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Déjate amar por Dios
MÉXICO | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Agustín Rangel Cifuentes, L.C.

P. Agustín Rangel Cifuentes, L.C.
P. Agustín Rangel Cifuentes, L.C.

Nací el 10 de junio de 1983 en la Ciudad de México y en el seno de una familia cristiana. Mi mamá se llama Teresa y mi papá Agustín; dos nombres de grandes santos y que llegaron a influir bastante en mi vocación. Dios me concedió una hermana mayor que se llama Paulina. Ella ha sido siempre para mí un ejemplo de fortaleza y constancia.

Desde muy corta edad tuve muy claras “las metas” de mi vida: quería ser un nadador profesional y un buen médico. Por ello empecé los entrenamientos de natación a partir de los 3 años de edad y no los dejé sino hasta que ingresé al centro vocacional. La idea de conquistar grandes retos era algo que me motivaba constantemente y justificaba bien cualquier sacrificio: entrenar cuatro horas diarias de lunes a sábado, renunciar a algunos gustos, etc. Gracias a este esfuerzo llegué a ser campeón nacional por dos años y dos veces campeón estatal de natación dentro de mi categoría. A los 9 años me metí además al equipo de Triatlón del club deportivo y tuve que sacar ahora tiempo tanto para entrenarme tanto en maratón como en bicicleta. Duré tres años en este deporte tan
P. Agustín Rangel Cifuentes, L.C.
entusiasmante, sin dejar para nada la natación. Aquí también fui campeón nacional. ¡Cómo me acuerdo de esta final de triatlón a la que acudió también un grupo de niños americanos y japoneses!

Por otro lado, la formación que recibí en mi infancia se vio muy enriquecida gracias a los Hermanos de La Salle, a quien nos unía un afecto familiar ya que mi papá estuvo a punto de ser lasallista. Cursé todos mis estudios en el Colegio Cristóbal Colón. ¡Cuánto les debo a ellos pues, además de mis padres, sembraron en mi alma la semilla de la fe y del amor a Dios!

Yo estaba inmerso, por tanto, en este ambiente tan precioso y lleno de ideales. No me faltaba realmente nada: mis amigos eran excelentes y sanos, estudiaba en un buen colegio, tenía una “novia” y me veía rodeado especialmente por el cariño y el apoyo de mis padres. Sin embargo, llegó la hora de la prueba para mí y toda mi familia. La crisis económica en México de 1994 golpeó mucho a mi papá. Perdió su trabajo ese mismo año y, como consecuencia, nos quedamos sin casa y otros tantos medios. En este periodo, de 1994 a 1996, me surgió también a mí un problema de salud: la epilepsia. Nos sorprendió a todos pues no es que fuera una enfermedad hereditaria ni se había mostrado antecedente alguno. ¿Por qué aparecía ahora, justo en el momento más difícil para nuestra familia? Sólo Dios lo sabe

El primer ataque epiléptico me puso al borde de la muerte. Me ocurrió en la piscina en uno de mis entrenamientos. Eran ya las 7:30 p.m. y estábamos dando la última vuelta, cuando de repente me desconecté de la realidad y me fui inconsciente al fondo de la piscina. Yo no recuerdo nada de lo sucedido... Quien iba nadando a mi lado me contó después que siguió adelante, pensando que yo estaba engañando al profesor; pero cuando vio que no salía me sacó de la piscina, justo a tiempo… Desperté de aquel evento viendo en torno a mi mamá, hermana y amigos de natación. Estaba en la enfermería. “¿Qué pasó? ¿Qué hago aquí?”, pregunté. Me explicaron todo y arguyeron que se debía a un cansancio acumulado. Por ello, por indicación del profesor tomé un mes de reposo. Al cabo del mes me sucedió otro ataque en la piscina.

En medio de todos estos avatares personales y familiares Dios quiso venir a tocar la puerta de mi vida el año 1996. ¡Qué cosas…! Uno podría volver preguntarse: ¿Por qué ahora, en estos momentos en los que todo no va tan bien y en paz tanto conmigo como con mi familia? Yo no sé, de verdad, cómo pude aceptar la invitación de ir a la escuela apostólica ese año. Yo no sé también cómo me dejó ir mi familia, encontrándose en problemas. Pero Dios sí lo sabe y Dios fue quien movió el corazón de mis padres y el mío para creer y confiar en sus planes…

Este año conocí por primera vez a la Legión de Cristo. Dos legionarios vinieron al colegio para invitarnos a una convivencia vocacional. Yo me imaginaba tiendas de campaña, fogatadas, etc. y accedí a la invitación sin pensarlo mucho. Mi mamá, acostumbrada también a los retiros con los lasallistas, no puso ningún obstáculo. ¡Cuál fue pues mi sorpresa cuando vi que no había tiendas de campaña, ni fogatadas, sino un centro lleno de niños vestidos de rojo y azul que querían ser sacerdotes…!

¡¡¿Sacerdote?!! La idea o inquietud del sacerdocio no se me había pasado jamás por la mente... Al contrario, bromeábamos con mi hermana apostando que ella sería monja pero conmigo no se llegaba a tal imaginación. No es que fuera un relajo pero sí algo inquieto y ya tenía las cosas bien fijas desde pequeño. Decidí, sin embargo, quedarme en la apostólica pero sólo por un año… Mi única intención sería aprovechar los medios formativos que se ofrecían. Así llegué por tanto al centro vocacional del Ajusco, con miras más bien egoístas. Dejamos incluso abierta la inscripción con los lasallistas, en caso no continuase en la apostólica. El director de mi colegio me ofreció hasta media beca sólo para que no fuera con los legionarios, pero no la aceptamos. Esto lo hizo enojar a él bastante…

Recibí el uniforme de apostólico el año 1996 y comencé entonces el año escolar. Como dije antes, Dios sí sabía por qué y cómo estaba haciendo las cosas… Él, a pesar mío, me quiso llamar a esta vocación legionaria que no sabía que tendría además la insignia de “cofundador”.  A mí me animó mucho esta realidad y fue un motivo bastante fuerte para seguir adelante en la Legión; pues yo quería hacer algo grande con mi vida y aquí se estaba fraguando toda una obra de Dios en el seno de la Iglesia. La llamada de Dios fue madurando más y más; por eso, al final de mi primer año le pedí a mi mamá que cancelara ya la inscripción en el Colegio Cristóbal Colón porque ahora sí quería seguir a Cristo en el sacerdocio, ya no por meros intereses personales…

Pasé al noviciado el año 1999 y me quedé los dos años en Monterrey. El día de la recepción del uniforme fue grandioso. Yo no cabía en mi alegría porque por fin iba a poder vestir la sotana legionaria. ¡Claro que ya me sentía plenamente “legionario”, aunque vistiera de rojo o azul, pero es que ahora sí llevaba el verdadero uniforme de batalla! Durante el noviciado nos tocó a todos una gracia muy particular, aunque dolorosa. Me refiero a la muerte de nuestro querido H. Felipe de Jesús Ramírez Muñoz, LC. († 22 de agosto de 2000). El H. Felipe fue compañero mío desde que entré en la apostólica y estuvimos siempre juntos hasta el día en que falleció. Desde que lo conocí me edificó mucho su ejemplo de alegría, de fuerza de voluntad, de fervor y amor por su vocación, etc. ¡Ninguno se hubiera podido imaginar que él nos ganaría en entrar al cielo…!

Al acabar el noviciado emití mi profesión temporal el año 2001 y a las pocas semanas estaba viajando a Salamanca, España, para iniciar mi periodo de humanidades. Tras dos años de intensos estudios humanísticos llegó el paso a Roma, algo que causaba en mí toda una expectativa. Había escuchado hablar tanto del Centro de Estudios, de la cercanía del Papa y de tantos eclesiásticos que ya me estaba recreando las escenas… Me tocó la fortuna de pertenecer a la sección A y de tener al P. Álvaro Corcuera, LC como mi superior en diálogo de formación por dos años. Estos dos primeros años en Roma constituyeron un periodo en el que Dios me regaló muchas consolaciones interiores y exteriores. Me tocó, por ejemplo, acolitar a Juan Pablo II en la Vigilia Pascual del 2004 y estuve presente en los últimos momentos de su vida. Presencié igualmente la elección de Benedicto XVI a la sede de Pedro y la elección del P. Álvaro Corcuera, como director general de la Legión. ¡Qué momentos tan inolvidables…!

Las prácticas apostólicas las hice en Salamanca, España, como asistente de humanistas. Había llegado de Roma con un “baúl” de gracias personales y con un corazón ansioso de darse a los demás sin medida. Se había grabado igualmente en mi alma la consciencia de que la “Legión está en mis manos… como cofundador” y yo quería, aunque fuera pobremente, hacer grande y santa esta Legión. Esta actitud se mantuvo, gracias a Dios, hasta el final de mis prácticas y busqué ser en todo un auténtico padre, hermano y amigo para mis hermanos. Al inicio de mi tercer año de prácticas me escapé dos semanas a Roma para profesar mis votos perpetuos. El P. Álvaro me invitó a ir allá para recibir el 7 de octubre del 2007 mi consagración a Dios para toda la vida. Este viaje fue increíble, lleno de emociones y gracias.

El año 2008 recibí carta para volver a Roma, comenzar mi licencia en filosofía y ayudar al P. Álvaro en la secretaría general. Apoyé sólo por un año en esta labor ya que al año siguiente me destinaron como asistente de filósofos en el Centro de Estudios. Sin embargo, Dios tenía otros planes y quería “probar al fuego” a su elegido…

¿A qué me refiero? Dios, como mencioné al inicio, me quiso regalar una cruz muy particular con la epilepsia. Pues bien, esta enfermedad reapareció el 21 de diciembre del 2009 por diversos motivos o descuidos y me han pasado varios ataques epilépticos hasta el día de hoy. Gracias a Dios estos ya van disminuyendo bastante. Esta pequeña cruz me ha sido muy provechosa en mi vocación y en mi vida espiritual ya que me ha llevado a un mayor abandono en las manos de Dios. Me ha hecho comprender también que Él es quien me ha llamado y que Él quiere servirse de mí por medio de esta debilidad y flaqueza. La misión no viene determinada por mí sino sólo por su Infinita Sabiduría. Sólo he de DEJARME AMAR por Él…

Con esta consciencia recibí pues la tan esperada ordenación diaconal el 29 de junio del presente año. Le pido a Dios la gracia de ser un auténtico homo Dei entre los hombres y ser siempre un instrumento dócil en sus manos. Laus Deo…!


El P. Agustín Rangel Cifuentes, L.C., nació el 10 de junio de 1983 en la Ciudad de México. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey en 1999. Emitió su primera profesión el año 2001 y la profesión perpetua el año 2007. Estudió Humanidades Clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Fue miembro del equipo de formadores del Centro de Estudios Superiores de Roma y del Centro de Humanidades y Ciencias de Salamanca, España. Actualmente colabora como auxiliar de la Secretaría General y estudia la licencia en teología espiritual.



FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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