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Prometo mi incondicional reverencia y obediencia al nuevo Papa
CIUDAD DEL VATICANO | REGNUM CHRISTI | NOTICIAS
Las comunidades y equipos de Roma acompañan al Papa Benedicto en los últimos días de su pontificado.

Prometo obediencia
Al momento de ingresar a la audiencia general de Benedicto XVI, la última de su pontificado.

A las 8 de la noche del 28 de febrero, hora de Roma, inició el período de Sede Vacante y concluyó el ministerio petrino del Papa Benedicto XVI. Durante esta última semana fieles de todo el mundo han querido manifestar su cercanía y gratitud al Santo Padre en los últimos actos públicos de su pontificado. Muchos legionarios de Cristo, consagrados del Regnum Christi y miembros del Movimiento lo acompañaron en el rezo del ángelus el domingo 24 de febrero en la Plaza de San Pedro. El miércoles 27 de febrero se suspendieron las clases en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, la Universidad Europea de Roma y nuestros colegios de la ciudad para que pudieran asistir todos a la última audiencia general del Papa Benedicto XVI que se tuvo en la Plaza de San Pedro. Más de 100 mil personas se dieron cita para mostrar al Vicario de Cristo su cercanía, gratitud y afecto. El ambiente era, por un lado festivo y, por otro, con un aire de melancolía por la partida del Santo Padre. El
Obediencia al nuevo Papa
Los hermanos Eric Wandrey y Dominic Sternhagen esperando al Papa en la plaza de san Pedro.
Papa apareció en el nuevo papamóvil a las 10:30 y recorrió la plaza entre los aplausos, las banderas y algunas lágrimas de los fieles.

La catequesis estuvo enfocada, sobre todo, a recordar que la Iglesia es de Jesucristo y que Él nunca se ha bajado de la barca. De manera especial, agradeció a Dios, a sus colaboradores más cercanos y a todas las personas con las que estableció un vínculo fraterno y familiar en la fe. «Yo también siento en mi corazón que ante todo tengo que dar gracias a Dios que guía a la Iglesia y la hace crecer, que siembra su Palabra y alimenta así la fe en su Pueblo. En este momento mi corazón se expande y abraza a la Iglesia extendida por todo el mundo, y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años de ministerio petrino he recibido sobre la fe en el Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula realmente en el cuerpo de la Iglesia y hace que viva en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la plenitud de la vida, hacia la patria celestial».

Volviendo su mirada al día de su elección Benedicto XVI dijo: «Cuando, el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tenía esta firme certeza que siempre me ha acompañado, esta certeza de la vida de la Iglesia, de la Palabra de Dios. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaban en mi corazón eran: Señor, ¿por qué me pides esto? Y ¿qué me pides? Es un gran peso el que colocas sobre mis hombros, pero si Tú me lo pides, con tu palabra, echaré las redes, seguro de que me guiarás, también con todas mis debilidades. Y ocho años después puedo decir que el Señor realmente me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido percibir su
Obediencia del Papa
Algunos estudiantes y profesores del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum presentes en la audiencia general.
presencia todos los días. Ha sido un trozo de camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos difíciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca del lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en que la pesca ha sido abundante; también ha habido momentos en que las aguas estaban agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir». Y agregó, en medio de constantes interrupciones por los aplausos y ovaciones de los asistentes: «Pero siempre supe que en aquella barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda: es Él quien conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo quiso. Esta ha sido una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios porque no ha dejado nunca que a su Iglesia entera y a mí, nos faltasen su consuelo, su luz, su amor».

Comentando la presencia de Dios en estos casi ocho años, Benedicto XVI afirmó que siempre se había sentido acompañado por Nuestro Señor: «Un Papa no está sólo en la guía de la barca de Pedro, aunque sea su principal responsabilidad, y yo no me he sentido nunca solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino, el Señor me ha puesto al lado a tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cerca de mí».

El 28 de febrero a las 11 de la mañana el Papa se encontró en la Sala Clementina con los 144 cardenales presentes en Roma. El Cardenal Angelo Sodano, decano del colegio cardenalicio, dirigió unas palabras de saludo al Santo Padre, evocando el pasaje de los discípulos de Emaús: «Padre Santo, con profundo amor hemos intentado acompañarlo en su camino, reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús, los cuales, después de haber caminado con Jesús un buen trecho del camino, se dijeron el uno al otro: “¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino?” (Lc 24,32)»
           
El Papa, antes de saludar a cada uno de
Benedicto XVI con el Card. de Paolis.
El Cardenal Velasio De Paolis, C.S. despidiéndose del Papa Benedicto XVI.
los cardenales, les dirigió unas palabras: «Entre ustedes, en el Colegio de Cardenales, está también el futuro papa al que ya hoy prometo mi incondicional reverencia y obediencia». Comentó también unas palabras de Romano Guardini: «La Iglesia “no es una institución pensada en un laboratorio…, es una realidad viva… Vive a lo largo del tiempo, en el devenir, transformándose como todo ser viviente… Y sin embargo, su naturaleza permanece siempre la misma y su corazón es Cristo”. Me parece que ésta ha sido nuestra experiencia ayer en la plaza: ver que la Iglesia es un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo y que vive realmente de la fuerza de Dios. Está en el mundo, pero no es del mundo: es de Dios, es de Cristo, del Espíritu. Lo hemos visto ayer. Por eso, es verdad aquella elocuente y famosa expresión de Guardini: “La Iglesia se despierta en las almas”. La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas que –como la Virgen María- acogen la palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo».

A las 16:40 el Santo Padre dejó el palacio apostólico y se despidió de algunos cardenales y colaboradores de la Secretaría de Estado en el patio de San Dámaso. Desde ahí se trasladó al helipuerto de la Ciudad del Vaticano de donde salió, mientras repicaban las campanas de Vaticano y de Roma, hacia Castel Gandolfo, a las 17:00 horas. Al llegar a la residencia pontificia de Castelgandolfo se asomó al balcón para saludar a una multitud de personas que les esperaban en la plaza del pueblo. Dirigiéndose a los presentes dijo: «Queridos amigos, estoy feliz de estar con vosotros, rodeado de la belleza del Creador y de vuestra simpatía que me hace mucho bien. Gracias por vuestra amistad, vuestro afecto. Vosotros sabéis que este día es diferente a los precedentes: no soy ya sumo pontífice de la Iglesia católica -hasta las ocho de esta tarde lo seré todavía, después ya no-. Soy un simple peregrino que en la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quiero todavía… pero quiero todavía con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, trabajar por el bien común y el bien de la Iglesia y de la humanidad. Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Vamos adelante con el Señor por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias, os doy ahora con todo el corazón mi bendición. Sea bendecido Dios omnipotente, Padre, hijo y Espíritu Santo. Gracias ¡buenas noches! ¡Gracias a todos!». A las 20 horas la Guardia Suiza dejó Castel Gandolfo por iniciar el período de Sede Vacante.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-03-01


 

 


 



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