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| "Nuestro desafío de vida es, naturalmente, que la orquesta suene majestuosa y armoniosamente, interpretando a la perfección la partitura que el Autor de la obra creó". | |
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Por el P. Dennis Doren, L.C.
La vida es
un misterio insondable, personalmente me admiro ante ella, inclino la
cabeza y en señal de reverencia asiento a todo aquello,
que sabiamente El Señor va escogiendo y nos lo ofrece
como un tributo de su amor y cercanía, así es,
el paso de los años me ha hecho comprender que
Jesús me trazó un camino a seguir, no puedo ya
ver mi vida sin advertir una Mano invisible que la
guía. ¡Es que es tan misteriosa la vida!
Miro hacia
Tarascon paz y serenidad y veo tantas experiencias y situaciones,
tantos cambios, éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, todo una
sinfonía que hoy se escucha armoniosa en mi vida, cómo
no ver la mano de Dios, imponiéndose a nuestras propias
desventuras, a nuestros propios errores, a nuestras propias decisiones.
Jesús obra sobre nuestras debilidades, construye permanentemente sobre nuestra insistencia
en fallar.
¡Qué inmenso amor tiene por cada uno de nosotros,
que no deja jamás de esforzarse y volver a replantear
las cosas de nuestra vida, después de que una y
otra vez le fallamos!
Él no abandona sus esfuerzos de
Salvación hasta el último instante de nuestro existir, pero también,
finalmente, he comprendido que Él me puso aquí y ahora,
por algo, y no debo resistirme, debo de comprender el
propósito que Él ha tenido para mí.
Nada es
casual en nuestra vida, las grandes pinceladas de nuestra historia,
tienen un fin, en el fondo hay una obra de
arte que se está pintando, y esa es tu vida
y la mía, las que labran nuestro camino, ya que
Él tiene parte central en la fijación de nuestro derrotero.
Así, aceptando que mi hoy, mi vida actual tiene de
algún modo un sentido profundo para Su Voluntad, me planteo
cuan importante es entender qué debo hacer de aquí en
adelante, cual es mi misión en la vida, si es
que deseo hacer la Voluntad de mi Divino Maestro.
Con
el ánimo de escudriñar un poco en el misterio que
representa el descubrir nuestra misión en este mundo, les propongo
ver la vida como una orquesta, una enorme orquesta en
la que cada uno de nosotros es un instrumento.
Por
designio de Dios nos toca ser un instrumento en particular
dentro de esta orquesta, ya sea un violín, un bombo,
un platillo, un piano, o quizás una guitarra o flauta.
Nuestro
desafío de vida es, naturalmente, que la orquesta suene majestuosa
y armoniosamente, interpretando a la perfección la partitura que el
Autor de la obra creó.
El Director de la orquesta, frente
a nosotros, nos indica los tiempos y las intensidades de
cada intervención que nos toque realizar, guiando a cada uno
en perfecta unión con cada nota musical impresa en el
pentagrama.
¡Que maravillosa muestra de perfección es una orquesta interpretando una
buena obra!
Pero, todo el conjunto nos muestra que es una
Orquesta Divina, porque es Jesús el que escribió la Partitura,
es el Espíritu Santo el Director que la guía, y
por supuesto es Dios Padre quien nos creó como instrumentos
de Su Orquesta.
Así, el secreto en la vida es descubrir
qué instrumento somos, y sonar en perfecta unión y armonía,
¡para servir a la orquesta toda!
Que triste es para el
Director que uno sea bombo, y piense que es violín,
y se esfuerce en ser violín.
Pero también es triste saberse
violín, y ser violín, y sonar como un violín desafinado...
Decepción y desencanto tanto para el que crea al instrumento,
para el que dirige la orquesta y para el que
compone la música, y qué podríamos decir del instrumento, fracaso
total.
Pero no hay nada más espantoso que no obedecer al
Director de la orquesta, es más, ¡ni siquiera ver o
saber que hay un Director!, aunque uno suene como un
buen instrumento.
Lo que trato de decir es que cada uno
de nosotros tiene un rol en esta vida, dentro del
Plan de Dios. Y seguramente ese rol se relaciona muy
directamente con lo que somos, con lo que hemos aprendido,
con los seres que nos rodean, con nuestra historia familiar
y personal, y también con nuestro presente. No hace falta
mirar muy lejos, o tratar de ser muy distintos a
lo que somos, para descubrir nuestra misión de vida.
En
realidad, hay que darse cuenta de que somos un violín,
de que Dios nos hizo violín, sentir felicidad de serlo,
agradeciendo al Stradivari Celestial que nos creó violín.
Y luego,
¡sonar majestuosamente, al servicio de la Orquesta y de la
ejecución de la Obra!.
Desde nuestro lugar, en la ubicación
que Dios le asignó a los violines, y a éste
violín en particular.
Ahora, mírate, amigo violín.
Siéntete un Stradivarius, el mejor
violín jamás creado, pero siéntete un violín espiritual.
Deja que
el Director de la Orquesta te guíe, sigue con atención
las Escrituras (perdón, las ¡partituras!), y hazte parte de la
maravillosa obra de Dios.
Que sonrían los Ángeles al escucharte sonar,
y que el Señor, con una sonrisa y con brillo
en Sus Ojos, se alegre de verte finalmente unido a
Su Orquesta y que tú, hermoso amigo violín afinado, te
sientas feliz de haber finalmente encontrado a tu orquesta.
Así encontrarás
sentido a tu vida, irás por la vida dejándote guiar
por el mejor director de obra, y solo encontrarás éxitos,
satisfacciones y la paz que trae siempre un triunfo. No
olvides que Dios te quiere feliz, para eso te ha
creado, te ha enviado al mundo, para que con tú
libertad seas complemente pleno, y siempre vayas al ritmo de
la música divina, buena suerte hermano violín, con cariño tu
hermano de tambor.