida. ¿Qué estaba haciendo? Sólo un mes ante, hubiera
podido estar tocando puertas en mi propia parroquia.
Hubo un evento similar, unas misiones de
evangelización de puerta a puerta. Mi mamá estaba convencida
que yo iba a ir. Yo no iba a ir.
El último día para inscribirnos a las misiones se
acercó y mi mamá llegó a mí habitación: “¿Te inscribiste
para las misiones?”
“¿Es que no entiendes
mamá? No quiero ir.” Pero todo cambio rápidamente unas
semanas después con una confesión post escolar. En “Fr. Gabriel
Richard High School” en Ann Arbor, el capellán, el
P. Richard Lobert, estaba cuidando bien a los estudiantes.
Muchas veces organizaba retiros, confesiones y pláticas con sacerdotes
visitantes.
Pues esta vez estaba visitando
el P. Edward Hopkins y él no estaba conforme
con la típica confesión rápida. Después de la absolución se
quedó hablando conmigo sobre mí vida, sobre mis planes
para el verano, mi número de teléfono. Ciertamente nunca
pensé que volvería a hablar con él.
“Disculpe joven, ¿usted quiere algo?” Nueva York. Misiones. Aquí
estaba, lejos de casa, parado en frente de una
señora desconocida que el P. Edward había contactado.
“Estamos aquí de parte del P. Bob de
la parroquia de St. Mary´s. Simplemente quería invitarla a
la misa dominica.”
“No me interesa. Ya tenemos
planes hechos.”
“¿Tiene alguna intención que usted quiera
que encomendemos?”
“Pues sí…por mi hijo. Tuvo un
accidente de coche…estaba bien y…¿cómo es posible que Dios
permita algo así?
Muy bien, no entramos
en detalles pero estas personas estaban haciendo las preguntas
más grandes, las más profundas. ¿Dios por qué permite el
sufrimiento? ¿Realmente creía que Dios estaba presente en una
hostia blanca y pequeña? ¿Por qué los Católicos se
creen estar en la verdad cuando el resto del universo
está equivocado? ¿Cómo probar la autenticidad de la Biblia?
Las respuestas no se encontraban en los
libros de texto. Personalmente podría decir, de memoria, los
sacramentos, las tres personas de la Santísima Trinidad, y
hasta los misterios del rosario. Te todas maneras, estas personas
no querían respuestas de libros, y yo tampoco. Había
necesidad de tomar mi fe en serio o dejar
a un lado esta cosa llamada religión.
Un
viaje nocturno
Eran las 10 de la
tarde y aún no sabía qué hacer. La procrastinación tenía
sus ventajas claras pero también sus desventajas. No me
preocupaba mucho de las cosas por más de una
noche…pero esta noche en particular, fue larguísima.
“¡Mark,
te llaman al teléfono!” gritó mi mamá, “Es el P.
Edward.”
“¡Oh no!” Sabía lo que quería este
señor. Después de aquellas misiones de puerta a puerta,
había empezado a tomar en serio la fe. En esas
misiones, los jóvenes más entusiastas, divertidos y los que
tenían más conocimiento de la fe, eran los del
Movimiento Regnum Christi. Quería entrar y unos meses después me
incorporé al movimiento después de un retiro espiritual. La
vida de oración mejoró. Misa y confesión se convirtieron
en algo regular. Empecé a apoyar proyectos apostólicos con otros
jóvenes de mi ciudad. Con cierta frecuencia, tenía dirección
espiritual con el P. Edward.
“Mark, ¿vas
a recoger el teléfono?”
“Padre, ¿cómo está?” ¿Qué
más podría decir? Ya le había comentado que tenía
una inquietud vocacional y en esa ocasión, me invitó
a hacer la experiencia en un seminario menor en New
Hampshire. Ese mismo fin de semana tenía un torneo
de beisbol y varios pendientes académicos pero el padre
necesitaba una respuesta. Decidí ir. A pesar de los obstáculos,
Dios me llamaba.
Después de
la llamada, fui donde mi mamá: “Le dije al padre
que iré a New Hampshire. Partimos desde Detroit mañana
a las 5:00.” Como a medianoche, salí con el
P. Edward hacía Detroit para después continuar a New Hampshire.
Su Camino
… pero cuando seas viejo extenderás
las manos y otro te vestirá, y te llevará
adonde no quieras (Juan 21, 18).
Mientras me hincaba en frente del tabernáculo, siempre recordaba aquella
conversación sencilla que tuve con el Señor. Él me
pedía seguirle, y en la capilla Legionaria en Roma
le pide decir que sí.
Después
de aquel viaje a New Hampshire, pensé muchísimo en la
posibilidad de ser sacerdote. El seminario menor era increíble:
básquet, paseos, vivencia de la caridad, comida excelente y
muchos jóvenes bonísimos. Estaba casi convencido pero la posibilidad
aún estaba lejana.
Tres meses después,
un grupo grande de chicos del Movimiento Regnum Christi y
del ECYD en Detroit viajamos a Roma para visitar
a Juan Pablo II. Era Pentecostes del año 1998. Juan
Pablo II había invitado a todos los movimientos eclesiales
a Roma para celebrar este día para conmemorar la
acción del Espíritu Santo.
Había algo
muy especial en este viaje. La misa con el Papa
era una experiencia calurosa y distraída. No entendía nada
de las conferencias en español e italiano. Las noches
eran muy cortas. La comida no era tan buena.
Pero nada de eso importaba. Dios me quería ahí en
ese instante y por fin le estaba poniendo atención.
Su voz era muy clara: “¿Quieres ser mí sacerdote, mí
legionario?” Lo único que pude responder fue: “Sí, seguiré
Tú camino.”
La decisión no fue fácil,
pero Dios me dio la gracia. Mi familia me apoyó
a pesar de algunos prejuicios iniciales y por el
sacrificio que suponía. Un gran número de amigos y
mentores me apoyaron, especialmente la Sra. May Ping Soo
Hoo, Sra Martha Panning y el Sr. Art Rogers.
La Aventura Continúa
Eso era sólo
un inicio. No entré en el seminario con certezas absolutas.
Entré con una invitación y un sí inseguro pero
generoso. No es fácil pero si es sencillo, lleno
de alegría y muy profundo. Estuve un año en el
seminario menor en New Hampshire, dos años en el
noviciado de Alemania y un año de estudios humanísticos
en Cheshire.
En el seminario, Dios
continua mostrándome su camino, repleto de alegrías y algunos
penas. A decir verdad, he tenido mucho más del primero.
Ahora bien, fue precisamente en los momentos un poco
más difíciles en que aprendí mucho más. Dicho esto,
creo que sólo he llorado dos veces en mi vida
(aparte de lo regular: caídas de niño, una mala
nota de niño, etc.)
El noviciado en Irlanda
“Señor, ¿por qué es tan difícil esto?” Ahí
estaba en la capilla, prácticamente en lágrimas. Quizás no
era para tanto pero quería de nuevo mí camino.
Me parecía que nadie entendía. Estaba organizando y planeando todo
meticulosamente pero nada salía como yo lo quería.
El trabajo como asistente de novicios en
Irlanda era una vida muy divertida y muy plena.
Algunas veces tenía que pellizcarme pues ¿qué es mejor que
ser testigo de cómo Dios va trabajando en las
vidas de tantos jóvenes entusiastas y generosos?
Aun así, la batalla estaba presente. Mí camino siempre terminaba
con tristeza y mal entendidos y Dios me estaba
llamando para ser instrumento de Su plan y seguir Su
camino a la plenitud de alegría y santidad.
Roma.
“Padre, ¿por qué es tan difícil
todo esto?” Esta vez realmente estaba llorando en la
oficina de mi superior. Después de Irlanda, había venido a
Roma. ¿Qué más podría pedir un seminarista? Roma esta
llena de arte, historia, fe y gracia. Pero para
mi segundo año, el hechizo empezaba a menguar. El trabajo
de oficina empezaba a mermar las fuerzas y me
estaba frustrando. Era exactamente lo que menos quería hacer.
“Padre, ya no puedo más. Me
volveré loco en esta oficina.” Una vez más estaba
triste a nivel superficial. ¿Por qué? Todavía estaba buscando mí
propio camino. Cuando realmente dejamos que Dios sea Dios,
la felicidad se encuentra. No es tanto el “qué
hacemos” sino más bien el “para qué” y el “para
quién” los estamos haciendo.
El Sacerdocio.
En las vísperas de mí sacerdocio, yo sé que
apenas he empezado a caminar por el sendero de
Dios. Puedo estar todavía en Roma, puedo estar todavía
estudiando y mí trabajo todavía requiere de una oficina…pero ese
“Ven y sígueme” resuena con más fuerza que nunca.
Dios me hizo para amarle y
para compartir ese amor con otros. Al final : “En
esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos
amado a Dios, sino en que Él nos amó
a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por
nuestros pecados” (1 Juan 4, 10).

El P. Mark Thelen nació el
15 de septiembre de 1981 en Lansing, Michigan. En el
colegio Fr. Gabriel Richard High School, participó en una
gran variedad de deportes y actividades como atletismo y
gobierno estudiantil. Después de segundo año de bachillerato, ingresó
al seminario menor de Immaculate Conception Apostolic School en New
Hampshire y en 1999 ingresó al noviciado. Por dos
años estuvo en Alemania antes de regresar a Cheshire
donde cursó un año de humanidades. Durante sus prácticas
de pastoral, trabajo en el noviciado de Irlanda como asistente
de novicios y luego, a la vez que cursaba
filosofía y teología en Roma, trabajó en la Dirección
General. Terminó su licencia en filosofía, bachillerato en filosofía
y actualmente estudia para terminar su licencia en teología espiritual
en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.