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¡Todo es gracia!
FRANCIA | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. François Garreau, L.C.

P. François Garreau, L.C.
P. François Garreau, L.C.

No es nada fácil tener que contar la historia de la propia vocación. Pregunten a sus papás cómo  se han encontrado y cómo se han enamorado. Les podrán decir miles de cosas, pero las palabras no serán nada en comparación con lo que han experimentado en aquél momento. Si bien las palabras son traidoras, también es verdad que hablar, contar, escribir es uno de los actos más hermosos que el hombre puede hacer. Así que no hay otra forma que resignarse y confiar a unos insignificantes caracteres algo tan sublime como un encuentro humano.

Aún me faltan muchos años para poder escribir mi historia vocacional. Para saber la verdad sobre la historia de mi vocación tendrán que esperar hasta mi muerte. Lo que hace la historia son los actos, no los deseos o las impresiones, que hoy son y que mañana serán diferentes. Si bien todos queremos ser fieles a Dios, pocos lo somos de verdad en el día a día. Por esto, lo que voy a contar desde que sentí la llamada de Dios es algo muy subjetivo: serán como impresiones, pensamientos, deseos, sin pretender más.

Nací en una familia que no tiene comparación, y hasta el día de hoy pregunto
P. François Garreau, L.C.
a Dios por qué me dio tan gran regalo. Cuando llegué, encontré cuatro hermanas. Después de mí, mis papás, con el acuerdo de todos, decidieron adoptar una niña, tan pequeña, tan linda, que parecía bajar del cielo. Y hasta el momento sigue siendo un pedazo de cielo en la tierra. Ha sido una decisión muy valiente, pues ella, al tener el síndrome de Down bastante pronunciado, mis papás se comprometieron a cuidarla por siempre. Y así lo han hecho hasta el momento. Pero, por si fuera poco, después de un par de años decidieron adoptar otro niño, esta vez con otra enfermedad, más bien de tipo físico, aunque también sicológico. El amor tiene recursos fuera de toda medida humana.

En este contexto, puedo afirmar que he visto el amor, y esperémoslo, lo he aprendido, no en los libros, en la poesía o en las películas, sino con el ejemplo diario de mis papás. En casa, tal vez no se hablaba mucho, pero se amaba con los actos. De esta forma, la fe no fue algo extraño, teórico o sentimental. La fe era el amor que se vivía en casa. Muchas cosas de la vida no se aprenden, sino simplemente se experimentan. Por esto, mi experiencia de vida en mi familia fue esta: «¿Por qué quedarte con algo? ¡Dalo todo!»

Cuando Dios empezó a tocar la puerta de mi corazón, no había barrera alguna. Encontró un niño que no ponía resistencia exterior o interior. A los ocho años (creo que este es el momento de la llamada, aunque no hay ningún momento preciso), empecé a mirar mucho a los sacerdotes. Casi todos eran ancianos, pero uno concretamente, que tenía los pelos blancos y brillosos, seguía siendo joven, muy joven, como un niño, tal como Jesús nos quiere. No tenía la menor idea de lo que hacía un sacerdote, ni qué es lo que implicaba, ni como se llegaba a serlo. Lo único que recuerdo es que eran felices.

Exteriormente, hasta los trece años, nada cambió. Seguía siendo de los últimos en la escuela; prefería quedarme en casa para trabajar con mi papá que ir a jugar con los amigos y era más tímido que expansivo. Sí, las intuiciones de mis ocho años fueron verdaderas, lo puedo asegurar. Sin embargo, con el tiempo, estas impresiones se fueron diluyendo, hasta que un día saltó de nuevo una chispa. Unos legionarios de Cristo me propusieron junto con unos amigos de la ciudad, a pasar un verano entero en Valencia, España, en el centro vocacional que tenían en esa ciudad. Ingresé al centro vocacional junto con otro amigo, pensando que sería un buen lugar para caminar hacia una posible vocación. Después de un año en España, regresé a Francia para la fundación del centro vocacional cerca de París. Durante cuatro años, sentí cada vez más fuerte la llamada de Dios.

No puedo esconder aquí lo difícil que fue para mi familia tenerme tan lejos. Si yo tenía los medios para aguantar la separación, ellos no la tuvieron. Jamás podré saber lo que han experimentado y sentido. Quiero pensar que Dios estuvo detrás de todo esto y que los acompañaba con su presencia. Quiero esperar que los haya recompensado de alguna forma.

Terminados los estudios, decidí ingresar al noviciado. Lo que me atrajo a la Legión, además de la vida fraterna y alegre, fue el empuje apostólico. Sabía que la formación sería larga, pero sentí que Dios estaría conmigo. Dios da las gracias poco a poco, sin anticipar o dejar que tomemos reservas para el futuro. A cada etapa después de mi ingreso, me supo conducir por caminos de confianza. Muchos programas, muchos proyectos, que al final fueron para Él como castillos de carta: el Espíritu Santo soplaba y todo caía. Quedaba el esfuerzo y la búsqueda. Si me detengo a hacer una lista de las gracias de estos años de formación seré muy injusto: las gracias son, las más de la veces, invisibles y sin efecto exterior palpable. Por esto el salmista dice: «¿Cómo podré devolver al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando Su Nombre»

Esto es lo que me gustaría poder hacer todos los días que Dios me quiera dar: cada día, elevar a Dios la Copa que trae la Salvación. El poder hacerlo, me viene del don del sacerdocio. El poder realizarlo, día tras día, es también una gracia que viene dada en la medida del “sí” que viene dado.

Me gustaría terminar con estos versos de Antonio Machado: «¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero...». No quiero pensar en el futuro. Quiero sentir el suelo que ahora piso; mirar los rostros que vislumbro hoy en la calle; escuchar los corazones que laten a mí alrededor. Voy cantando, gracias a la fe cristiana que me lleva a puerto seguro. Esto le pido a Dios: que su gracia jamás se aleje de mí, para que siga cantando y animando quién se encuentre conmigo en el camino. Viajero soy, hasta que lo quiera el Señor.


El P. François Garreau, L.C., nació el 28 de diciembre de 1982 en Mayenne, Francia. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Gozzano, Novara, Italia, el 9 de septiembre de 2000, para trasladarse después al noviciado de Salamanca, España. Emitió su primera profesión religiosa en 2002 y la profesión perpetua en 2008. Estudio Humanidades Clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral juvenil y vocacional en las ciudades de Lille y Rennes (Francia). Actualmente colabora con la pastoral juvenil en la ciudad de Bordeaux, Francia.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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