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Antes de haberte formado te conocía
ITALIA | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Alberto Carrara, L.C.

P. Alberto Carrara, L.C.
P. Alberto Carrara, L.C.

Mi historia vocacional empieza ya cuando yo todavía no era ni siquiera un pequeño embrión, así es: mi mamá Mariagrazia, después de 8 años de matrimonio con mi padre Luciano, tras no lograr tener un hijo, se encomendó a la Virgen María y, sin darse cuenta, le prometió que si tuviera un hijo se lo consagraría a ella. Bueno, después de muchos años, cuando ingresé a la Legión, supe de esta anécdota que comprueba, una vez más, que la Virgen cumple en todo y nos toma la palabra.

En mi recorrido formativo en la Legión, siempre me ha acompañado un versículo de Jeremías que dice así: “Antes de haberte formado en el vientre, te conocía; antes que nacieses, te había consagrado profeta; te tenía destinado a las naciones” (Jr 1,5). Siempre fue claro en mi vida que Dios me precedía, que Él era el dueño de todo mí ser y obrar.

23 AÑOS DE CIENCIA “DURA”

Nací  el 7 de diciembre de 1980 en una antigua ciudad italiana en el norte, cerca de Venecia, en la ciudad del gran San Antonio, del Padre Leopoldo Mandic, de San Prosdocimo y de muchos otros grandes testigos de la catolicidad. En Padua viví los primeros 23
P. Alberto Carrara, L.C.
P. Alberto Carrara, L.C.
años de mi vida, muy feliz. Dios me concedió una familia unida, católica, unos padres que acaban de cumplir sus 40 años de casados justo en este año 2013 de mi ordenación diaconal y presbiteral.

Los primeros 23 años de mi vida se pueden resumir así: “apasionado de la ciencia empírica”. Así es: desde cuando tenía 6 años, empezó mi fascinación por el mundo de la biología, de la química, del microcosmos, etc. Mi tío, un gran investigador y profesor en la Universidad de Padua, me iba introduciendo poco a poco, primero con jueguitos y después con cosas más serias, en este mundo de la investigación científica. Así que a los 14 años decidí inscribirme en el Instituto Europeo “Pietro Scalcerle” en el curso de “técnico de laboratorio químico-biológico” y en 1999 saqué a plenos títulos (100/100) mi diploma. Tras haber logrado entrar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Padua, cursé la carrera de Biotecnología médica y defendí mi tesis experimental sobre la oncogénesis viral humana (recibí el titulo de Doctor con 110/110 y lode) el 30 de noviembre de 2004, justo pocos días antes de empezar mi noviciado en la Legión de Cristo.

Una carrera científica bien estructurada y, ¿qué pasó? ¿Por qué dejarlo todo y meterse en un seminario? ¿Más todavía, por qué con los legionarios de Cristo?

ENCONTRAR LO QUE SE ANHELABA DE TODA LA VIDA

Cuando por primera vez mi párroco, don Gianni Salmaso, que en paz descansa, me presentó un legionario de Cristo, el Padre Nivardo Quezada, L.C., al final de 2001, mi primera reacción fue la de reírme en la cara del pobre Padre; pensaba en los antiguos soldados romanos, pero no encontraba nada de escudo, etc. en este sacerdote mexicano. Pero algo me atrajo enseguida. ¿Qué era?

Si lo tuviera que describir no podría, sé que todo en la forma de ser y actuar del Padre Nivardo, me hablaba de algo que en el profundo del corazón siempre había buscado: conocer personalmente a Cristo, vivo en mi vida. Así fue. Tras incorporarme al Movimiento Regnum Christi el 28 de abril de 2002 (junto con mi hermano Riccardo, hoy en día miembro de segundo grado y representante territorial del Movimiento), tras participar en la Jornada Mundial de la Juventud con el beato Juan Pablo II en Toronto (Canadá) y tras participar en unas misiones de verano en México, el Señor Jesús obró el gran milagro de mi vida: ya la gracia era la prioridad en mi existencia. Empezaba algo nuevo que me donaba una gran paz y una alegría indescriptible. En la Jornada Mundial de la Juventud de 2002 sentí por primera vez en mi corazón el llamado de Cristo a seguir de una manera total y radical, aunque todavía de manera confusa, Su voluntad que me invitaba a dejarlo todo para ser instrumento de su misericordia, de su amor, de su ternura entre los hombres. Todo un castillo de cartas construido hasta el momento se derrumbó delante de mis ojos. Empezaron los momentos difíciles, duros, de batalla entre una voluntad que no venía de mí y mi falta de generosidad, mis planes y proyectos, mis sueños. La dirección espiritual fue el medio que me salvó de muchos líos.

Cuando se encuentra a Cristo en la vida no se puede permanecer igual, algo cambia, todo cambia. Muchos amigos me preguntaban porqué legionario de Cristo. Yo siempre lo tuve claro: recibí el llamado de Jesús en el Movimiento Regnum Christi, es decir, en una realidad muy concreta en la Iglesia. Entonces no necesitaba cuestionarme más, ni ir en búsqueda de miles carismas o realidades diocesanas o religiosas. Dios me llamó desde el principio a ser legionario. Así lo vi, así fue siempre de claro en mi vida.

EL REGNUM CHRISTI, UNA GRAN FAMILIA

Después de haber fundado el Movimiento en Padua, junto con el Padre Nivardo y otros dos muchachos (mi hermano Riccardo y el H. Stefano Panizzolo, L.C.), me dediqué por dos años, además de mis estudios en la Universidad, a las múltiples actividades del Reino: empezar los primeros apostolados y, sobre todo, a meditar y discernir el llamado recibido. El P. Nivardo me acompañó y le debo tanto como Padre espiritual y como gran testigo y modelo del carisma legionario. Él nunca me dijo que tenía vocación. Al revés, siempre me ponía preguntas, con gran tacto y sabiduría. Así que llegó el momento de tomar una decisión: era la navidad de 2003 y fui a visitar el noviciado de Gozzano. El verano del año 2004 hice el candidatado, pero, dado que estaba trabajando para terminar mi tesis experimental en la Facultad de Medicina, recibí el permiso de quedarme como candidato hasta defender la tesis. El 30 de noviembre la defendí y el 3 de diciembre ya me encontraba en el centro de noviciado de Gozzano. Tomé el uniforme legionario la víspera de la fiesta de nuestra Señora de Guadalupe, el día 11 de diciembre y empecé con mucho ánimo mi noviciado.
 
Dios siguió bendiciéndome: en mi primer año de noviciado, mi mamá se incorporó al Movimiento y, al final de mi segundo año, tocó a mi papá. Así que toda la familia fue llamada a este carisma tan peculiar.

MI FORMACIÓN LEGIONARIA

Después de dos años de noviciado en Gozzano (Italia), emití mi primera profesión religiosa en el año 2006 y me fui a estudiar Humanidades en el centro de Cheshire en Connecticut (Estados Unidos). Terminado este periodo, en el verano del 2007 regresé a Roma, en el Centro de Estudios Superiores en el cual desde entonces me encuentro. Estudié filosofía, terminé el bachillerato en 2009, me pidieron sacar la licencia de forma intensiva, es decir en un año. No salí de prácticas apostólicas pero empecé a colaborar, desde el 2011, como profesor invitado en la facultad de Filosofía del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. En 2010 empecé el bachillerato en Teología que acabo de terminar en este año 2013. A partir del próximo año empezaré el doctorado en Antropología filosófica e iré implementando mi colaboración con la facultad de Filosofía.

MI ESPECIALIZACIÓN EN NEUROÉTICA

A partir del 2009, después de un viaje a Oxford (Inglaterra) junto con Alberto García, miembro consagrado del Regnum Christi y el P. Joseph Tham, L.C., entré a formar parte del recién nacido Grupo de Investigación en Neurobioética promovido por el Ateneo Regina Apostolorum y por la Cátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos, el cuyo director es el mismo Alberto García.
 
En estos años pude colaborar con el Máster en Ciencia y Fe, con la Facultad de Bioética y pude profundizar muchísimo en la neurociencia. Participé en numerosos congresos, sea como oyente, sea como relator. Empecé a escribir artículos y desde el 2011 soy director del blog Neuroética y Neurociencias (http://acarrara.blogspot.com).

LA GRACIA DE LA ORDENACIÓN DIACONAL

Un versículo del Antiguo Testamento me acompaño en estos años de formación en vista del sacerdocio legionario: “Hijos míos, no seáis ahora negligentes; porque Yahvé os ha elegido a vosotros para que estéis en su presencia y le sirváis para ser sus ministros y para quemarle incienso” (2Cro 29,11). La certeza de sentirse elegido por Dios es un don grande, muy peculiar que agradezco infinitamente. Fue este impulso interior del Espíritu Santo que me ayudó en las diversas etapas de vida en la Legión y que me permitió perseverar hasta el día de hoy y afrontar con espíritu de fe todo lo que en estos últimos años tuvimos que pasar como familia religiosa y carismática. No fue fácil, como dice una canción mariana, cargar la cruz que Dios permitió en la Legión y en la vida de cada legionario y miembro del Movimiento. Pero se pudo y se puede, porque la gracia de Dios es muchísimo más poderosa que cualquier mal.

El 29 de junio, en la capilla del Centro de Estudios Superiores de la Legión en Roma, tuve la dicha de recibir por las manos de Monseñor Renato Boccardo, Arzobispo de Spoleto-Norcia, la ordenación diaconal, junto con otros 22 compañeros. Qué gracia especial y qué responsabilidad el ser ministro de Cristo, configurado a manifestar su rostro al mundo entero, a las almas.

DIOS SIEMPRE SORPRENDE EN GENEROSIDAD

Después de la ordenación visité mi ciudad, Padua. Allí pude todos los días, dar homilías, repartir la comunión, pude bendecir en nombre de Cristo a personas, etc. A mi regreso en Roma, me tocó bautizar un niño en la parroquia del Corpus Domini, una experiencia inolvidable. Dios se pasa. Dios recompensa muchísimo más de nuestras pequeñas expectativas todo lo que nosotros podamos hacer por Él y por la causa del Reino.

Cómo no terminar agradeciendo a mis padres por tantos dones recibidos por ellos. A mi hermano Riccardo por su testimonio de generosidad. A tantos amigos y familiares, a todos mis formadores y superiores, a todos mis hermanos en la Legión y en el Movimiento, gracias a los cuales hoy estoy donde estoy y soy lo que soy.

Una nueva primavera está empezando en la Legión y en el Movimiento y nosotros, nuevos diáconos y sacerdotes legionarios, con la gracia de Dios, queremos aportar mucho para que este carisma brille todavía más para el bien de muchas almas y por la fecundidad de la Iglesia.


El P. Alberto Carrara, L.C., nació el 7 de diciembre de 1980 en la ciudad de Padua, Italia. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Novara, Italia, en 2004. Emitió su primera profesión el año 2006 y la profesión perpetua el año 2012. Estudió Humanidades Clásicas en Cheshire, Connecticut, Estados Unidos. Es diplomado técnico de laboratorio químico-biológico por el Instituto Europeo “Pietro Scalcerle”, doctor en biotecnología médica por la Universidad de Padua, licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Desde el 2009 es miembro del Grupo de Investigación en Neurobioética promovido por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y la Cátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos. Actualmente colabora como profesor asistente en la facultad de filosofía del Ateneo Regina Apostolorum y estudia el doctorado en antropología filosófica.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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