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| Arriba: P. Fernando Fabó, L.C.; abajo: Mari Carmen Rodríguez y Cristina Danel. | |
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En la carta encíclica Redemptoris Missio (1990) el beato Juan
Pablo II, recordaba la perenne actualidad del mandato misionero de
Cristo: «La misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia,
está aún lejos de cumplirse […] debemos comprometernos con todas
nuestras energías en su servicio. ¡Ay de mi si no
predicara el Evangelio! (1Cor 9, 16)». Juventud y Familia
Misionera fue una respuesta a este llamado misionero.
En el marco
del Año de la Fe, celebramos el 20º aniversario
de esta obra apostólica. Ofrecemos una entrevista realizada al padre
Fernando Fabó, L.C., y a Maricarmen Rodríguez y Cristina Danel,
consagradas del Regnum Christi, sobre los orígenes y el
desarrollo de este apostolado.
El padre Fernando Fabó, L.C., participó en
los orígenes de este apostolado y cuenta los primeros pasos:
«Yo era consagrado en 1986 y trabajaba en la
administración territorial de México. Los fines de semana iba a
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| El P. Fernando acompañando a Maribel Ordóñez y Felipe Pérez Cervantes, matrimonio que ayudó a impulsar Familia Misionera. | |
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una preparatoria de Cotija para ayudar con la dirección, la
formación de los alumnos y la administración.En una ocasión no
tuvimos sacerdote que nos celebrara la misa en casa y
fui a la parroquia. En la homilía el párroco habló
duramente contra los testigos de Jehová. En la acción de
gracias sentí un deseo de hablar con el párroco y
lo hice al finalizar la celebración. Me explicó que estaba
preocupado porque en una semana llegarían sesenta testigos de Jehová
a predicar de casa en casa. Con esta inquietud en
el corazón, informé a mis directores a lo que me
preguntaron qué proponía como solución. Les dije que pensaba llevar
un grupo de jóvenes para visitar cada casa y fortalecer
en la fe a la gente, antes de que llegaran
los misioneros de la secta. El proyecto fue aprobado y
se asignaron fondos para comprar lo necesario».
Luego el padre explica
cómo se organizó el grupo: «Fui a varios colegios nuestros
y a varias secciones de jóvenes del Regnum Christi
en busca de voluntarios, pues las misiones comenzarían cinco días
después. Todos pensaban que estaba loco y ninguno respondía favorablemente.
Hablé entonces con el director de la preparatoria Cumbres, el
padre Alfonso López Godínez, L.C., y le dije que necesitaba
hablar con los jóvenes. Así, el viernes por la mañana
me encontraba delante de un grupo de 40 jóvenes en
el auditorio. Les hablé durante unos 20 minutos. No recuerdo
qué les dije pero por la gracia de Dios ese
mismo día, a las 3 de la tarde, estaban todos
con sus maletas en el autobús para salir de misiones.
Ahí empecé yo mismo a convencerme de que Dios estaba
detrás de todo esto.
Las consagradas, por su parte, organizaron un
grupo de chicas, a quienes cedimos nuestro autobús y se quedaron
con nuestro hospedaje en el Centro Cultural Interamericano. Al día
siguiente llegamos nosotros a Cotija y nos repartimos por varias
casas. No había sacerdotes legionarios de Cristo para acompañarnos,
pero trabajamos juntos las consagradas, otro consagrado y yo para
organizar a casi cien chicos y chicas misioneros. El primer
día dimos algunas instrucciones, todos sentados en el suelo y
mostrando el plan de trabajo. Dibujé el mapa del pueblo en
una cartulina y distribuí los equipos por zonas, acordamos el
horario del día, y decidimos promover otras actividades por la
tarde en la parroquia».
Recuerda también que no faltó la acción
del Espíritu Santo para tocar el corazón de las personas,
a veces de manera inesperada: «Recuerdo que cometimos algunos errores
por falta de organización. Había una casa con un negocio
grande en la esquina de la calle principal y no
había quedado claro a quién le tocaba visitarlo. Así que
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| Recuerdo de las primeras Megamisiones de 1994. | |
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fueron seis equipos el mismo día y el dueño, que
era testigo de Jehová, se enfadó. Por la tarde cayó
una lluvia intensa y nuestros misioneros pasaban delante del local,
cubriéndose con bolsas de plástico, empapados y llenos de barro.
Todos saludaban sonrientes a este hombre al pasar. Esto le
tocó el corazón y en pocos días este hombre regresó
a la Iglesia y recibió la primera comunión».
«Necesitábamos sacerdotes para
confesar, así que pedimos a los padres que estaban dirigiendo
el cursillo a las señoras en el Centro Cultural que
nos ayudasen. Colocamos sillas al exterior del centro y se
formó una fila inmensa para confesiones que duraron hasta altas
horas de la noche. Era tal el entusiasmo que los
estudiantes llamaron a sus casas y a sus amigos compartiendo
la experiencia, y a los dos o tres días nos
sorprendió la llegada de dos autobuses más, llenos de misioneros.
La última actividad fue el jueves por la tarde: organizamos
una misa con la bendición final. La parroquia estaba repleta
y además se llenaron el atrio y buena parte de
la plaza del pueblo. Solamente la comunión duró 45 minutos
y nos acabamos todas las formas consagradas del pueblo. Me
estremecía al oír los cantos, y ver a la gente
rezando fervorosamente. Fue muy hermoso. Todos los misioneros quedaron muy
contentos. Comenté a los directores que podría ser un apostolado muy
prometedor para la evangelización. Poco después, me llegaron algunos de los testimonios
que habían enviado los misioneros y me dieron una lista de 20
pueblos de Michoacán donde se podría hacer el mismo tipo de misión.
Ese fue el inicio, no sólo porque iban a ir
los testigos de Jehová, sino porque había necesidad y ayudaba
a los jóvenes a ser apóstoles de Cristo».
Mari Carmen Rodríguez
se integró al equipo de trabajo en 1988 y añade
que los frutos no se hicieron esperar: «Enseguida se sumaron
a este tipo de misiones familias del Regnum Christi, pues
veían el entusiasmo de sus hijos después de las misiones.
Entre ellos fueron difundiendo la conciencia y el deseo de
evangelizar. A partir de 1991, también empezamos a organizar misiones
durante las vacaciones de verano en México con grupos de
jóvenes venidos del extranjero, especialmente españoles, alemanes, franceses, italianos e
irlandeses. En estas misiones ayudamos a los párrocos, por períodos
más largos, sobre todo en la preparación para los sacramentos
y la formación de catequistas para que dieran continuidad a
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| Mari Carmen Rodríguez con algunas misioneras visitando un hospital en unas misiones médicas. A su lado está Cristina Danel, quien participó antes de consagrarse. | |
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la formación permanente en la fe».
Mari Carmen apunta: «Este inicio
prometedor no estuvo exento de dificultades. Nos encontramos con una
significativa ignorancia religiosa y falta de preparación doctrinal en los
misioneros. Pero optamos por seguir, en cierta manera, la metodología
de Cristo: había que impartir la doctrina básica y enviarlos
a evangelizar. Esto los motivaba a conocer y comprometerse con
su fe y con la evangelización. Se daban cuenta que
podían ayudar a las almas a conocer a Cristo y
al mismo tiempo crecer en la propia fe».
El padre Fernando
añade: «Al inicio hubo algo de oposición por parte de
algunos legionarios que quizás no comprendían del todo este apostolado.
Providencialmente, colaboraba en la dirección territorial, y me tocaba ayudar
en las capellanías. Cuando me encontraba con algunos padres medio
escépticos, proponía que los asignaran como capellanes de las misiones.
Invariablemente volvían convencidos y entusiasmados al ver los frutos en
las almas y la ayuda a las parroquias más necesitadas».
Cristina
Danel, actual directora de Juventud y Familia Misionera, comenta que el
año 1993 fue fundamental para el desarrollo de Juventud y
Familia Misionera: «Ese año el Papa Juan Pablo II se
encontró con los jóvenes del mundo en Denver. Ahí invitó
a todos a la Nueva Evangelización, a defender la vida
y a dar testimonio de la propia fe. Coincidió también
que era el Año de la Familia y eso motivó
a muchas familias a participar en las misiones de semana
santa».
El padre Fernando recuerda que en el mes de octubre
de 1993 se organizó la “Macromisión”: misiones urbanas en las
que participaron miembros de las secciones de adultos. De aquí
se quiso hacer la experiencia de unas misiones más largas
y se encontraron familias que pudieran formarse para ser los
responsables locales de lo que llegaría a ser Familia Misionera.
A
inicios de ese mismo año, el padre Fabó recibió el
encargo de organizar la primera “Megamisión” de Semana Santa. Entre
él, Alejandro Pinelo, que entonces era colaborador y hoy consagrado
del Regnum Christi, y Mari Carmen, estuvieron haciendo preparativos, logística,
visitando pueblos y párrocos que les recibiesen, y promovieron en
colegios o secciones de jóvenes de las diferentes ciudades de
México. Recuerda el padre que antes de salir tenían 500
chicos inscritos y llegaron a participar 690. Y Mari Carmen
comenta que lograron reunir 987 chicas. En la misa de
envío, en la Villa de Guadalupe, se reunieron alrededor de
2000 personas, entre ellas 20 familias y así arrancó la
primera Megamisión.