Del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer
del día de la resurrección, estando cerradas las puertas
de la casa donde se hallaban los discípulos, por
miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de
ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes».
Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Cuando los
discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De
nuevo les dijo Jesús: «La paz esté con ustedes. Como
el Padre me ha enviado, así también los envío
yo».
Después de decir esto, sopló sobre ellos y les
dijo: «Reciban el Espíritu Santo. A los que les
perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que
no se los perdonen, les quedarán sin perdonar».
Palabra
del Señor.
Oración introductoria
Señor, hoy que celebramos el
don de tu Espíritu Santo a la Iglesia, creo
y confío en tu poder para hacerme un apóstol
de tu Reino, por eso te suplico que esta celebración
de Pentecostés imprima en mi oración la convicción de
que soy un enviado tuyo a los demás, y
que el poder de esa gracia que me das «se
activa y crece en la medida en que salimos
con fe a darnos y a dar el Evangelio a
los demás» (SS Francisco, 28 de marzo 2013).
Petición
Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón con tu
gracia y enciende en mí el fuego de tu amor.
Meditación
El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz.
«¿No parece insinuarse
entre los hombres un sentido de desconfianza, de sospecha,
de temor recíproco, hasta llegar a ser peligrosos los
unos para los otros? Volvemos, por tanto, a la pregunta
inicial: ¿puede haber verdaderamente unidad, concordia? Y ¿cómo? Encontramos
la respuesta en la Sagrada Escritura: sólo puede existir
la unidad con el don del Espíritu de Dios,
el cual nos dará un corazón nuevo y una lengua
nueva, una capacidad nueva de comunicar. Esto es lo
que sucedió en Pentecostés. Esa mañana, cincuenta días después
de la Pascua, un viento impetuoso sopló sobre Jerusalén y
la llama del Espíritu Santo bajó sobre los discípulos
reunidos, se posó sobre cada uno y encendió en ellos
el fuego divino, un fuego de amor, capaz de
transformar. El miedo desapareció, el corazón sintió una fuerza
nueva, las lenguas se soltaron y comenzaron a hablar con
franqueza, de modo que todos pudieran entender el anuncio
de Jesucristo muerto y resucitado. En Pentecostés, donde había
división e indiferencia, nacieron unidad y comprensión» (Benedicto XVI,
27 de mayo de 2012).
Reflexión apostólica
«A ejemplo de
los apóstoles en Pentecostés, unidos en oración con la
Santísima Virgen María, los miembros se abren a una nueva
luz y a un nuevo impulso del Espíritu Santo
para conocer más íntimamente a Cristo y disponerse a
vivir y predicar su amor con renovado ardor y generosidad»
(Manual del miembro del Movimiento Regnum Christi, n. 438).
Diálogo con Cristo
Es mejor si este diálogo se hace espontáneamente,
de corazón a corazón.
Señor, así como atravesaste por
la puerta cerrada del recinto donde estaban los apóstoles, quiero
que entres en la cerrazón de mi corazón, atrapado
en la prisión de mi egoísmo y mi soberbia.
Oh, Jesús, yo confío más en el poder transformante de
tu Espíritu Santo que en mis propios esfuerzos. Quiero
depender sólo de Ti, de ese encuentro cara a cara
que quiero tener contigo todos los días. ¡Dame esa
paz!
Propósito
Hacer de la Eucaristía dominical el momento especial
de la familia.
«El viento impetuoso y las llamas
de fuego de Pentecostés han llegado hasta nosotros. Así
como inflamó a los primeros cristianos para que encendieran
al mundo entero con el fuego de su amor,
hoy hace nacer las congregaciones religiosas, los movimientos, las obras
todas de la Iglesia. Es la revolución del amor
que Jesucristo vino a traernos. Se vale de instrumentos
humanos, pero al centro lo encontramos siempre a Él»
(Cristo al
centro, prólogo).