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Entrevista al P. Sylvester Heereman, L.C. en “Vida Nueva”
ITALIA | REGNUM CHRISTI | NOTICIAS
Una conversación con Darío Menor

P. Sylvester Heereman LC
P. Sylvester Heereman, LC

El semanario español «Vida Nueva» realizó y publicó una entrevista al padre Sylvester Heereman, L.C., en una de sus ediciones de julio de 2013. Se trata de la misma publicación a la que en 2012 el Cardenal De Paolis concedió una entrevista. Precedentemente la revista «El Pensador» realizó también una entrevista al padre Sylvester. Esta segunda entrevista puede leerse y compartirse en varios idiomas (español, italiano y portugués).

Agradecemos al director de Vida Nueva el permiso para la reproducción de esta entrevista. Vida Nueva es un semanario de información religiosa con ediciones en varios países. Para conocer y suscribirse a esta publicación se puede ingresar en este enlace http://www.vidanueva.es/suscripciones/

Publicado el 05.07.2013

DARÍO MENOR. ROMA | El alemán Sylvester Heereman es el vicario general de la Legión de Cristo y del Regnum Christi (su rama laica), y ejerce las funciones de director general desde el pasado octubre.

A Heereman, de 38 años, le toca llevar las riendas del instituto fundado por Marcial Maciel hasta que se celebre, a principios de 2014, el capítulo general que debe poner punto final al período de oscuridad en que quedó el instituto después de que se destaparan los pecados y delitos de su fundador.

Trabaja bajo la supervisión del cardenal Velasio de Paolis, delegado pontificio en la Legión de Cristo desde 2010.

PREGUNTA.- Entrevisté a De Paolis en marzo de 2012 y me dijo que su misión era “sacar a la Legión del túnel”. ¿Lo ha logrado? RESPUESTA.- Hemos salido del túnel, pero aún no hemos llegado a la meta. Cada cual, a nivel individual, está en su etapa personal. Eso hay que respetarlo y también ha de ayudarnos para salir juntos.

Desde el punto de vista anímico, efectivamente, la gran mayoría ha superado el desconcierto, la confusión y el dolor. Desde el punto de vista institucional y estructural, vemos el camino bastante bien delineado. Hemos podido individuar con sencillez y honestidad los aspectos necesitados de purificación y superación. Pero el aspecto más importante es un renacer de la propia identidad, del propio carisma entendido con más profundidad, con más autenticidad evangélica.

El fruto del camino ha de ser un nuevo enamoramiento de nuestra vocación y misión en la Iglesia, un nuevo compromiso para entregarnos con ardor a la nueva evangelización. Este es el reto principal. Estoy muy esperanzado porque veo en muchas personas, legionarios, consagrados, consagradas y seglares, que en sus corazones está renaciendo, fortaleciéndose, madurando y purificándose ese entusiasmo, más maduro y humilde, pero fuerte y real por la propia vocación y misión en la Iglesia.

P.- Tal vez la mayor dificultad, y hay quien duda de que se pueda superar, es salvar el carisma, teniendo en cuenta los problemas de Maciel. Aunque en la Iglesia hay otros ejemplos de fundadores de congregaciones que luego no siguieron el camino recto, ¿cómo se puede seguir adelante tras un impacto tan grande?

R.- La interpretación de este hecho es un tema todavía por madurar. No cabe duda de que el P. Maciel es el fundador. Es algo histórico. Tiene una paternidad real de esta institución. Querer cancelar esto sería un error. Más que de cancelar la historia, se trata de redimirla y redimensionarla. Los carismas vienen de Dios y del Evangelio a través de instrumentos humanos.

Las congregaciones y los movimientos tienen la tentación de sobredimensionar la figura del fundador, de forma que casi llega a opacar a la figura del Señor y sus ideas, el Evangelio. Es una de las “enfermedades de infancia” de los movimientos de las que hablaba el cardenal Ratzinger.

Con lo vivido, hemos sido liberados de esa tentación, y esto es un aspecto muy positivo. Hemos sabido asimilarlo bien. Hay una libertad mayor, una mayor esencialidad, al no tener un fundador venerable. No hay problema en concebir, al menos desde el punto de vista teológico, que un hombre pecador haya podido obrar con buena voluntad en muchas cosas y Dios se haya querido servir de él para la transmisión de sus deseos.

Los instrumentos somos siempre libres, tenemos nuestros momentos buenos y malos. Además, somos todos “defectuosos”, y no obstante Dios nos ama y actúa en nosotros, a favor nuestro y a través de nosotros, si le dejamos.

P.- ¿Qué significa este hecho para ustedes y para la Iglesia?

R.- No hemos sido los únicos. En algunos movimientos nuevos, como acaba de pasar con una congregación francesa, sus fundadores han cometido lo que podríamos llamar traiciones con su vida a los principios que proponían o predicaban.

Hay ahí un mensaje que la Iglesia y nosotros mismos tenemos que descubrir. Es un mensaje de misericordia, de humildad. Quizás también pueda ser un mensaje para un mundo en el que la figura paterna tantas veces no existe, o que está muy limitada por las fragilidades de los padres que, incluso, han hecho, a veces, mal a sus hijos. Hay que saber perdonar a estos padres y descubrir a Dios, que es el verdadero Padre; hay que aceptar la paternidad débil del hombre y sanar, con la ayuda de Dios, las heridas que nacen de ahí.

Es todo un misterio, sin querer hacer toda una teología del tema, tampoco. Por un lado, hay que captar la inspiración fundamental de los fundadores; y, por el otro, entender el mensaje que viene con el hecho de que algunos fundadores no hayan sabido vivir lo que han enseñado.

En cuanto al carisma, no hay un conflicto entre un fundador pecador y la existencia real de un carisma. Somos siempre débiles, cualquiera puede caer, aunque haya sido en un momento fiel a una inspiración. Cualquier fundador, aunque no sea un gran pecador, añade a su obra cosas de su propia cosecha, que van más allá de la inspiración divina. Es algo inevitable, porque somos seres históricos e hijos de nuestro tiempo.

Sin querer estirar demasiado la analogía, podríamos decir que pasa algo similar a lo que ocurrió con los evangelistas y demás autores humanos de los libros sagrados, que escribieron inspirados por Dios, usando todas sus facultades y talentos. Respecto a un carisma, es tarea de la Iglesia y de las generaciones posteriores discernir cuál es el núcleo de este don y cuáles son las cosas circunstanciales o accidentales, ya porque sean negativas o, simplemente, porque están demasiado ligadas a coyunturas históricas o temporales y que, por tanto, pueden cambiar.

Reacción de Francisco

P.- Cuando estalló el problema de Maciel, Benedicto XVI podría haber cerrado la congregación, pero quiso darle otra oportunidad. ¿Cómo irán las cosas con Francisco?

R.- No hemos tenido contacto directo hasta hace poco. Cuando salió todo lo del fundador, él recibió varias veces al superior de nuestra comunidad en Buenos Aires con un espíritu muy paterno y bondadoso.

Le pude saludar en la vigilia de Pentecostés. Fue una sorpresa; no lo pedí; había 40 representantes de movimientos y me invitaron a ir. Ha sido mi único contacto hasta ahora. Fue muy corto, evidentemente, y bonito. Le dije que representaba al Regnum Christi y a los Legionarios y que quería comentarle varias cosas. La primera era agradecerle la maternidad de la Iglesia, que nos había acogido y sostenido. Realmente lo siento así. Veo que el Señor está haciendo una profunda renovación de nuestras vidas. Veo muchos signos en este sentido entre mis hermanos.

También quería transmitirle nuestra entrega y nuestros dolores. Ahí me conmoví y se me cortó la voz, por lo que él me dio una palmada en el brazo diciéndome: “Adelante, no te aflojes”.

Ese fue el mensaje del vicario de Cristo para mí y para todos: hay que mirar adelante, con confianza, esperanza y un entusiasmo renovado.

P.- En los últimos años ha habido un gran número de personas que han dejado la Legión. ¿Continúa hoy la sangría?

R.- A nivel de sacerdotes estamos más estables. Algunos se han pasado al clero diocesano. Afortunadamente son pocos los que han abandonado el ministerio. Hay otros padres que están exclaustrados: algunos vuelven y otros no. Menos de 110 han dejado definitivamente la congregación; seguimos siendo 950 sacerdotes.

A nivel de seminaristas sigue habiendo una salida por goteo, que en cierto modo es natural como parte del proceso de discernimiento de quienes no tienen votos perpetuos. También afecta el factor cultural: al joven de hoy la perseverancia se le hace difícil. En todas partes, sin excluir el matrimonio, hay muchos abandonos.

Percibo que hay todavía una cierta confusión o menor seguridad vocacional en algunos, quizás porque este no es su camino, y entonces el discernimiento se hace bien; pero también hay quienes se han visto demasiado golpeados por el proceso de renovación. Tenemos que seguir haciendo una reflexión sobre nuestra promoción vocacional y la solidez de la formación para individuar mejor los motivos por los que sigue habiendo un número elevado de religiosos que dejan el camino al sacerdocio y, en cuanto esté de parte de la congregación, tratar de salirles al paso.

P.- Otro problema derivado del escándalo es la cuestión económica. Algunos territorios tienen graves problemas en este sentido. La Legión creció muy rápido en una época de boom económico. Ahora coincide la recesión con los problemas de la congregación. ¿En qué situación se encuentran? ¿Van a ceder apostolados?

R.- Por un lado está el trabajo de la comisión de economía que el cardenal De Paolis instituyó para revisar el orden administrativo y la legalidad en las operaciones. Esta comisión aún no ha concluido su trabajo pero, por lo que vamos sabiendo, no se han descubierto fraudes. La comisión va a presentar un informe final al delegado cuando haya terminado el trabajo.

Se habló de lavado de dinero, de tráfico de drogas y no sé cuántas cosas más. Se trata de leyendas negras. Luego está la salud financiera de la congregación, que sigue siendo delicada. Hay territorios, que es como nosotros llamamos a las provincias, que han crecido demasiado en estructuras, han construido muchos centros de formación.

Por otro lado, hemos abierto escuelas con un optimismo a veces excesivo. Hay territorios que cargan una deuda importante. Los mayores retos los tienen España, los Estados Unidos y Brasil; pero las soluciones están bien individuadas y se está trabajando con vigor y mucha esperanza para sanar la situación.

Hemos tomado medidas muy dolorosas pero necesarias si queríamos ser responsables en el uso de los recursos. Hemos decidido ventas importantes en varios territorios, como los Estados Unidos o España, donde el endeudamiento vino por proyectos de colegios que en su momento no se habían estudiado suficientemente desde el punto de vista financiero.

El territorio de España ha cerrado en los últimos años dos o tres colegios y está queriendo vender las propiedades, pero en España es difícil vender cualquier cosa.

P.- ¿Le duele que en este período tan difícil las cosas buenas de la congregación casi no se vean? ¿Siente como si les hubieran puesto las ‘orejas de burro’ y estuvieran marcados en su caminar en la Iglesia?

R.- Personalmente no me siento así. Por un lado, hay muchísimo apoyo a nivel eclesial: entre los superiores generales de otras congregaciones, por ejemplo, hay mucho espíritu fraterno, sostén y comprensión.

Hay muchas personas que después de la crisis nos quieren más que antes. Antes no teníamos ‘orejas de burro’, pero tal vez nos veían con orejas de lobo, y quizás nos lo ganamos a pulso por esas enfermedades de infancia de las que hablábamos hace un momento en que posiblemente nos sentíamos demasiado orgullosos de lo propio, sin vivir siempre una verdadera espiritualidad de comunión. Así nos veían algunos, pero hemos aprendido mucho en estos años.

En el ámbito eclesial esto ha cambiado mucho; he percibido también entre los obispos una nueva confianza. A nivel de las personas que se benefician de nuestras obras, sobre todo escuelas y universidades, y de los que participan en la vida y los apostolados del Regnum Christi, hay muchos muy convencidos de que aquí hay un camino auténtico, entre muchos otros de la Iglesia católica, para vivir el Evangelio y hacer presente el Reino de Cristo en el mundo y en la propia vida. Eso es lo que vemos.

Luego, a nivel mediático, es muy difícil hacer que esto penetre en la opinión pública. Debemos vivir con eso. Cualquiera que no es popular carga con esta dificultad, pero tiene una importancia relativa. A nivel personal

P.- ¿Qué relación mantenía usted con Maciel? ¿Cómo lo vivió personalmente?

R.- Yo entré al noviciado en Alemania en 1994, cuando él ya tenía 74 años. A lo largo de mis años de formación lo saludé varias veces; alguna vez comí en la misma mesa que él; otra vez estuve paseando con él y otras personas. Eso fue en los siete años que pasé en Roma. Luego él también vino a visitarnos alguna vez a Alemania. Le conocí y le traté.

En su momento, lo admiraba, lo estimaba, lo tenía como fundador y padre de la congregación, como modelo. Sentía por él un afecto filial muy sincero y profundo. Cuando me informó el entonces vicario general de lo que se había descubierto, yo era provincial de Alemania. Estaba en el primer círculo de los que éramos informados para que luego nosotros difundiéramos la noticia. Fue un choque durísimo.

P.- ¿Se creyó los rumores que circularon durante años?

R.- En el 2006, cuando el Papa intervino, yo todavía era estudiante de Teología. Entonces pensé que era una medida que la Iglesia tomaba por motivos seguramente válidos y que sabía lo que hacía. Pero yo estaba convencido de que algún día se iba a aclarar, que era todo un error.

Cuando me informaron los propios superiores de los hechos, no me quedó más remedio que creerlo y aceptar que estos hechos eran reales. Al principio sentí mucha confusión y dolor. Me pasé tres noches sin dormir. Luego pude asimilarlo rápidamente a nivel anímico. Es un proceso de luto que cada uno vive según su personalidad.

Ahora vivo serenamente con esa realidad. Aun así, siento que es algo que no hemos terminado todavía de entender suficientemente. No me refiero a la historia, a los detalles concretos de tiempos, lugares y circunstancias. No creo que eso aporte luz. Sé lo esencial y sé que el fundador no es un modelo a seguir. Sé que ha cometido pecados y hasta delitos importantes, gravísimos, que ha hecho daño a otras personas, y sé que al mismo tiempo no era un demonio, como dijo el cardenal De Paolis en la entrevista que concedió a Vida Nueva. Él no es el punto de referencia, el punto de referencia es Jesucristo, como también lo es la inspiración fundamental que el fundador recibió y buscó transmitir.

Y finalmente, como cristiano y como miembro de la congregación por él fundada, pienso que por más males que haya cometido, sigue siendo alguien a quien personalmente le debo mucho, a quien recuerdo con una mezcla de gratitud y compasión, aunque comprendo y respeto perfectamente que quien ha sufrido personalmente por él no pueda compartir estos sentimientos.

P.- ¿Le han dolido las críticas a De Paolis tanto desde dentro como desde fuera de la Legión?

R.- Valoro su trabajo muy positivamente y creo que en la Iglesia se percibe que está haciendo un muy buen trabajo. El cardenal asume su autoridad, pero no impone. Está logrando vitalizar muchas cosas positivas que hay entre nosotros. Si hubiera entrado con actitud de justiciero, diciendo que iba a cortar cabezas, hubiera sido un desastre.

Al hacer eso, solo añades heridas y no haces justicia, solo das espectáculo. Él tiene un camino que ha trazado para la renovación de la Legión y del Regnum Christi, se lo ha presentado a Benedicto XVI y a Francisco, y lo ha ido realizando involucrándonos en primera persona para que lo recorramos con él.

En el nº 2.855 de Vida Nueva.



FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-08-09


 

 


 



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